lunes, 9 de diciembre de 2024

El silencio de mi

El silencio

¿Es una condición necesaria para seguir avanzando o una técnica para dejar que el tiempo pase sin tocarme? Tengo mis dudas.

¿Se llega al silencio de manera innata o se alcanza después de experimentar repetidamente con «el intento»?

Claro que tendría que explicar qué significa eso del intento. Pero antes debería saber a quién me dirijo; es decir, quién me lee o me leerá.

Por hoy voy a prescindir de saber esto último. ¿Puedo decir que hay «gente» que nace con cierta predisposición al silencio? ¿O es solo una imaginación mía?

El silencio, afirmo, puede hacer que el yo florezca, siempre que sea un silencio nacido del cese del deseo de enriquecerse.

Pero si la mente global —porque hay muchas mentes, sí, aunque aquí me refiero al concepto de «mente» como el ordenador que maneja nuestro yo soy, y no al yo-personaje, que es el yo estoy y que está gobernado por una mente particular a la que llamamos personalidad— todavía no ha cambiado de forma, no ha metanoizado, todo lo que creemos saber se depositará en un recipiente rígido, previamente formateado e incapaz de cambiar. La mente continuará haciendo las mismas cosas y, por tanto, seguirá dando vueltas a la noria.

Meditar, para mí, es propiciar el silencio de los procesos mentales. Es detener el flujo mecánico del pensamiento para que, en el silencio, podamos oír lo que tiene que decirnos el yo soy, a menudo ahogado por el torrente de información en el que vivimos.

No es fácil aquietar las aguas del estanque mental hasta que se vuelvan transparentes y nos permitan ver a través de ellas.

Pero sin intento no hay avance.

miércoles, 2 de octubre de 2024

La amante silenciosa

 



Ya te dije que sé que no esperas nada de mi (aunque no estoy seguro de si te lo dije así o solo pensé que te lo quería decir), así que seguiré amándote en la soledad de mis recuerdos, buscando los colores que el tinte del tiempo ha ido apagando para volverlos vivos al pensarlos.  

Solo queda el recuerdo. Eso creo… pero está ahí, vivo.


El recuerdo tiene sombras en las que cobijar mis fracasos.  Pero las sombras tienen relieves que mis manos acarician pensando en tus formas. 


Me gustaría decirte: dime donde piensas y habitaré en la memoria de tu recuerdo.


Una vez te quise decir, pero no me atreví a hacerlo: te amaré mientras pueda, viviré en ti mientras tenga deseo y solo te olvidaré cuando ya no recuerde el color de tus ojos.  


Ahora solo queda el recuerdo. Todavía. 


jueves, 12 de septiembre de 2024

La isla de la mujer dormida




La trama


El protagonista es un marino  mercante al cual la guerra civil española lo pilla en el Ferrol. Es movilizado y entra a formar parte de la marina de guerra del bando franquista. Debido a una serie de circunstancias es destinado a una misión secreta en el Mediterráneo, que tiene como objetivo destruir las líneas de abastecimiento navales que unen los puertos rusos en el mar Negro, con los puertos republicanos del Mediterráneo.  La operación, que tiene por objeto hundir barcos, se llevará a cabo desde una pequeña base situada en una isla en medio del archipiélago de las Cícladas, en el mar Egeo.  La isla de la que estamos hablando es la que da título a la novela.


A partir del momento en que se nos presenta la situación del marino reconvertido en corsario, o mejor pirata, pues ha de navegar sin reconocimiento oficial, se abren tres escenarios de la novela.


Por un lado lo que sucede en Estambul, entre el espía republicano y el espía franquista, que intentarán intervenir en el desarrollo de los naufragios en uno y otro sentido . Dos personajes que son amigos y que las circunstancias de la guerra  ha puesto en bandos contrarios. 


Por otro lado, lo que sucede en la isla de la mujer dormida, que es propiedad de un noble griego que vive retirado en la isla  junto a su excéntrica mujer rusa, con la cual tiene una relación poco ortodoxa por no decir anómala, y la decadencia moral en la que el barón transita dentro de su matrimonio.  La relación del barón con el marino tiene momentos álgidos y resulta interesante. La relación de la mujer con el marino es la trama amorosa-sexual de la novela y desde mi punto de vista deja bastantes flecos sin respuesta, aunque esté bien narrada.  


