lunes, 20 de abril de 2026

Ella, cuyo nombre es Ausencia



El escenario es una mesa con cuatro sillas. Ella se levanta y se va… Suena la música de Old and Wise y entran dos personajes con sombrero y se sientan.  Albert llega después y se dirige a ellos de pie.


—Mirad, Alfons, ¿Armand? o Antoine… ¿Es que ya ni me sé vuestros nombres? No, no, enseguida me vendrán a la cabeza, volverán, necesito contaros algo muy importante… tengo que recordarlo antes de que Ella vuelva y se los lleve… sí, sí, lo que pasó aquella noche cuando me quedé solo y luego Ella (mira alrededor) se marchó… pero dijo que volvería…

—Vale, vale, Albert, cuéntanos, coño, que te veo nervioso, tranquilo, que no nos movemos de aquí… y no mires pa todos lados que no hay nadie más que nosotros tres… 

—Bien, bien, empiezo por un entonces… no, mejor por un érase una vez, no, no, vale, todo empieza, o sea, casi todo, después de que Ella, la Ausencia, cerrara la puerta y me dejara sentado frente a una mesa con los restos de una cena; en realidad creo que era una cena mental, porque estaba mi ordenador en la mesa en lugar de los platos… 

  En cuanto me quedé solo, entendí, comprendí o, mejor, pensé que necesitaba tiempo para analizar mis elaboraciones, sí, sí, me refiero a esas reflexiones que acabas convirtiendo en pensamientos elaborados; también tiempo para poner nombre a mis deficiencias, para ordenarlas en una escala que fuera de más a menos verosímil, y puestos ya en harina para revivir mis creencias sobre mi padre y la madre que me parió, o sea, para redefinirme… Yo soy así por… por tal y por cual… pero no, no, en realidad os tengo que confesar que todo esto lo pensé por momentos, lo dejé pendiente, pero en realidad solo estuve a punto de decirme que soy en exceso cartesiano, o sea, cuadradete, rígido, eso… .alemán, pero de los buenos… eh, con feelings, con corazón caliente… 

  Sí, quizás sea eso por lo que me siento cómodo con lo que es predecible. Necesito, —porque me gusta—, que mientras Ella, no esté, las causas produzcan siempre los mismos efectos; que las magnitudes inmutables lo sean de verdad; que el caos cumpla con su obligación de engendrar caos… Necesito predecirlo, comprenderlo, sentir que hay algo ordenado que guarda mis pequeñas, pretenciosas y predecibles conjeturas.

Solo así puedo sentir que soy yo… Sin embargo, ahora… Ahora que vuelve y me amenaza por la espalda, un poco a traición… de pronto ya no sé quién soy, ya no sé con certeza lo que significo, y tengo que volver a pensarme y rebuscar en la misteriosa lógica de un caos que se me escapa. En la débil estructura de unas creencias que se desmoronan, en las impredecibles consecuencias de mi frágil e insatisfactorio pensamiento, aquello que me define… Pero todo eso se va escapando como una niebla y es que Ella no me deja recordar… me está borrando mi existir… No sabéis cómo duele por dentro la pérdida… poco a poco, de mi memoria…


—Vale, tío, vale, respira, ¿qué cojones haces soltando este rollo? Joder, Albert, ¿es que no ves que el que lo oiga va a pensar que estás majara?   


—No, no, espera, que yo ya lo sé… ahora digo caos, probabilidades, magnitudes inmutables, o sea, todo complicado, y lo sé… Pero es tan bonito, tan bonito, darle a la parida mental mientras puedo… Mira, Antoine, no, no, Armand, me he pasado la mayor parte de mi vida elaborando hipótesis sobre el Misterio, con M mayúscula.  Y siempre he creído que Alan Parsons tenía razón, que primero debías ser joven y estúpido, y luego viejo y sabio… que eso de ser viejo llevaba a lo de ser sabio… pero no lo soy… bueno, viejo sí… Y para qué tantas vueltas, me pregunto, si Ella ha de venir y llevárselo todo.  Que a los setenta tenga la misma resaca que a los cuarenta es un drama en sí mismo… al que algunos llegarán, o no… Joder, tío, ¿tú qué piensas? Es que a mi ego le daría mucho palo que solo me pasara a mí… Dime, ¿qué crees?

