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lunes, 20 de abril de 2026

Ella, cuyo nombre es Ausencia



El escenario es una mesa con cuatro sillas. Ella se levanta y se va… Suena la música de Old and Wise y entran dos personajes con sombrero y se sientan.  Albert llega después y se dirige a ellos de pie.


—Mirad, Alfons, ¿Armand? o Antoine… ¿Es que ya ni me sé vuestros nombres? No, no, enseguida me vendrán a la cabeza, volverán, necesito contaros algo muy importante… tengo que recordarlo antes de que Ella vuelva y se los lleve… sí, sí, lo que pasó aquella noche cuando me quedé solo y luego Ella (mira alrededor) se marchó… pero dijo que volvería…

—Vale, vale, Albert, cuéntanos, coño, que te veo nervioso, tranquilo, que no nos movemos de aquí… y no mires pa todos lados que no hay nadie más que nosotros tres… 

—Bien, bien, empiezo por un entonces… no, mejor por un érase una vez, no, no, vale, todo empieza, o sea, casi todo, después de que Ella, la Ausencia, cerrara la puerta y me dejara sentado frente a una mesa con los restos de una cena; en realidad creo que era una cena mental, porque estaba mi ordenador en la mesa en lugar de los platos… 

  En cuanto me quedé solo, entendí, comprendí o, mejor, pensé que necesitaba tiempo para analizar mis elaboraciones, sí, sí, me refiero a esas reflexiones que acabas convirtiendo en pensamientos elaborados; también tiempo para poner nombre a mis deficiencias, para ordenarlas en una escala que fuera de más a menos verosímil, y puestos ya en harina para revivir mis creencias sobre mi padre y la madre que me parió, o sea, para redefinirme… Yo soy así por… por tal y por cual… pero no, no, en realidad os tengo que confesar que todo esto lo pensé por momentos, lo dejé pendiente, pero en realidad solo estuve a punto de decirme que soy en exceso cartesiano, o sea, cuadradete, rígido, eso… .alemán, pero de los buenos… eh, con feelings, con corazón caliente… 

  Sí, quizás sea eso por lo que me siento cómodo con lo que es predecible. Necesito, —porque me gusta—, que mientras Ella, no esté, las causas produzcan siempre los mismos efectos; que las magnitudes inmutables lo sean de verdad; que el caos cumpla con su obligación de engendrar caos… Necesito predecirlo, comprenderlo, sentir que hay algo ordenado que guarda mis pequeñas, pretenciosas y predecibles conjeturas.

Solo así puedo sentir que soy yo… Sin embargo, ahora… Ahora que vuelve y me amenaza por la espalda, un poco a traición… de pronto ya no sé quién soy, ya no sé con certeza lo que significo, y tengo que volver a pensarme y rebuscar en la misteriosa lógica de un caos que se me escapa. En la débil estructura de unas creencias que se desmoronan, en las impredecibles consecuencias de mi frágil e insatisfactorio pensamiento, aquello que me define… Pero todo eso se va escapando como una niebla y es que Ella no me deja recordar… me está borrando mi existir… No sabéis cómo duele por dentro la pérdida… poco a poco, de mi memoria…


—Vale, tío, vale, respira, ¿qué cojones haces soltando este rollo? Joder, Albert, ¿es que no ves que el que lo oiga va a pensar que estás majara?   


—No, no, espera, que yo ya lo sé… ahora digo caos, probabilidades, magnitudes inmutables, o sea, todo complicado, y lo sé… Pero es tan bonito, tan bonito, darle a la parida mental mientras puedo… Mira, Antoine, no, no, Armand, me he pasado la mayor parte de mi vida elaborando hipótesis sobre el Misterio, con M mayúscula.  Y siempre he creído que Alan Parsons tenía razón, que primero debías ser joven y estúpido, y luego viejo y sabio… que eso de ser viejo llevaba a lo de ser sabio… pero no lo soy… bueno, viejo sí… Y para qué tantas vueltas, me pregunto, si Ella ha de venir y llevárselo todo.  Que a los setenta tenga la misma resaca que a los cuarenta es un drama en sí mismo… al que algunos llegarán, o no… Joder, tío, ¿tú qué piensas? Es que a mi ego le daría mucho palo que solo me pasara a mí… Dime, ¿qué crees?

—¡Motherfuck! Pero a ti qué te importa si llegan o no, no jodas, Albert, pero a ver, a ver, ¿tú quieres saber si les pasará lo mismo o lo que coño les dirás?…

Pues claro que le pasará a muchos, tranquiliza a tu ego que no es tan único… y, por otro lado, ¿qué coño les dirás si es el caso?… Pues eso, Albert, que entonces tendrás casi cien años y balbucearás otra vez: “Es Ella… es Ella, la Ausencia, la que tiene las respuestas… y se las llevó”. Venga, acábate la grappa y ve pensando en que todo esto es humo y que mañana será otro día. 