Y finalmente, los avatares propios de la misión, en la que nuestro protagonista se verá convertido en capitán de una lancha torpedera alemana que la Alemania nazi ha cedido al bando franquista de tapado. Las aventuras Y desventuras de la tripulación con su capitán están bien estructuradas y se hacen querer.  


Los tres desarrollos serán convergentes en un final bastante previsible aunque no exento de épica.



Mi critica  


Me ha gustado, como casi todo lo que escribe PR.  Si tuviera que poner pegas seria sobre algo frecuente en su forma de escribir.  Creo que es exageradamente cuidadoso introduciendo “cultismos” tangencialmente, de forma que no sea demasiado evidente la petulancia.  Algunos de sus personajes, concretamente el barón dueño de la isla, no necesita que se le adorne con determinadas lecturas y citas.  Es presumir simple y llanamente.  No siendo necesario, en mi opinión, ni para la trama ni para que entendamos sus actos.  

Son magnificas algunas descripciones de atardeceres o de amaneceres en el mar.  En eso si creo que tiene un fantástico legado (que usa en muchas de sus obras) seguramente facilitado por su afición a navegar.  


El desarrollo amoroso de la trama es bastante cogido por los pelos, pero vale como entretenimiento.  Me sobran todas las referencias a la vida anterior del barón y su mujer (de la que repite al menos dos veces que tiene pies de puta turca…), ya que sin tanta repetición de los antecedentes también se entiende lo que sucede.  O, mejor dicho, lo que ha ido sucediendo en la relación marital a lo largo del tiempo.  


El carácter del personaje principal está muy bien definido.  Cae simpático y tiene garra.  La mujer del barón no está tan bien tratada y algunas cosas son prescindibles como por ejemplo el tema de la cocaína inyectada, que es un simple adjetivo sin importancia y nada cambiaria si se lo hubiera ahorrado.   

lunes, 3 de junio de 2024

El coreano o la insoportable pesadez del ser




El coreano o la insoportable pesadez del ser

(a propósito del libro "NO COSAS" de Byung-Chul Han)



No tengo nivel, ni es mi pretensión hacer una crítica sería al coreano-alemán objeto de vuestra admiración.  Pero si puedo daros mi versión de lo que he sentido, y después reflexionado, cuando he acabado de digerir, con algún Almax, ese “NO-COSAS” que tanto –parece–, os ha gustado.  


De forma previa diré, algo obvio –pero no tanto–, que conviene recordar.  Hay un tiempo para arar, uno para sembrar y otro para cosechar.  


Arar, es árido, arduo, duro y tiene un costo, un desgaste, por tanto, conviene saber que es mejor afrontar este tiempo en la juventud.  Después se siembra, si es que tenemos algo que sembrar. Generalmente sí. Pero no siempre.  Y finalmente se cosecha, lo cual depende de lo que se ha sembrado, de cómo se ha sembrado y de qué casualidades han hecho que las semillas que tú pusiste en un lugar germinen allí o un poco más allá del camino.  El azar tiene un papel.  Aunque muchos defenderán que el azar no existe.  Ese es su problema. El mío no.  


Una vez dicho esto intentaré explicar por qué lo he dicho.  Bien, a mi juicio, equivocar los tempos es algo común.  Nadie está exento de este desliz.  Pero hemos de saber reconocerlo.  A veces si el ego es muy abultado no se puede.  Pero eso es otra cuestión.  


Arar, en el significado que yo le he dado, es preparar el Relato.  Estudiar, para finalmente adoptar una welstanschauung personal, traducido del alemán, es la forma de concebir el mundo, o sea, qué cosmovisión adoptar para participar de lo humano, por tanto, de lo social o comunitario, pues somos por este orden:  seres naturales (inscritos genéticamente en la escala de la naturaleza), seres sociales (inscritos en la escala de la dimensión humana) y seres trascendentes (por nuestra pulsión a buscar la verdad que se oculta tras el velo de la muerte).  Pero no seremos nada, ni completos, ni incompletos, si no nos proponemos para ser partícipes de estos tres niveles.  