—¡Motherfuck! Pero a ti qué te importa si llegan o no, no jodas, Albert, pero a ver, a ver, ¿tú quieres saber si les pasará lo mismo o lo que coño les dirás?…

Pues claro que le pasará a muchos, tranquiliza a tu ego que no es tan único… y, por otro lado, ¿qué coño les dirás si es el caso?… Pues eso, Albert, que entonces tendrás casi cien años y balbucearás otra vez: “Es Ella… es Ella, la Ausencia, la que tiene las respuestas… y se las llevó”. Venga, acábate la grappa y ve pensando en que todo esto es humo y que mañana será otro día. 

—Sí, ya va siendo hora, Albert…


—Vale, vale, pues os acabo contando algo que me pasó ayer mientras ordenaba escritos antiguos… bueno, escritos de Marta y Raquel, de cuando eran semipeques, que los guardo todos, vaya tela… Bueno, pues he sacado uno escrito a tus 17 años, Marta, cuando empezabas una especie de redacción-confesión que hiciste para mí (bajo pedido, como era mi costumbre pedagógica, sobre el problema del teléfono y los chicos), y empezabas con un: mayúsculas ERES EL MEJOR PAPI DEL MUNDO… joder, ¡qué guay! Y yo voy, y me lo creo, y me has hecho llorar… y luego que si la fulanita Carol te decía: “Joder, tía, qué bien que al menos tienes un padre con el que hablar y todo eso…” y me hacías llorar todavía más y ya casi no veía el teclado donde escribo… y entonces he encontrado otro papel que escribiste para la abuelita cuando estuviste en Tartera con ella… y ya parecía yo las cataratas de Iguazú, y estaba derramándome cuando me leo una cartita de esas que me escribías, joder con tus cartitas… A los novietes los debías de llevar de puto culo, no tiene labia la jodida… pues eso, que tenías 14 y empezabas: “Mami y Papi, os escribo para deciros que mis problemas no son con los chicos, no, son con mi hermana, que me trata fatal en el cole y me critica delante de mis amigos…”. Y seguía la carta para luego decir: “Porque con lo que yo la quiero… que es a la que más quiero en el mundo, ella no me trata como yo merezco y después se queja si yo me porto mal con ella, claro… Es que no sé qué hacer y me tenéis que decir cómo hacerlo para que ella me quiera tanto como yo a ella…” y después acababas diciendo: “Es que la pobre, como que es más pequeña, pues no sabe y supongo que cuando crezca me querrá más…” Joder, tía, pues ahora os queréis un montón y me he vuelto a poner lloroso pensando que tan mal no lo hemos hecho… 

Aunque lo que predice el caos no me deje afrontar la Ausencia, por ahora… sin asumir, no, sin inmutarme, no, eso tampoco, mejor mutándome en algo en lo que sustentar mis acciones… algo que Ella no se pueda llevar…

Pero, tío, Albert otra vez en la vena… ¿Qué es eso de sustentar tus acciones? Basura.  Tus acciones se sustentan en tu existir y solo necesitan que estés vivo, ni siquiera despierto. Anda, cállate y déjanos tranquilos, que todo lo demás son pajas mentales, a las que eres adicto.  


Para mi nieta con pedigrí… Niobe

VNG 16 Sept/2023-20 Mayo/2026



jueves, 19 de febrero de 2026

El Relato del porqué necesitamos un relato provisional

Lo que llamamos mente no tiene entidad física como no la tiene el software que ejecutamos en un ordenador.  El ordenador le es necesario al software; sin él no se manifiesta su existencia; por contra, el ordenador sin software puede permanecer encendido mil años y no suceder nada. 