—Sí, ya va siendo hora, Albert…


—Vale, vale, pues os acabo contando algo que me pasó ayer mientras ordenaba escritos antiguos… bueno, escritos de Marta y Raquel, de cuando eran semipeques, que los guardo todos, vaya tela… Bueno, pues he sacado uno escrito a tus 17 años, Marta, cuando empezabas una especie de redacción-confesión que hiciste para mí (bajo pedido, como era mi costumbre pedagógica, sobre el problema del teléfono y los chicos), y empezabas con un: mayúsculas ERES EL MEJOR PAPI DEL MUNDO… joder, ¡qué guay! Y yo voy, y me lo creo, y me has hecho llorar… y luego que si la fulanita Carol te decía: “Joder, tía, qué bien que al menos tienes un padre con el que hablar y todo eso…” y me hacías llorar todavía más y ya casi no veía el teclado donde escribo… y entonces he encontrado otro papel que escribiste para la abuelita cuando estuviste en Tartera con ella… y ya parecía yo las cataratas de Iguazú, y estaba derramándome cuando me leo una cartita de esas que me escribías, joder con tus cartitas… A los novietes los debías de llevar de puto culo, no tiene labia la jodida… pues eso, que tenías 14 y empezabas: “Mami y Papi, os escribo para deciros que mis problemas no son con los chicos, no, son con mi hermana, que me trata fatal en el cole y me critica delante de mis amigos…”. Y seguía la carta para luego decir: “Porque con lo que yo la quiero… que es a la que más quiero en el mundo, ella no me trata como yo merezco y después se queja si yo me porto mal con ella, claro… Es que no sé qué hacer y me tenéis que decir cómo hacerlo para que ella me quiera tanto como yo a ella…” y después acababas diciendo: “Es que la pobre, como que es más pequeña, pues no sabe y supongo que cuando crezca me querrá más…” Joder, tía, pues ahora os queréis un montón y me he vuelto a poner lloroso pensando que tan mal no lo hemos hecho… 

Aunque lo que predice el caos no me deje afrontar la Ausencia, por ahora… sin asumir, no, sin inmutarme, no, eso tampoco, mejor mutándome en algo en lo que sustentar mis acciones… algo que Ella no se pueda llevar…

Pero, tío, Albert otra vez en la vena… ¿Qué es eso de sustentar tus acciones? Basura.  Tus acciones se sustentan en tu existir y solo necesitan que estés vivo, ni siquiera despierto. Anda, cállate y déjanos tranquilos, que todo lo demás son pajas mentales, a las que eres adicto.  


Para mi nieta con pedigrí… Niobe

VNG 16 Sept/2023-20 Mayo/2026



sábado, 17 de julio de 2021

Old and Wise

 


Old & Wise - Alan Parsons Project

Graznaban las gaviotas –alrededor de la torre Vilana– con pequeños mugidos, acordes graves que convocaban a la bandada. Era temprano en la azotea.  El sol, todavía no nato, alumbraba una raya en el horizonte y el aire olía a una mezcla de vertedero, glutamato y gasoil.    


Me había despertado el incómodo colchón de hospital y decidí explorar la azotea.  En los hospitales siempre hay una salida a la azotea. Recordé en ese momento cómo algunas veces, en el Hospital de Granollers, nos escapábamos a tomar el sol en la azotea con Andy y Neus.   La gravilla que siempre hay en los terrados, en la Teknon era de cantos rodados.  Los pies, al caminar, la hacían crujir y resonaba extraño en el silencio de la madrugada.  Encendí la luz del móvil para no tropezar y me senté, encarado al mar, en un saliente.  Barcelona se extendía a mis pies, dormida, soñando quizás con el apresurado día que estaba llegando. 


Esta mañana, o al mediodía, me iban a reparar la arteria coronaria descendente anterior. El riesgo era mínimo y no sentía ningún temor o desasosiego por el hecho de someterme a la colocación de un estent coronario.  Me pregunté si lo tendría en caso de existir un riesgo verdadero para mi vida. Llevo tanto tiempo aceptando el fin de mi existencia que la respuesta no tardó en llegar: no.


Marta piensa que soy egoísta porque no me importa lo que dejo, o sea, las necesidades de aquellos que lamentarían mi ausencia.  Quizás sea egoísmo, pero no me importaría dejar todo lo que tengo entre manos y pasar a otra cosa, sea la que sea, si es que es. O al simple apagón, si es eso lo que nos espera.   Las necesidades de mis prójimos son cosa suya.  Hay un tiempo para arar, uno para sembrar, otro para regar y ver crecer el fruto del esfuerzo, otro tiempo para recoger… y finalmente llega el descanso.  No es un ciclo que se pueda repetir, ni desplazar de la edad biológica que nos atraviesa.  A cada tiempo su afán.  Y el mío, si es que lo queremos llamar así, es salir discretamente de escena sin dolores acumulados ni cuestiones pendientes.  Solo en mi verdadera soledad interna, con mis cuitas personales, las que se derivan de mi propia introspección, las que arrastro edad tras edad, aquellas que no consigo cambiar y que regresan una y otra vez para recordarme que, por mucho que quiera lo contrario, no cambiarán, y que solo desaparecerán con el apagón.  