Naturaleza, lo que nos hace trabajar en pro de ella y respetarla… 

Humanidad, lo que nos hace partícipes, e implicados  en lo social o comunitario…

Espiritualidad, lo que nos hace aspirar a la trascendencia en el formato que hemos elegido, sea por cultura cercana o por adhesión a otra,  aunque sea lejana…


Pero el tiempo de arar es limitado… no me imagino a un jubilado todavía buscando el significado a su existencia… creo que si esto ocurre es una alteración notable al discurrir de una vida.  La madurez es la época en la que sembramos… aquellos que pueden.  Y la vejez es la época en la que cosechamos… 


Bien, bien, dicho lo previo vayamos al coreano.  A mí me parece que el coreano se la sabe muy larga y le gusta publicar o sea ganar pasta.    El panfleto de las NO-COSAS podría resumirse en pocas frases.  Por otro lado, nada sorprendente, pues todos hemos pensado alguna vez lo mismo.  Lo que pasa es que él lo adorna con ese lenguaje erudito que se oculta tras el academicismo.   O sea, bajo el prestigio de ser considerado quien es.  Y de tener un gran bagaje de lectura y estudio. Es su oficio.  Y seguro que su prestigio lo aró cuando debía. Y ahora cosecha… no como otros que se gastan la pasta en el coreano pensando que con ello aumentaran su acervo… aclaro que yo me la gasté (la pasta) solo por curiosidad.  


Está claro que el discurso está relleno a tope de referencias a autores, o sea filósofos previos, que usa de continuo para reafirmar sus tesis… Tesis que, por otro lado, nadie discute, pero que quedan muy bien si se acompañan de citas… es pensar sobre el pensamiento de otros, algo que se le da muy bien a la gente que cuando habla de algo siempre acaba refiriéndose a lo que ha leído en una u otra ocasión.  Citando a los autores leídos como coletilla que se exhibe a modo de trofeo y marcador de terreno como los canes cuando delimitan su territorio levantando la patita.    Estoy convencido de que, a partir de cierta edad, quien necesita de este recurso es que busca un reconocimiento que de joven no tuvo.   


A ver no estoy diciendo que la digitalización del mundo relacional no haya ocupado el lugar de las cosas-cosas.  Sería negar una evidencia.  Pero ¿a estas alturas quién lo duda o lo niega?   Por tanto, de que va?  Pues va, a mi juicio, de lucir su discurso, de “epater a les bourgeois” que no sé si está bien escrito o no.   La redundancia, hablando de los smartphones, de la smarthome, de las selfis, etc., es del todo tan evidente e innecesaria desde la página 3… que no acabo de entender a quien va dirigido, pues si es a quien tiene nivel lector para pasar de la página 3, le sobra, pero al que no tiene nivel,  ni le roza… Pero  el colmo  de lo desmesurado es lo que se suelta en la última entrada con el gramófono dels collons… cuando lo leí el estómago dijo basta y me tomé un Almax… 


En definitiva, que cada vez aprecio más el silencio.


Y la levedad.  No la pesadez del conocimiento, la erudición y la cita…


Lo que me recuerda que un día, allá por los 80 y pico, leí la insoportable levedad del ser (M Kundera). Estaba entonces en la fase de arar.   Me motivó, me dio instrumentos para afrontar el dilema amor-raíces (familia) versus amor-desarraigo (bohemia).  Y dije que me gustó.  Pero 20 años más tarde lo volví a leer (cosa que recomiendo) y me pareció una obviedad, un aburrimiento, en fin una lectura superada o innecesaria, no de forma absoluta (lo tuve que reflexionar) sino relativa.    En la cual reconocía unos valores, pero unos valores para una lectura joven, para una lectura con 20-40 años, no para quien estaba ya en la edad de sembrar… este pensamiento (cosa que es evidente que una IA no haría:  no hace falta que el coreano dels c… nos lo diga) me llevó al momento presente en el que todavía hay quien cree que tiene 30 años… y sigue arando…  


El silencio es lo único que puede hacer que el yo florezca.  


