domingo, 16 de octubre de 2022

El olvido es el sueño del pasado





Donde el pasado perdura no es en las cosas que vemos y que hacemos cada día, o que creemos tener pero que son prestadas. 


El pasado tampoco son los recuerdos, que a menudo los años acaban deformando.  


El pasado es la mañana de esta tarde que vivo ahora, mientras trato de recuperar sentimientos que antes no quise reconocer como propios... Cuando pensé, que:


“Desearía ser roca de tu torreón seguro 

y firme asiento donde construir juntos 

nuestro futuro de inciertas plenitudes…”


Nunca fué. Quizás aprenda del pasado, mientras crece lenta la raíz del sentimiento. 


Y al hacerlo despacio, –sin forzar el alma de las cosas, de los sucesos o de las personas–, nos llegará, desde el futuro anticipado, lo que reconoceremos más tarde como el pasado...


Y recordé:


“Sabiendo que las palabras son solo eso,

–pues los hechos siempre nacen huérfanos–,

ya que solo el tiempo sustituye al deseo…

Yo quería vivirte apasionada y tierna como eres,

como te surge cuando se escapa el cariño,

ese que tú me lanzabas, entre palabras con guiños, 

y que veía venir desde más allá de lo que hablabas…”


Y aprender a mirar de frente con la mirada clara, buscando lo esencial de la relación humana, no lo anecdótico ni los adornos que distraen. Buscando destellos del amor universal, si, de esa estima que no mira atrás ni pide intereses por el préstamo,  por que en realidad vivir es amar en uno mismo los reflejos de los otros, tanto de los que nos han querido antes, como de los que, sin saberlo todavía, nos amarán en un futuro que un día también será nuestro pasado. 



“No sé porqué, ni tu tampoco seguramente,

pero los dos sabemos que poco cuesta

ser cobarde y no prender la mano abierta

rechazando lo posible, por miedo a volar

hacia horizontes de renuncia, sin certezas…

Nadie firma préstamos de duda, ya lo sé,

y yo te lo estuve pidiendo entre beso y letra,

entre ternuras y razones que no comprenden

la bondad de las verdades que nos llenan…"


Y volví a los recuerdos al pensar:


"Si. Nuestros hechos fueron primero voluntades.”


Por qué el pasado es un presente construido con sentimientos caducados, como el atardecer melancólico que se nos llevará la noche al convertirlo en un momento mortal.  


Y la palabra escrita, como la imagen, es la voluntad que hace al momento eterno, para que perdure más allá del olvido. Porque el olvido, disolvente de los recuerdos, es el sueño del pasado.

jueves, 14 de julio de 2022

El manejo del tiempo



Frecuentemente nos sentimos perdidos en nuestro laberinto interior. 

Hay que saber distinguir lo que es cháchara para quedar bien con uno mismo o con los demás, de lo que es una preocupación verdadera por ir encontrando pequeños cabos sueltos que acaben convirtiéndose en el definitivo hilo de Ariadna. Desgraciadamente, la primera contradicción que nos asalta, a ti, a mí, a Perico y a Juan, es la que conlleva nuestra propia instalación en el mundo. 

Estamos bien apoltronados en el mundo sensible, invirtiendo miles de esfuerzos en mejorar nuestra instalación, como si ese fuera —que lo es, mientras no demostremos lo contrario con nuestra praxis cotidiana— el último fin. El confort y el consumo, junto al apego a nuestras falsas imágenes, son los pilares de esta instalación en el mundo de los sentidos; un mundo exterior que sabemos inútil para colmar nuestras ansias más profundas de verdad, pero del que somos incapaces de despegarnos un milímetro sin sentir terribles llamadas al orden. 

Este estado de cosas aceptado es el medio en el que se desenvuelven nuestras vidas. Lo normal es sentirse mal, aterrado por el frío, la oscuridad y «lo rocoso» del paisaje, como alguien me dijo en una ocasión. Lo anormal es sentirse tan feliz. Una anormalidad que, desafortunadamente, no lo es desde el punto de vista de la estadística poblacional.

Hay que tener lo que yo llamo «la caja fuerte». (Eso de «hay que tener» podemos dejarlo en que yo, anecdóticamente, utilizo este truco y me va bien, por lo cual, y por extensión, presumo que al resto del mundo también le convendría).