Nuestro software, la mente, no lo programa nadie; se autoprograma a lo largo de la vida.  En la base de este software están los instrumentos o capacidades cognitivas que a lo largo de la evolución humana hemos adquirido y transmitido a través del ADN, el lenguaje especialmente.  El lenguaje es la capacidad de comunicar a otros de nuestra especie, relatos y explicaciones tanto del entorno próximo palpable como del mundo de la fantasía.  


La identidad, el reconocimiento de nuestra presencia como algo distinto a los demás, aparece tempranamente en la infancia.  A partir de ese momento, el entorno nos cederá el relato predominante en nuestra cultura de nacimiento.   


A partir de cierto momento en nuestra vida nos cuestionamos la existencia.  Buscamos un relato mejor para saber por qué y para qué.  Seguramente seremos de aquellos que no se han conformado con el relato cultural predominante.    Es entonces cuando nos percatamos de que no sabemos nada de nosotros mismos y tratamos de conocernos, de autoexaminarnos.  Y empiezan los problemas.     


Ya nos hemos dado cuenta de que no controlamos el mundo externo.  No puedo cambiar el clima ni decidir que llueva (de momento).  También me he dado cuenta de que no puedo influir voluntariamente en una serie de cuestiones fisiológicas como la tensión arterial o la digestión (en condiciones normales).  Pero estoy a punto de descubrir que algo que creía controlar tampoco puedo hacerlo: mis pensamientos.  No controlamos nuestros deseos, ni siquiera nuestras reacciones a tales deseos.  Yo, normalmente, no elijo pensar; es el pensamiento el que aflora a mi mente y es pensado.  Pero no soy consciente de ello mientras estoy sumido en la cotidianidad.  Solo puedo darme cuenta de esta situación si decido observarme y meditar sobre mí mismo. Entonces es cuando se me hace visible que nuestros deseos están dictados por un complejo software bioquímico entrelazado con factores culturales, todo ello fuera de nuestro alcance para ser modificado en el momento.  Es así como deseamos, y como el deseo moviliza nuestra acción y nuestra acción nos encadena a los resultados: si estos son buenos, el deseo demanda más satisfacción; si los resultados son malos, se genera frustración y, en general, sufrimiento.  


Creemos que fue Buda quien por primera vez enseñó algo sobre esto. Él no lo dejó por escrito, pero sus discípulos se encargaron de la difusión de su relato.


Buda reconoció que había tres realidades que llamó verdades inmutables: que todo cambia, que nada perdura y que nada satisface plenamente. A continuación, describió la cadena de sucesos que lleva al hombre al sufrimiento.  Simplificando mucho, diremos que el sufrimiento surge porque la gente no tiene en cuenta estas tres realidades básicas del universo.  Muchos creen que en algún lugar existe alguna esencia eterna y que si pudieran alcanzarla estarían realizados. Su vida es el relato de esta persecución…   A veces a esta esencia eterna e inmutable se la denomina Dios, a veces Nación, a veces Alma, a veces el auténtico Yo y a veces el Amor verdadero…


El verdadero problema es que, mientras exista deseo en nuestra mente, habrá sufrimiento.  La cuestión a resolver es cómo erradicar el deseo.  A eso algunos dedican su vida meditando, lo que les lleva a apartarse de la realidad vital en la que fueron puestos por su biografía personal.


Pero… ¿Hay otra forma de afrontar estos hechos sin necesidad de renunciar a la biografía ni al nicho ecosocial en el que nos vimos inmersos al nacer?


Podría ser.  En cualquier caso, hace falta un potente relato. Pero con una condición básica, la aceptación de que ese relato solo lo usaremos de forma provisional para acceder a una mejora real del funcionamiento de nuestro software, o sea de nuestra mente. Una vez alcanzado cierto punto de equilibrio y mejora de nuestras funcionalidades mentales, el relato es prescindible.  A partir de ahí solo cuenta la experiencia vital en la que nos vemos inmersos a diario, para forjar el metal, para alcanzar progresivamente la renuncia al deseo, que culminará con la renuncia a la vida y, por tanto, con la aceptación pasiva de nuestra muerte.   