Un silencio fruto del cese del deseo de enriquecerse.


Pero si la mente global (por qué hay muchas mentes, sí, pero yo me refiero al concepto “mente” como el ordenador que maneja nuestro yo soy, no el yo personaje que es el yo estoy) no ha cambiado de forma, no a metanoizado,  todo lo que creemos saber se depositará en un recipiente rígido, formateado, incapaz de cambio.  Y seguirá haciendo las mismas cosas… dando vueltas a la noria.


Meditar, para mí, es concitar el silencio de los procesos mentales.  Es parar el flujo mecánico del pensar, para que, en el silencio, podamos oír lo que nos tiene que decir el yo soy, a menudo ahogado por el torrente de información en el que vivimos…


That is all my friends!!!

lunes, 12 de diciembre de 2022

Un peliculon sin pretensiones: "Hostiles" de Scott Cooper




HOSTILES (2017)

Se puede ver en PrimeVideo y Filmin

dirigida por Scott Cooper e interpretada por Christian Bale y Rosamund Pike


Hacía tiempo que no veía un peliculón sin pretensiones, este, para mi, lo es sin duda.  Con la apariencia de un western te mete un trallazo emocional de órdago, te mete una fotografía paisajística que flipas y en el fondo de todo subyace un dilema ético, que puede pasar de puntillas  a según que espectadores.  Pero puede pasar de puntillas por que la forma, el formato o el paquete, el envoltorio… es tan bueno, que lo que lleva dentro puede ser comprendido o no, pero puede ser casi prescindible, sino fuera por que es la excusa para marcarse una película de mucho calado.   La narración –a veces algo sincopada para reducir metraje–, te va metiendo el interés (del “a ver que pasará”) en el cuerpo y las escenas de acción con violencia están muy bien dosificadas.  Creo que el guionista, que es el mismo director, ha querido mostrar varios planos de visión, buscando tanto el agrado de los amantes del western clasico, como el de los amantes de lo romántico atemporal y el de los “frikis” de los dilemas y diálogos filosóficos….   En fin que así como del ultimo western que vi (El poder del Perro) eche varias pestes y un bufido, de este western he quedado prendado.  Hacia tiempo que no se me encogía tanto el corazón viendo una película… las escenas finales son cinematográficamente hablando deliciosas, ella trabaja muy muy bien, pero Christian Bale es casi tan bueno como Clint Eastwood,  el final es… bueno, imposible, no os la perdáis.  Y llorad si os apetece, por que –para que no os pille desprevenid@s–, es de las que nos hacen llorar a algun@s.


Rodada toda ella en exteriores de Nuevo México, Montana y Colorado.

domingo, 16 de octubre de 2022

El olvido es el sueño del pasado





Donde el pasado perdura no es en las cosas que vemos y que hacemos cada día, o que creemos tener pero que son prestadas. 


El pasado tampoco son los recuerdos, que a menudo los años acaban deformando.  


El pasado es la mañana de esta tarde que vivo ahora, mientras trato de recuperar sentimientos que antes no quise reconocer como propios... Cuando pensé, que:


“Desearía ser roca de tu torreón seguro 

y firme asiento donde construir juntos 

nuestro futuro de inciertas plenitudes…”


Nunca fué. Quizás aprenda del pasado, mientras crece lenta la raíz del sentimiento. 


Y al hacerlo despacio, –sin forzar el alma de las cosas, de los sucesos o de las personas–, nos llegará, desde el futuro anticipado, lo que reconoceremos más tarde como el pasado...


Y recordé:


“Sabiendo que las palabras son solo eso,

–pues los hechos siempre nacen huérfanos–,

ya que solo el tiempo sustituye al deseo…

Yo quería vivirte apasionada y tierna como eres,

como te surge cuando se escapa el cariño,

ese que tú me lanzabas, entre palabras con guiños, 

y que veía venir desde más allá de lo que hablabas…”


Y aprender a mirar de frente con la mirada clara, buscando lo esencial de la relación humana, no lo anecdótico ni los adornos que distraen. Buscando destellos del amor universal, si, de esa estima que no mira atrás ni pide intereses por el préstamo,  por que en realidad vivir es amar en uno mismo los reflejos de los otros, tanto de los que nos han querido antes, como de los que, sin saberlo todavía, nos amarán en un futuro que un día también será nuestro pasado. 



