lunes, 9 de diciembre de 2024

El silencio de mi

El silencio

¿Es una condición necesaria para seguir avanzando o una técnica para dejar que el tiempo pase sin tocarme? Tengo mis dudas.

¿Se llega al silencio de manera innata o se alcanza después de experimentar repetidamente con «el intento»?

Claro que tendría que explicar qué significa eso del intento. Pero antes debería saber a quién me dirijo; es decir, quién me lee o me leerá.

Por hoy voy a prescindir de saber esto último. ¿Puedo decir que hay «gente» que nace con cierta predisposición al silencio? ¿O es solo una imaginación mía?

El silencio, afirmo, puede hacer que el yo florezca, siempre que sea un silencio nacido del cese del deseo de enriquecerse.

Pero si la mente global —porque hay muchas mentes, sí, aunque aquí me refiero al concepto de «mente» como el ordenador que maneja nuestro yo soy, y no al yo-personaje, que es el yo estoy y que está gobernado por una mente particular a la que llamamos personalidad— todavía no ha cambiado de forma, no ha metanoizado, todo lo que creemos saber se depositará en un recipiente rígido, previamente formateado e incapaz de cambiar. La mente continuará haciendo las mismas cosas y, por tanto, seguirá dando vueltas a la noria.

Meditar, para mí, es propiciar el silencio de los procesos mentales. Es detener el flujo mecánico del pensamiento para que, en el silencio, podamos oír lo que tiene que decirnos el yo soy, a menudo ahogado por el torrente de información en el que vivimos.

No es fácil aquietar las aguas del estanque mental hasta que se vuelvan transparentes y nos permitan ver a través de ellas.

Pero sin intento no hay avance.