  






miércoles, 23 de abril de 2025

La cometa china


 La cometa china


Y el tiempo no se detiene, o si, no lo podemos entender todavía. A veces lo parece. Como esa cometa que los niños chinos levantan en Sanmenxia, en el parque de Swan Lake, y que por momentos parece que se detiene en el aire.  Mis pensamientos vuelan como nubes arrastradas por el viento.  Dejo que fluyan y que atraigan recuerdos.  


El viento arrastra las hojas caídas por la hierba y el sonido que hacen es como  el suave rasgueo de unos dedos sobre un arpa. En esas nubes anida un sentimiento que  me atrae hasta Kilkeny, en Irlanda, donde por primera vez pensé que no era el aire el que aguantaba el vuelo de las cometas… Ahora, al fijar mi atención en los niños chinos correteando, siento de nuevo que no soy más que un sentido, todavia sin forma, que pelea por sentirse de carne y hueso.


Siento las lágrimas que no han caído y no sé como explicarme la nostalgia de mi propia infancia. Estoy a punto de llorar pero veo a los padres de esos niños chinos en los bancos y siento de pronto como si sus manos chinas hurgaran en mis recuerdos, y en mis fracasos. 


I feel the tears that haven't fallen and I don't know how to explain the nostalgia of my own childhood. I'm about to cry but I see the parents of those Chinese children on the benches and I suddenly feel as if their Chinese hands rummage through my memories, and in my failures.  


Ireland is far away... nostalgia for an unshared time, which perhaps would have been happy.  I met her later.  And I failed her.  Then there was no turning back and the wind dragged us, like unguided kites, to separate destinations.


Vuelvo al presente a duras penas. 


El sollozo gime con la nueva racha de viento al ver a unos padres paseando con sus hijos por el parque, entonces recuerdo el pelo castaño y rubio de mis hijas, ondeando al aire del columpio del parc dels Pinetons. La añoranza de esos días, que pasaron volando como la cometa, me duele sin remedio y de nuevo mis ojos se inundan de lágrimas.


The sob moans with the new gust of wind when he sees some parents walking with their children through the park, then I remember the brown and blond hair of my daughters, waving in the air of the parc dels Pinetons swing. The longing for those days, which flew by like a kite, hurts me hopelessly and again my eyes are flooded with tears. 


Y noto, nuevamente, como el tiempo me atraviesa. 

Como si mi cuerpo fuera el aire sobre el que se aguanta mi cometa. 


And I notice, again, how time goes through me.

As if my body were the air on which my kite stands.

Like in Ireland.


Sanmenxia 20 abril 2025

三门峡2025420


lunes, 9 de diciembre de 2024

El silencio de mi


El silencio 


¿Es una condición necesaria para seguir avanzando, o es una técnica para dejar que el tiempo pase sin tocarme?  

 Tengo mis dudas.  

¿Se llega al silencio de forma innata o se llega después de experimentar con “el intento” de forma repetida?   


Pero claro, tendría que explicar eso del intento.  Pero antes tendría que saber a quién me dirijo, o sea quien me lee o leerá.  

Por hoy voy a prescindir de saber esto último.  ¿Puedo decir que hay “gente” que nace con predisposición al silencio?  ¿O eso es imaginación?


El silencio, afirmo yo,  es lo único que puede hacer que el yo florezca.  

Pero siempre que sea un silencio fruto del cese del deseo de enriquecerse.


Pero si la mente global [por qué hay muchas mentes, sí, pero yo me refiero al concepto “mente” como el ordenador que maneja nuestro yo soy, no el yo personaje que es el yo estoy y que es manejado por una mente particular a la que llamamos personalidad] no ha cambiado todavía de forma, no a metanoizado,  todo lo que creemos saber se depositará en un recipiente rígido, formateado, incapaz de cambio.  Y seguirá haciendo las mismas cosas… y, por tanto, dando vueltas a la noria.