“No sé porqué, ni tu tampoco seguramente,

pero los dos sabemos que poco cuesta

ser cobarde y no prender la mano abierta

rechazando lo posible, por miedo a volar

hacia horizontes de renuncia, sin certezas…

Nadie firma préstamos de duda, ya lo sé,

y yo te lo estuve pidiendo entre beso y letra,

entre ternuras y razones que no comprenden

la bondad de las verdades que nos llenan…"


Y volví a los recuerdos al pensar:


"Si. Nuestros hechos fueron primero voluntades.”


Por qué el pasado es un presente construido con sentimientos caducados, como el atardecer melancólico que se nos llevará la noche al convertirlo en un momento mortal.  


Y la palabra escrita, como la imagen, es la voluntad que hace al momento eterno, para que perdure más allá del olvido. Porque el olvido, disolvente de los recuerdos, es el sueño del pasado.

jueves, 14 de julio de 2022

El manejo del tiempo



Frecuentemente nos sentimos perdidos en nuestro laberinto interior. 

Hay que saber distinguir lo que es cháchara para quedar bien con uno mismo o con los demás, de lo que es una preocupación verdadera por ir encontrando pequeños cabos sueltos que acaben convirtiéndose en el definitivo hilo de Ariadna. Desgraciadamente, la primera contradicción que nos asalta, a ti, a mí, a Perico y a Juan, es la que conlleva nuestra propia instalación en el mundo. 

Estamos bien apoltronados en el mundo sensible, invirtiendo miles de esfuerzos en mejorar nuestra instalación, como si ese fuera —que lo es, mientras no demostremos lo contrario con nuestra praxis cotidiana— el último fin. El confort y el consumo, junto al apego a nuestras falsas imágenes, son los pilares de esta instalación en el mundo de los sentidos; un mundo exterior que sabemos inútil para colmar nuestras ansias más profundas de verdad, pero del que somos incapaces de despegarnos un milímetro sin sentir terribles llamadas al orden. 

Este estado de cosas aceptado es el medio en el que se desenvuelven nuestras vidas. Lo normal es sentirse mal, aterrado por el frío, la oscuridad y «lo rocoso» del paisaje, como alguien me dijo en una ocasión. Lo anormal es sentirse tan feliz. Una anormalidad que, desafortunadamente, no lo es desde el punto de vista de la estadística poblacional.

Hay que tener lo que yo llamo «la caja fuerte». (Eso de «hay que tener» podemos dejarlo en que yo, anecdóticamente, utilizo este truco y me va bien, por lo cual, y por extensión, presumo que al resto del mundo también le convendría).

Lo de la caja fuerte funciona así. Después de cientos de veces de hacerse buenos propósitos, uno se convence de que se va a pasar la vida haciendo planes y punto. Fácilmente se cae en el olvido de lo que se pretende y el abandono nos va alejando cada vez más de aquellas partes —estados de nosotros mismos— que tienen cosas que valen la pena. En una de estas, damos el frenazo y volvemos a estar en antena. Volveremos a eclipsarnos pasadas unas horas. Es inevitable. Por el momento, añadiría yo.

En cualquiera de estas, estando en antena, se concentra al máximo la esencia de lo que se pretende y se escribe. Del otro lado del papel —holandesa, folio, DIN A4— se concentra al máximo la esencia de lo que lo impide. Y eso es la caja fuerte. Una especie de lugar seguro donde guardar lo más íntimo recogido en momentos positivos, cuando se revisa lo más íntimo que nos mueve y lo más íntimo que nos inmoviliza. 