Lo de la caja fuerte funciona así. Después de cientos de veces de hacerse buenos propósitos, uno se convence de que se va a pasar la vida haciendo planes y punto. Fácilmente se cae en el olvido de lo que se pretende y el abandono nos va alejando cada vez más de aquellas partes —estados de nosotros mismos— que tienen cosas que valen la pena. En una de estas, damos el frenazo y volvemos a estar en antena. Volveremos a eclipsarnos pasadas unas horas. Es inevitable. Por el momento, añadiría yo.

En cualquiera de estas, estando en antena, se concentra al máximo la esencia de lo que se pretende y se escribe. Del otro lado del papel —holandesa, folio, DIN A4— se concentra al máximo la esencia de lo que lo impide. Y eso es la caja fuerte. Una especie de lugar seguro donde guardar lo más íntimo recogido en momentos positivos, cuando se revisa lo más íntimo que nos mueve y lo más íntimo que nos inmoviliza. 

Inicialmente puede ser un lugar material; con el paso del tiempo, es un lugar/estado en nosotros mismos al que recurrir si nos sentimos agobiados, para recomenzar siempre desde algo con esperanza. Establecido el truco de la caja fuerte, tenemos una especie de póliza de seguro contra la desesperanza. Porque la desesperanza de aclararse algún día es, no lo olvidemos, nuestra principal enemiga con el paso de los años. La desesperanza es hija de nuestro propio cansancio vital.

En toda esta dinámica, personalmente creo ver una clave que tan solo he sido capaz de ir descifrando en parte con la edad. Se trata del manejo del tiempo. El tiempo se nos escapa o lo retenemos según cuál sea nuestra posición de percepción previa a su transcurrir por el presente. Desarrollar la palabrería racional con la que hacer esta frase más inteligible y comprensible me llevaría probablemente una carta tan larga o más que la que estoy pariendo, así que intentaré una vía de escape rápida con un ejemplo que quizá alcance directamente tu comprensión.

No es lo mismo, a efectos de percepción de la relación actividad/tiempo, que una persona se levante por la mañana y empiece el día lavándose, duchándose, cafeteándose, mantequilleándose los biscotes, cocheándose para ir al curro, etc., que otra persona que empiece el día planteándose su posición ante el tiempo que la va a transcurrir en las próximas 24 horas. O sea, intentando planificar las acciones de su día. Es evidente la diferencia que, en percepción del fenómeno tiempo, experimentarán las dos personas. Tanto a una como a otra las cosas, por supuesto, les sucederán, aunque ellas crean ser las protagonistas de sus acciones...

Sin embargo, cuando la experiencia de la segunda se repite un día y otro, aparece lentamente la convicción de que es imposible programarse, planificar y controlar. Esta convicción es la semilla necesaria para que crezca la comprensión de que el tiempo nos transcurre y de que el apresuramiento es inútil. No es importante lo que se hace o lo que no se hace, sino la apreciación de lo que sucede, dejando que lo que sucede sea a un ritmo que nos permita aprovechar ese caudal de impresiones para trabajar sobre nuestra atención. 

Ordinariamente imponemos nuestro apresurado «tempo» a los acontecimientos y nos perdemos el valor que podría tener la observación, la atención dirigida al reflejo interno de aquel suceso.


Pararse a primera hora para planificar el día tiene la virtud de ponernos, si somos capaces de entender mínimamente el tema, nuestro reloj interno al ritmo de lo que ha de suceder. Es evidente que también tiene otras ventajas de orden práctico. Pero destaco, por haber descubierto su importancia, ese contagiarse de la serenidad del tiempo exterior a nosotros. De ese tiempo que nos transcurre y que nada tiene que ver con el tiempo psicológico que acostumbramos a llevar puesto, generalmente a toda máquina. 

No sé si habré sabido transmitir esa clave de comprensión del tiempo. Me hubiera gustado hacerlo mejor.

lunes, 9 de mayo de 2022

Una m... pinchada en un palo


 

El poder del perro (2021)

dirigida por Jane Campion con Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee


El western es un gran género cinematográfico que da posibilidades infinitas para contar historias.  Esta es una historia contada con refinamiento. Excelente fotografía paisajística y de interiores. Buena recreación de la vida en el Oeste americano en la década de los felices años 20.  Excelentes interpretaciones de la cuñada (Kirsten Dunst) y del protagonista (Benedict Cumberbatch). Pero ahí acaba lo bueno.  El resto es la mierda, o como dicen ellos (los yankis) una bullshit.  