Meditar, para mí, es concitar el silencio de los procesos mentales.  Es parar el flujo mecánico del pensar, para que, en el silencio, podamos oír lo que nos tiene que decir el yo soy, a menudo ahogado por el torrente de información en el que vivimos… no es fácil aquietar las aguas del estanque mental hasta que se vuelvan transparentes y dejen ver a su través.  Pero sin intento no hay avance. 


miércoles, 2 de octubre de 2024

La amante silenciosa

 



Ya te dije que sé que no esperas nada de mi (aunque no estoy seguro de si te lo dije así o solo pensé que te lo quería decir), así que seguiré amándote en la soledad de mis recuerdos, buscando los colores que el tinte del tiempo ha ido apagando para volverlos vivos al pensarlos.  

Solo queda el recuerdo. Eso creo… pero está ahí, vivo.


El recuerdo tiene sombras en las que cobijar mis fracasos.  Pero las sombras tienen relieves que mis manos acarician pensando en tus formas. 


Me gustaría decirte: dime donde piensas y habitaré en la memoria de tu recuerdo.


Una vez te quise decir, pero no me atreví a hacerlo: te amaré mientras pueda, viviré en ti mientras tenga deseo y solo te olvidaré cuando ya no recuerde el color de tus ojos.  


Ahora solo queda el recuerdo. Todavía. 


jueves, 12 de septiembre de 2024

La isla de la mujer dormida




La trama


El protagonista es un marino  mercante al cual la guerra civil española lo pilla en el Ferrol. Es movilizado y entra a formar parte de la marina de guerra del bando franquista. Debido a una serie de circunstancias es destinado a una misión secreta en el Mediterráneo, que tiene como objetivo destruir las líneas de abastecimiento navales que unen los puertos rusos en el mar Negro, con los puertos republicanos del Mediterráneo.  La operación, que tiene por objeto hundir barcos, se llevará a cabo desde una pequeña base situada en una isla en medio del archipiélago de las Cícladas, en el mar Egeo.  La isla de la que estamos hablando es la que da título a la novela.


A partir del momento en que se nos presenta la situación del marino reconvertido en corsario, o mejor pirata, pues ha de navegar sin reconocimiento oficial, se abren tres escenarios de la novela.


Por un lado lo que sucede en Estambul, entre el espía republicano y el espía franquista, que intentarán intervenir en el desarrollo de los naufragios en uno y otro sentido . Dos personajes que son amigos y que las circunstancias de la guerra  ha puesto en bandos contrarios. 


Por otro lado, lo que sucede en la isla de la mujer dormida, que es propiedad de un noble griego que vive retirado en la isla  junto a su excéntrica mujer rusa, con la cual tiene una relación poco ortodoxa por no decir anómala, y la decadencia moral en la que el barón transita dentro de su matrimonio.  La relación del barón con el marino tiene momentos álgidos y resulta interesante. La relación de la mujer con el marino es la trama amorosa-sexual de la novela y desde mi punto de vista deja bastantes flecos sin respuesta, aunque esté bien narrada.  


Y finalmente, los avatares propios de la misión, en la que nuestro protagonista se verá convertido en capitán de una lancha torpedera alemana que la Alemania nazi ha cedido al bando franquista de tapado. Las aventuras Y desventuras de la tripulación con su capitán están bien estructuradas y se hacen querer.  


Los tres desarrollos serán convergentes en un final bastante previsible aunque no exento de épica.



Mi critica  


Me ha gustado, como casi todo lo que escribe PR.  Si tuviera que poner pegas seria sobre algo frecuente en su forma de escribir.  Creo que es exageradamente cuidadoso introduciendo “cultismos” tangencialmente, de forma que no sea demasiado evidente la petulancia.  Algunos de sus personajes, concretamente el barón dueño de la isla, no necesita que se le adorne con determinadas lecturas y citas.  Es presumir simple y llanamente.  No siendo necesario, en mi opinión, ni para la trama ni para que entendamos sus actos.  