Inicialmente puede ser un lugar material; con el paso del tiempo, es un lugar/estado en nosotros mismos al que recurrir si nos sentimos agobiados, para recomenzar siempre desde algo con esperanza. Establecido el truco de la caja fuerte, tenemos una especie de póliza de seguro contra la desesperanza. Porque la desesperanza de aclararse algún día es, no lo olvidemos, nuestra principal enemiga con el paso de los años. La desesperanza es hija de nuestro propio cansancio vital.

En toda esta dinámica, personalmente creo ver una clave que tan solo he sido capaz de ir descifrando en parte con la edad. Se trata del manejo del tiempo. El tiempo se nos escapa o lo retenemos según cuál sea nuestra posición de percepción previa a su transcurrir por el presente. Desarrollar la palabrería racional con la que hacer esta frase más inteligible y comprensible me llevaría probablemente una carta tan larga o más que la que estoy pariendo, así que intentaré una vía de escape rápida con un ejemplo que quizá alcance directamente tu comprensión.

No es lo mismo, a efectos de percepción de la relación actividad/tiempo, que una persona se levante por la mañana y empiece el día lavándose, duchándose, cafeteándose, mantequilleándose los biscotes, cocheándose para ir al curro, etc., que otra persona que empiece el día planteándose su posición ante el tiempo que la va a transcurrir en las próximas 24 horas. O sea, intentando planificar las acciones de su día. Es evidente la diferencia que, en percepción del fenómeno tiempo, experimentarán las dos personas. Tanto a una como a otra las cosas, por supuesto, les sucederán, aunque ellas crean ser las protagonistas de sus acciones...

Sin embargo, cuando la experiencia de la segunda se repite un día y otro, aparece lentamente la convicción de que es imposible programarse, planificar y controlar. Esta convicción es la semilla necesaria para que crezca la comprensión de que el tiempo nos transcurre y de que el apresuramiento es inútil. No es importante lo que se hace o lo que no se hace, sino la apreciación de lo que sucede, dejando que lo que sucede sea a un ritmo que nos permita aprovechar ese caudal de impresiones para trabajar sobre nuestra atención. 

Ordinariamente imponemos nuestro apresurado «tempo» a los acontecimientos y nos perdemos el valor que podría tener la observación, la atención dirigida al reflejo interno de aquel suceso.


Pararse a primera hora para planificar el día tiene la virtud de ponernos, si somos capaces de entender mínimamente el tema, nuestro reloj interno al ritmo de lo que ha de suceder. Es evidente que también tiene otras ventajas de orden práctico. Pero destaco, por haber descubierto su importancia, ese contagiarse de la serenidad del tiempo exterior a nosotros. De ese tiempo que nos transcurre y que nada tiene que ver con el tiempo psicológico que acostumbramos a llevar puesto, generalmente a toda máquina. 

No sé si habré sabido transmitir esa clave de comprensión del tiempo. Me hubiera gustado hacerlo mejor.

lunes, 9 de mayo de 2022

Una m... pinchada en un palo


 

El poder del perro (2021)

dirigida por Jane Campion con Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee


El western es un gran género cinematográfico que da posibilidades infinitas para contar historias.  Esta es una historia contada con refinamiento. Excelente fotografía paisajística y de interiores. Buena recreación de la vida en el Oeste americano en la década de los felices años 20.  Excelentes interpretaciones de la cuñada (Kirsten Dunst) y del protagonista (Benedict Cumberbatch). Pero ahí acaba lo bueno.  El resto es la mierda, o como dicen ellos (los yankis) una bullshit.  


En realidad el lentisimo drama que se nos narra no tiene nada que ver con el género western.  Es la historia tóxica de un rudo vaquero difícil de tratar que no es más que un gay reprimido escondido detrás de una máscara de misoginia y homofobia.  Esta represión que por momentos parece que pueda llegar a superar, –pero no lo hace–, le llevará hacia un excéntrico aislamiento de la familia amargando la vida de los que lo rodean.  Por rudo vaquero que pretenda parecer le delatan los detalles:  una gran sensibilidad musical, una hermosa caligrafía y la capacidad de observar la naturaleza con detalles que a los demás pasan desapercibidos.  El descubrimiento de las revistas con hombres desnudos en su rincón alejado de la vista de los suyos es el punto culminante para entender el desenlace final.  El Poder del Perro es un tostón previsible en el que un muchacho (Kodi Smit-McPhee) afeminado, por sobreprotección materna, acaba valorando más la vida, el dinero y la salud de su madre que la de su propio tio (el protagonista) al que en cierta manera admira.       