En realidad el lentisimo drama que se nos narra no tiene nada que ver con el género western.  Es la historia tóxica de un rudo vaquero difícil de tratar que no es más que un gay reprimido escondido detrás de una máscara de misoginia y homofobia.  Esta represión que por momentos parece que pueda llegar a superar, –pero no lo hace–, le llevará hacia un excéntrico aislamiento de la familia amargando la vida de los que lo rodean.  Por rudo vaquero que pretenda parecer le delatan los detalles:  una gran sensibilidad musical, una hermosa caligrafía y la capacidad de observar la naturaleza con detalles que a los demás pasan desapercibidos.  El descubrimiento de las revistas con hombres desnudos en su rincón alejado de la vista de los suyos es el punto culminante para entender el desenlace final.  El Poder del Perro es un tostón previsible en el que un muchacho (Kodi Smit-McPhee) afeminado, por sobreprotección materna, acaba valorando más la vida, el dinero y la salud de su madre que la de su propio tio (el protagonista) al que en cierta manera admira.       


No me explico las alabanzas y premios (12 nominaciones a Oscar, que no llegaron a cuajar…) a no ser que el desierto creativo que atravesamos haga recibir aplausos a cualquier producto por poco mérito que tenga.  Dentro de poco todo serán superhéroes y sagas fantásticas de Marvel y Disney….


lunes, 21 de marzo de 2022

El otoño de nuestro invierno





Hoy hace 10 años escribía (pincha para verlo): 



“….La vi por la calle y ella no me vio.  Hacía 20 años que no la veía y mi corazón dio un vuelco....  De golpe fui arrastrado por un torrente de emociones que me hizo visitar paisajes internos que habían sido abandonados hacía mucho tiempo. Tuve temor a  entrar, por los recuerdos, y de pronto surgió la pregunta: ¿Por qué?”

sábado, 19 de febrero de 2022

El gegant del Pí



Monòleg de Pau Vinyals al teatre Tantarantana… 


El gegant del Pi és un procés de creació per trobar les paraules que evitem pronunciar quan parlem de l’herència rebuda.  Que sigui del poble a la ciutat o de l'espai públic al privat no té més transcendència… dona igual, són detalls per omplir el temps escènic, com altres detalls secundaris que ens fan riure, plorar o desviar la mirada per no sentir vergonya…

L’autor (suposant que no fos una ficció el que ens explica d’ell mateix) s'enganyaria, i a nosaltres també, quan afirma que el fet de descobrir que son avi havia sigut franquista-feixista va catalitzar els interrogants sobre la seva identitat.  Malament aniríem.  Que aquest recurs dramàtic sigui necessari a l'obra no ho dubto, però és poc creïble en un personatge amb una clara vocació artística des de ben jove.   

El relat és una excusa —conscient o inconscient— per plantejar un dilema.  Un dilema vell i no superat per la nostra societat.


El bé comú pot justificar el mal causat al bé particular?

Té dret el bé particular a imposar-se sobre el bé comú?

La llibertat individual està per sobre de la llibertat col·lectiva?

De qui són els béns que la natura posa a la nostra disposició?  

No seria la comunitat la que tindria el dret de la seva possessió? 

Hauria d'existir la propietat privada i l’herència del patrimoni privat?


Finalment i com a colofó de totes les qüestions prèvies una pregunta resum:

 Podem admetre l'existència d’un dret adquirit sobre la terra i els bens comuns (els boscos, els camps, els animals, les pastures, el mar, els recursos minerals, etc.) quan la necessitat de sobreviure col·lectiva s’imposa sobre el benestar particular d’uns quants privilegiats?