Son magnificas algunas descripciones de atardeceres o de amaneceres en el mar.  En eso si creo que tiene un fantástico legado (que usa en muchas de sus obras) seguramente facilitado por su afición a navegar.  


El desarrollo amoroso de la trama es bastante cogido por los pelos, pero vale como entretenimiento.  Me sobran todas las referencias a la vida anterior del barón y su mujer (de la que repite al menos dos veces que tiene pies de puta turca…), ya que sin tanta repetición de los antecedentes también se entiende lo que sucede.  O, mejor dicho, lo que ha ido sucediendo en la relación marital a lo largo del tiempo.  


El carácter del personaje principal está muy bien definido.  Cae simpático y tiene garra.  La mujer del barón no está tan bien tratada y algunas cosas son prescindibles como por ejemplo el tema de la cocaína inyectada, que es un simple adjetivo sin importancia y nada cambiaria si se lo hubiera ahorrado.   

lunes, 3 de junio de 2024

El coreano o la insoportable pesadez del ser




El coreano o la insoportable pesadez del ser

(a propósito del libro "NO COSAS" de Byung-Chul Han)



No tengo nivel, ni es mi pretensión hacer una crítica sería al coreano-alemán objeto de vuestra admiración.  Pero si puedo daros mi versión de lo que he sentido, y después reflexionado, cuando he acabado de digerir, con algún Almax, ese “NO-COSAS” que tanto –parece–, os ha gustado.  


De forma previa diré, algo obvio –pero no tanto–, que conviene recordar.  Hay un tiempo para arar, uno para sembrar y otro para cosechar.  


Arar, es árido, arduo, duro y tiene un costo, un desgaste, por tanto, conviene saber que es mejor afrontar este tiempo en la juventud.  Después se siembra, si es que tenemos algo que sembrar. Generalmente sí. Pero no siempre.  Y finalmente se cosecha, lo cual depende de lo que se ha sembrado, de cómo se ha sembrado y de qué casualidades han hecho que las semillas que tú pusiste en un lugar germinen allí o un poco más allá del camino.  El azar tiene un papel.  Aunque muchos defenderán que el azar no existe.  Ese es su problema. El mío no.  


Una vez dicho esto intentaré explicar por qué lo he dicho.  Bien, a mi juicio, equivocar los tempos es algo común.  Nadie está exento de este desliz.  Pero hemos de saber reconocerlo.  A veces si el ego es muy abultado no se puede.  Pero eso es otra cuestión.  


Arar, en el significado que yo le he dado, es preparar el Relato.  Estudiar, para finalmente adoptar una welstanschauung personal, traducido del alemán, es la forma de concebir el mundo, o sea, qué cosmovisión adoptar para participar de lo humano, por tanto, de lo social o comunitario, pues somos por este orden:  seres naturales (inscritos genéticamente en la escala de la naturaleza), seres sociales (inscritos en la escala de la dimensión humana) y seres trascendentes (por nuestra pulsión a buscar la verdad que se oculta tras el velo de la muerte).  Pero no seremos nada, ni completos, ni incompletos, si no nos proponemos para ser partícipes de estos tres niveles.  


Naturaleza, lo que nos hace trabajar en pro de ella y respetarla… 

Humanidad, lo que nos hace partícipes, e implicados  en lo social o comunitario…

Espiritualidad, lo que nos hace aspirar a la trascendencia en el formato que hemos elegido, sea por cultura cercana o por adhesión a otra,  aunque sea lejana…


Pero el tiempo de arar es limitado… no me imagino a un jubilado todavía buscando el significado a su existencia… creo que si esto ocurre es una alteración notable al discurrir de una vida.  La madurez es la época en la que sembramos… aquellos que pueden.  Y la vejez es la época en la que cosechamos… 