No me explico las alabanzas y premios (12 nominaciones a Oscar, que no llegaron a cuajar…) a no ser que el desierto creativo que atravesamos haga recibir aplausos a cualquier producto por poco mérito que tenga.  Dentro de poco todo serán superhéroes y sagas fantásticas de Marvel y Disney….


lunes, 21 de marzo de 2022

El otoño de nuestro invierno





Hoy hace 10 años escribía (pincha para verlo): 



“….La vi por la calle y ella no me vio.  Hacía 20 años que no la veía y mi corazón dio un vuelco....  De golpe fui arrastrado por un torrente de emociones que me hizo visitar paisajes internos que habían sido abandonados hacía mucho tiempo. Tuve temor a  entrar, por los recuerdos, y de pronto surgió la pregunta: ¿Por qué?”

sábado, 19 de febrero de 2022

El gegant del Pí



Monòleg de Pau Vinyals al teatre Tantarantana… 


El gegant del Pi és un procés de creació per trobar les paraules que evitem pronunciar quan parlem de l’herència rebuda.  Que sigui del poble a la ciutat o de l'espai públic al privat no té més transcendència… dona igual, són detalls per omplir el temps escènic, com altres detalls secundaris que ens fan riure, plorar o desviar la mirada per no sentir vergonya…

L’autor (suposant que no fos una ficció el que ens explica d’ell mateix) s'enganyaria, i a nosaltres també, quan afirma que el fet de descobrir que son avi havia sigut franquista-feixista va catalitzar els interrogants sobre la seva identitat.  Malament aniríem.  Que aquest recurs dramàtic sigui necessari a l'obra no ho dubto, però és poc creïble en un personatge amb una clara vocació artística des de ben jove.   

El relat és una excusa —conscient o inconscient— per plantejar un dilema.  Un dilema vell i no superat per la nostra societat.


El bé comú pot justificar el mal causat al bé particular?

Té dret el bé particular a imposar-se sobre el bé comú?

La llibertat individual està per sobre de la llibertat col·lectiva?

De qui són els béns que la natura posa a la nostra disposició?  

No seria la comunitat la que tindria el dret de la seva possessió? 

Hauria d'existir la propietat privada i l’herència del patrimoni privat?


Finalment i com a colofó de totes les qüestions prèvies una pregunta resum:

 Podem admetre l'existència d’un dret adquirit sobre la terra i els bens comuns (els boscos, els camps, els animals, les pastures, el mar, els recursos minerals, etc.) quan la necessitat de sobreviure col·lectiva s’imposa sobre el benestar particular d’uns quants privilegiats?

L’educació rebuda, l’herència material-immaterial rebuda i la història interpretada (que sempre és interpretada i no real)… Tot això conforma uns valors intrínsecament lligats a aquesta herència de privilegis… 

I creieu que aquests privilegis són, de veritat, posats en dubte en aquesta obra? Jo crec que no; crec que finalment són assumits com a propis amb el recurs de la tribu que protegeix els seus interessos. Crec que l'obra és una afortunada, molt ben realitzada i comercial visió d’un diletantte filosòfic amb molt de pes com a artista.  Amb l'obra, i el Pau, veiem per moments passejar-se el fantasma d'una gauche divine de nova generació que ens fa sentir per un moment interessats en el dilema.  Un interès efímer que dura uns minuts fins que ens tornem a sentir còmodes a la nostra poltrona hereva de privilegis…  Un ús de l'espectador (habitual, d'altra banda) que té com a fi obtenir reconeixement i progressió artística dintre del món de l'espectacle.   Enhorabona, Pau per la teva feina, per què —malgrat les meves reflexions prèvies—, reconec que té molt de mèrit atrevir-se a una aproximació tan real a la qüestió dels privilegis heretats.