L’educació rebuda, l’herència material-immaterial rebuda i la història interpretada (que sempre és interpretada i no real)… Tot això conforma uns valors intrínsecament lligats a aquesta herència de privilegis… 

I creieu que aquests privilegis són, de veritat, posats en dubte en aquesta obra? Jo crec que no; crec que finalment són assumits com a propis amb el recurs de la tribu que protegeix els seus interessos. Crec que l'obra és una afortunada, molt ben realitzada i comercial visió d’un diletantte filosòfic amb molt de pes com a artista.  Amb l'obra, i el Pau, veiem per moments passejar-se el fantasma d'una gauche divine de nova generació que ens fa sentir per un moment interessats en el dilema.  Un interès efímer que dura uns minuts fins que ens tornem a sentir còmodes a la nostra poltrona hereva de privilegis…  Un ús de l'espectador (habitual, d'altra banda) que té com a fi obtenir reconeixement i progressió artística dintre del món de l'espectacle.   Enhorabona, Pau per la teva feina, per què —malgrat les meves reflexions prèvies—, reconec que té molt de mèrit atrevir-se a una aproximació tan real a la qüestió dels privilegis heretats.   


sábado, 17 de julio de 2021

Old and Wise

 


Old & Wise - Alan Parsons Project

Graznaban las gaviotas –alrededor de la torre Vilana– con pequeños mugidos, acordes graves que convocaban a la bandada. Era temprano en la azotea.  El sol, todavía no nato, alumbraba una raya en el horizonte y el aire olía a una mezcla de vertedero, glutamato y gasoil.    


Me había despertado el incómodo colchón de hospital y decidí explorar la azotea.  En los hospitales siempre hay una salida a la azotea. Recordé en ese momento cómo algunas veces, en el Hospital de Granollers, nos escapábamos a tomar el sol en la azotea con Andy y Neus.   La gravilla que siempre hay en los terrados, en la Teknon era de cantos rodados.  Los pies, al caminar, la hacían crujir y resonaba extraño en el silencio de la madrugada.  Encendí la luz del móvil para no tropezar y me senté, encarado al mar, en un saliente.  Barcelona se extendía a mis pies, dormida, soñando quizás con el apresurado día que estaba llegando. 


Esta mañana, o al mediodía, me iban a reparar la arteria coronaria descendente anterior. El riesgo era mínimo y no sentía ningún temor o desasosiego por el hecho de someterme a la colocación de un estent coronario.  Me pregunté si lo tendría en caso de existir un riesgo verdadero para mi vida. Llevo tanto tiempo aceptando el fin de mi existencia que la respuesta no tardó en llegar: no.


Marta piensa que soy egoísta porque no me importa lo que dejo, o sea, las necesidades de aquellos que lamentarían mi ausencia.  Quizás sea egoísmo, pero no me importaría dejar todo lo que tengo entre manos y pasar a otra cosa, sea la que sea, si es que es. O al simple apagón, si es eso lo que nos espera.   Las necesidades de mis prójimos son cosa suya.  Hay un tiempo para arar, uno para sembrar, otro para regar y ver crecer el fruto del esfuerzo, otro tiempo para recoger… y finalmente llega el descanso.  No es un ciclo que se pueda repetir, ni desplazar de la edad biológica que nos atraviesa.  A cada tiempo su afán.  Y el mío, si es que lo queremos llamar así, es salir discretamente de escena sin dolores acumulados ni cuestiones pendientes.  Solo en mi verdadera soledad interna, con mis cuitas personales, las que se derivan de mi propia introspección, las que arrastro edad tras edad, aquellas que no consigo cambiar y que regresan una y otra vez para recordarme que, por mucho que quiera lo contrario, no cambiarán, y que solo desaparecerán con el apagón.  


El sol relumbró un instante y por fin nació.   En ese momento empezó a sonar “Old and Wise” de la playlist de Alan Parsons que estaba escuchando en mis auriculares.  


“Hasta donde mis ojos pueden ver

Hay sombras acercándose

Son las de aquellos que dejé atrás

Quería que supieras 

Que siempre has compartido mis pensamientos más profundos

Y me seguirás a donde yo voy…


Ah… cuando sea viejo y sabio


Las palabras amargas ya no me afectan

Vientos otoñales me atravesarán

Y algún día en la noche de los tiempos

Cuando me pregunten si te conocía

Sonreiré y les diré que eras mi amiga

Y la tristeza desaparecerá de mis ojos


Ah… cuando sea viejo y sabio


Hasta donde mis ojos pueden ver

Hay sombras rodeándome

De los que dejé atrás 

Quiero que todos sepan

Que siempre has compartido mis horas más oscuras

Y que echaré en falta pensarte cuando me vaya


Ah… cuando sea viejo y sabio


Y las palabras serias que me lanzaron y golpearon

Pasarán a través de mí como los vientos otoñales

Y algún día en la noche de los tiempos

Cuando te pregunten si me conociste

Recuérdales que eras mi amiga

Mientras el telón final cae sobre mis ojos


Ahhh… cuando sea viejo y sabio”