Bien, bien, dicho lo previo vayamos al coreano.  A mí me parece que el coreano se la sabe muy larga y le gusta publicar o sea ganar pasta.    El panfleto de las NO-COSAS podría resumirse en pocas frases.  Por otro lado, nada sorprendente, pues todos hemos pensado alguna vez lo mismo.  Lo que pasa es que él lo adorna con ese lenguaje erudito que se oculta tras el academicismo.   O sea, bajo el prestigio de ser considerado quien es.  Y de tener un gran bagaje de lectura y estudio. Es su oficio.  Y seguro que su prestigio lo aró cuando debía. Y ahora cosecha… no como otros que se gastan la pasta en el coreano pensando que con ello aumentaran su acervo… aclaro que yo me la gasté (la pasta) solo por curiosidad.  


Está claro que el discurso está relleno a tope de referencias a autores, o sea filósofos previos, que usa de continuo para reafirmar sus tesis… Tesis que, por otro lado, nadie discute, pero que quedan muy bien si se acompañan de citas… es pensar sobre el pensamiento de otros, algo que se le da muy bien a la gente que cuando habla de algo siempre acaba refiriéndose a lo que ha leído en una u otra ocasión.  Citando a los autores leídos como coletilla que se exhibe a modo de trofeo y marcador de terreno como los canes cuando delimitan su territorio levantando la patita.    Estoy convencido de que, a partir de cierta edad, quien necesita de este recurso es que busca un reconocimiento que de joven no tuvo.   


A ver no estoy diciendo que la digitalización del mundo relacional no haya ocupado el lugar de las cosas-cosas.  Sería negar una evidencia.  Pero ¿a estas alturas quién lo duda o lo niega?   Por tanto, de que va?  Pues va, a mi juicio, de lucir su discurso, de “epater a les bourgeois” que no sé si está bien escrito o no.   La redundancia, hablando de los smartphones, de la smarthome, de las selfis, etc., es del todo tan evidente e innecesaria desde la página 3… que no acabo de entender a quien va dirigido, pues si es a quien tiene nivel lector para pasar de la página 3, le sobra, pero al que no tiene nivel,  ni le roza… Pero  el colmo  de lo desmesurado es lo que se suelta en la última entrada con el gramófono dels collons… cuando lo leí el estómago dijo basta y me tomé un Almax… 


En definitiva, que cada vez aprecio más el silencio.


Y la levedad.  No la pesadez del conocimiento, la erudición y la cita…


Lo que me recuerda que un día, allá por los 80 y pico, leí la insoportable levedad del ser (M Kundera). Estaba entonces en la fase de arar.   Me motivó, me dio instrumentos para afrontar el dilema amor-raíces (familia) versus amor-desarraigo (bohemia).  Y dije que me gustó.  Pero 20 años más tarde lo volví a leer (cosa que recomiendo) y me pareció una obviedad, un aburrimiento, en fin una lectura superada o innecesaria, no de forma absoluta (lo tuve que reflexionar) sino relativa.    En la cual reconocía unos valores, pero unos valores para una lectura joven, para una lectura con 20-40 años, no para quien estaba ya en la edad de sembrar… este pensamiento (cosa que es evidente que una IA no haría:  no hace falta que el coreano dels c… nos lo diga) me llevó al momento presente en el que todavía hay quien cree que tiene 30 años… y sigue arando…  


El silencio es lo único que puede hacer que el yo florezca.  


Un silencio fruto del cese del deseo de enriquecerse.


Pero si la mente global (por qué hay muchas mentes, sí, pero yo me refiero al concepto “mente” como el ordenador que maneja nuestro yo soy, no el yo personaje que es el yo estoy) no ha cambiado de forma, no a metanoizado,  todo lo que creemos saber se depositará en un recipiente rígido, formateado, incapaz de cambio.  Y seguirá haciendo las mismas cosas… dando vueltas a la noria.


Meditar, para mí, es concitar el silencio de los procesos mentales.  Es parar el flujo mecánico del pensar, para que, en el silencio, podamos oír lo que nos tiene que decir el yo soy, a menudo ahogado por el torrente de información en el que vivimos…


That is all my friends!!!