Sí. Tan lejos como puedo ver, que en mi caso no es mucho…

Qué arrogancia asoma en eso de considerarse sabio.  Viejo, sí, cada vez más.  Pero lo de sabio no está a mi alcance.   La mañana había empezado y regresé a la habitación 304 antes de que descubrieran mi travesura. Allí me puse a escribir este recuerdo y traduje a mi manera la letra de Old and Wise


 



jueves, 6 de mayo de 2021

Roma, de Alfonso Cuarón

 



 Me he quedado de pasta de boniato!  La he visto en dos tandas... la primera fue interrumpida por algún evento y hasta hoy no he encontrado el momento para ver los ultimos 45’ 

Este mexicano, Alfonso Cuaron, de la generación de Guillermo del Toro y de González Iñarritu, es un crack! 


Roma me ha reconciliado con el cine en mayúscula, con el Cine.  La verdad es que lo normal es ver buenas pelis, las malas ya no las vemos, pero entran en la categoría de pelis normales. Muchas muy buenas. Pero Roma es un alarde de Cine. Es otra categoria. Para mi que Cuarón nos ha querido demostrar que no le hace falta ni el color ni la música... y le ha salido una obra de arte que sorprende, si, sorprende que haya tan pocos directores lúcidos que sean capaces de hacer cosas asi... y es que debe ser que nuestro nivel de espectadores es tan bajo que no es rentable aventurarse... es mejor apostar por el cine en minúscula (el de entretenimiento)


Roma toma el titulo del barrio de clase media en México DF en donde se crió Cuarón.  El guion, simple al maximo, relata la vida cotidiana de una familia que podría ser la del director.  Cleo la criada encarna a "Libo", Liboria, que fue el ama de cría o niñera de Alfonso en la década de los 70. 


Cuarón retrata la cotidianidad en el que se cruzan las realidades de la clase media y la clase obrera. Ambos escenarios los vemos juntos e interdependientes, pero separados por la barrera de lo social.  Una barrera que Cuarón quiere demostrar que es franqueable a través de las emociones.  

La mirada que nos ofrece el director desafía el tipo de discurso impuesto por los grandes estudios cinematográficos. Se trata de un relato cinematográfico en blanco y negro, que apela frecuentemente a planos panorámicos con profundidad de campo.

El relato transcurre lenta pero orgánicamente. En algunas secuencias, como en el parto de Cleo o en el incendio en el bosque, Cuarón aplica la técnica de planos paralelos, creando un efecto de contrapunto en el discurso principal. 

La pieza se sitúa en el contexto sociopolítico de los primeros años de los 70, momento historicamente polémico: por un lado, se representa el espíritu pujante de la modernización de América Latina, por medio de los signos de una clase media alta que aspira al señorío económico; por el otro, se expone la alternancia de este mundo de expectativas modernas con la supervivencia atávica de las culturas prehispánicas, aún marginales dentro del sistema dominante. Junto a esto, se respira a tensión social y política creciente que desencadena la matanza del Jueves de Corpus, acaecida el 10 de junio de 1971 en el DF. 

El padre de familia representa, simbólicamente, la imagen del mundo patriarcal y modernizador. Es el típico padre proveedor y distante, con un mundo ajeno al hogar. Antonio conduce un automóvil de última generación que no cabe en el lugar de estacionamiento. Él quiere ser la imagen de un hombre próspero, moderno y libre. Sus expectativas son mayores que la modesta vida cotidiana de la familia en Roma.

La representación del patriarcado no es solamente visible en Antonio. También lo es en los personajes de Fermín, Ramón y, en un sentido amplio, en el campo de entrenamiento del grupo paramilitar del gobierno mexicano, activo entre los años 60 y 80. Fermín, desde la primera escena, hace una exhibición de fuerza física mientras está desnudo; símbolo de una violencia cruda.

Ramón es un joven diletante que no se compromete con su entorno inmediato. El orden patriarcal se concreta en la violencia del Estado mexicano, que impone por la fuerza su voluntad. El orden patriarcal es, pues, violento y abocado a lo público.

En una casa de familia con un padre ausente, primero emocional y luego físicamente, es claro que se construye un mundo centrado en la madre, algo que algunos llaman una cultura matricentral, representada en Cleo y Sofía. No hablamos de matriarcado pues no es un régimen de la madre como jefe y garante del orden. Se trata, más bien, de un acomodo de la familia al cuidado, casi siempre inadvertido, de las mujeres de la casa, que en su silencio resignado sostienen el corazón de todos y acaban también por ser el sostén económico del hogar.

Sofia también, a su modo, es una mujer silenciada como Cleo. Ella sufre con resignación y bajo humillación, el progresivo abandono de Antonio, el maltrato psicológico y el autoritarismo.  Al comprender que ha sido abandonada con cuatro hijos, tal como Cleo lo ha sido en su embarazo, Sofía comprende que ambas son iguales. De esta forma, ella dará el primer paso resuelto para romper la línea que separa a sirvientas y patronas: Sofía pasa de ser la patrona benevolente, a retratarse junto a Cleo en el drama universal de la mujer. Así inicia su transformación personal que se expresa en las acciones de chocar y vender el Galaxy de Antonio, símbolo del fin del reinado patriarcal en el hogar.

En esa vida cotidiana, Cuarón muestra la paradoja máxima, que es a su vez el centro emocional del relato: Cleo, aquella que parecía orbitar alrededor de la familia de Sofía, es, en realidad, la columna que sostiene la casa y evita el verdadero desastre. 

Dos símbolos, por nombrar apenas algunos, son claves: 1) solamente Cleo puede mantener el equilibrio en un pie con los ojos cerrados, cuando aplica el ejercicio que un maestro indica a los alumnos del campo de entrenamiento. 2) el único momento en que Antonio interactúa afectivamente con alguien es con Cleo, antes de dar a luz en el hospital.

Cleo, en su sencillez y sin saberlo, es una maestra de vida que nos enseña –como las aves del cielo y los lirios del campo–, sin necesidad de discursos, sino solo mostrando con humildad y en silencio cómo vivir hermosamente el día a día. Sencillamente, sin juzgar, y sin proclamas.  Algo que Cuarón ha conseguido repetir con su película.   


Os aconsejo q la veais!

viernes, 19 de febrero de 2021

To believe or not...

 Enunciado:

El cambio climatico es una preocupación real pero no parece tan cercana como la preocupacion que debieramos sentir ante el deseado cambio en nuestras propias existencias, derivado del ritmo frenetico al que vivimos a diario y del que deseariamos huir...


Condiciones adversativas:


Y, si a pesar de parecernos mas cercano (el cambio en nuestras propias existencias) no tenemos la capacidad para modificarlo, (ni siquiera en nuestro propio y egoista interés) es por que vivimos en tal grado de alienación que nos impide modificar lo necesario, lo substancial, para conseguir cambios permanentes en nuestra concepcion de “como Vivir”... 


Y, si eso es asi en nuestro ambito más proximo (en nuestro interior) en el cual teoricamente solo dependemos de nuestra decision, imaginemos lo dificil que es la tarea cuando hablamos de afrontar un cambio climatico con descisiones a nivel planetario...   


La primera condicion, la del cambio interior, nos muestra su adversidad por la practica... por el fracaso repetido y el intento contumaz de modificar nuestras vidas en cualquier dirección, sin exito aparente ni resultados verdaderamente significativos...

La segunda condicion, la del cambio climatico, nos muestra su fracaso por analogia con la capacidad que tiene el ser humano de automodificarse... 

“sino puedes hacerlo ni por ti como pretendes hacerlo colectivamente por el planeta”


Condiciones propositivas:


Sin embargo a pensar asi:  “imaginemos lo dificil que es la tarea cuando....”  yo le llamo posibilismo.  De la misma manera que vivir en (con) la expectativa de conseguir un cambio en la forma propia de vivir sigue siendo, para mi “posibilismo”.  


Y, en mi esquema mental (fruto de años de esfuerzo y reflexión), el “posibilismo” (que podriamos definir como la actitud mental que basa la acción en conseguir un resultado que solo es posible con el esfuerzo y que jusfifica la acción en si misma por el resultado finalmente obtenido) es el combustible que mueve la mayor parte de las acciones de la humanidad y del hombre particular.  Es el combustible que hace que no abandonemos la persecución del logro, pues mantenemos la esperanza de finalmente obtener un resultado que compense el esfuerzo puesto en obtenerlo...  y de ese posibilismo vive mucha gente, viven de él los que generan expectativas en forma de ayuda, sean gurus, maestros esotericos o chamanes, sacerdotes o psiquiatras....


El marco mental ha de sufrir una tragedia.  Sin ella no seremos mas que asnos atados a un palo anclado en un extremo al poste alrededor del que damos vueltas y mas vueltas hasta el final de los dias.  Si, es verdad que tambien podemos aspirar a que el surco que dejamos al circular sea más o menos profundo, pero nada más. 


Condiciones subordinadas:


La tragedia ha de empezar el dia en que descubramos que la creencia ha de ser abandonada.  Froidianamente hablando equivale a matar al padre.  Efectivamente, el padre es la creencia, pues el padre primero nos ha hecho creer en él, hemos creido en él desde la infancia por que el padre nos da la seguridad en el mundo, la madre nos da el ser y el sentimiento. Despues el padre nos da la fuerza para enfrentar la contrariedad, nos da el ejemplo para independizarnos del refugio materno: de la comodidad del utero en el que nos sentimos ancestralmente seguros.  Pero pasada la pubertad, en la que descubrimos que somos algo diferente de nuestros progenitores, hemos de resolver nuestra individualidad y nos ayudamos de lo que hemos aprendido, nos ayudamos -por supuesto- de la creencia.  Sea en forma religiosa o no, pero basicamente en la creencia de que podemos hacer cosas y que debemos de seguir un camino propio.  Creemos que es posible hacerlo y seguimos las pautas culturales que alimentarán ya definitivamente el posibilismo en el que nos instalaremos, de por vida o hasta que la venda caiga al aceptar nuestra tragedia.  


Da lo mismo si creemos en que nuestra vida tiene un proposito o si creemos que nuestra meta es descubrir lo que podemos ser y todavia no somos.  Da lo mismo si creemos que Dios esta en todas las cosas o que la esperanza en otra vida más allá de la muerte es posible.  Da lo mismo si creemos que la paz interior pasa por el camino de la meditacion, del yoga o de la salmodia del monte Athos.  Da lo mismo si creemos que tras la muerte no queda más que un cuerpo fisico que es absorbido por la naturaleza en cualquiera de las formas en las que decidimos honrar a nuestros difuntos.  Da lo mismo si creemos que la verdadera trascendencia se halla en la memoria de los vivos que nos sucederan.  Da lo mismo todo, por que todo es alimentado por la creencia.  

Por que mientras creamos, todas nuestras fuerzas se rendiran a los esfuerzos que haremos en pos de conseguir aquello en lo que creemos, en pos de unos resultados que a su vez alimentaran el esfuerzo, actuaremos bajo el mandato del posibilismo, de creer que es posible todo eso que hemos creido posible obtener o conseguir... 


Principal:


Solo cuando la tragedia de abandonar la creencia se instala en nuestro marco mental somos capaces de vislumbrar que nuestro proposito vital solo puede sustentarse en la norma etica universal.  Solo entonces es posible acercarse a la soledad real en la que vivimos y morimos.  Todo lo otro que nos acompaña en el discurrir vital es el adorno necesario para que el drama tenga sentido.  Es el atrezzo necesario de nuestra gran representacion. 


Sea lo que sea en lo que hayamos decidido sustentar nuestra acción solo es posible tratarlo (con el objetivo de lograrlo) sin depender de que ello sea posible, ni de de que los logros en el camino sean el refuerzo que necesitamos para seguir avanzando.  Lo que justifica la accion no es que seamos capaces de conseguir nada (posibilismo basado en la creencia), solo se puede sustentar en hacer aquello que eticamente nos ha de guiar, independientemente del resultado final.  Ese es el argumento universal del Heroe.  El Guerrero no lucha para ganar, lucha por que es lo debido.  Y lucha hasta el final aunque sepa que no ganará o que morirá en el intento.  


Final subordinado: 


Lo que importa no es la meta (que depende de la creencia) sino el viaje que depende solo de nuestras acciones, tanto en lo publico como en lo personal e intimo.