El sol relumbró un instante y por fin nació.   En ese momento empezó a sonar “Old and Wise” de la playlist de Alan Parsons que estaba escuchando en mis auriculares.  


“Hasta donde mis ojos pueden ver

Hay sombras acercándose

Son las de aquellos que dejé atrás

Quería que supieras 

Que siempre has compartido mis pensamientos más profundos

Y me seguirás a donde yo voy…


Ah… cuando sea viejo y sabio


Las palabras amargas ya no me afectan

Vientos otoñales me atravesarán

Y algún día en la noche de los tiempos

Cuando me pregunten si te conocía

Sonreiré y les diré que eras mi amiga

Y la tristeza desaparecerá de mis ojos


Ah… cuando sea viejo y sabio


Hasta donde mis ojos pueden ver

Hay sombras rodeándome

De los que dejé atrás 

Quiero que todos sepan

Que siempre has compartido mis horas más oscuras

Y que echaré en falta pensarte cuando me vaya


Ah… cuando sea viejo y sabio


Y las palabras serias que me lanzaron y golpearon

Pasarán a través de mí como los vientos otoñales

Y algún día en la noche de los tiempos

Cuando te pregunten si me conociste

Recuérdales que eras mi amiga

Mientras el telón final cae sobre mis ojos


Ahhh… cuando sea viejo y sabio”


Sí. Tan lejos como puedo ver, que en mi caso no es mucho…

Qué arrogancia asoma en eso de considerarse sabio.  Viejo, sí, cada vez más.  Pero lo de sabio no está a mi alcance.   La mañana había empezado y regresé a la habitación 304 antes de que descubrieran mi travesura. Allí me puse a escribir este recuerdo y traduje a mi manera la letra de Old and Wise


 



viernes, 20 de diciembre de 2019

La historia de un viejo sillón de flores

El tapicero se dio vuelta para buscar la cuarta resma de tela a flores... su sonrisa hizo un breve descanso escondida tras las columnas del almacén.  Aquella señora le estaba poniendo la paciencia a prueba.  Cogió el siguiente pliego de ropa y maldijo a su primo que aquella misma mañana se había llevado el “monstruario”.   A la señora tampoco le gustó.  
Volvió a la trastienda y le dio un sorbo al café, ya frio, que la clienta había interrumpido.  Sacó una resma nueva con flores y elevó un suplica al cielo.  Finalmente a la señora le encajó.  Acordaron que también tapizaría el puf a juego y después de hacerle cuatro números se despidieron hasta el día siguiente.  Recoger el sillón y el puf en su casa fue mucho más fácil.  La señora quiso saber cuando lo tendría listo.  Tres dias le dijo, y a ella le pareció mucho.  El tapicero no contestó, pero mientras bajaba por el montacargas masculló para si varias imprecaciones sobre la gente de Muntaner que creían que las cosas se hacen solas... pero lo dejó estar. No quería amargarse el día.  


Tiempo después el viejo sillón ocupaba el espacio de la salita como el trono de una reina. Y es que la mamá reinaba desde su sillón de flores.  Todos pasamos por la antesala de los trueques. Por la sala de vistas de tanto conflicto que nunca salió de la salita.  De aquellas confidencias que fueron filtradas para que el rey no torciera el gesto o denegara su acuerdo.  Ella sabia como hacerlo desde su sillón.  Era una gran dama sin camarilla de ministros ni consejeros. Ella, en apariencia fácil de trato, iba siempre un paso por delante de todas nuestras intenciones, peticiones y mezquindades varias.  El viejo sillón fue en esas épocas de los 90 su único y fiel consejero.  En él reposaba la cabeza y rezaba por todos nosotros día tras día.  Allí incubó ella su resignación y su virtud.  En él aposentó durante años sus viejas posaderas, en otro tiempo lozanas y juguetonas, que no en vano había lucido presumidamente durante su época dorada.  El rey siempre sucumbió a sus encantos buen mozo como era.  Pero todo tiene un principio y un fin.  También lo tendría el viejo sillón al pasar los años.  No nos adelantemos.

Recuerdo con claridad muchas conversaciones en la salita.  Pero las imágenes que me vuelven siempre son las mismas.  La mamá leyendo un libro con el punto de media y las agujas aparcadas “para después”, mientras se ponía sus cassettes de música clásica.   

El viejo sillón aguantaba los años con resignación, mientras aprendía de los demás y de la tele...   Cuantos sesteos y cabezadas dio en el sillón?  Cuantos momentos difíciles tuvo que aguantar sentada en él? Cuantas confesiones con el padre Eugenio oyó el viejo sillón a lo largo de los años?  Nunca lo sabremos pero fueron muchas...  

El viejo sillón acusó los años y empezó a renquear de una de sus patas traseras, la izquierda.  Recuerdo como lo reparé en Muntaner poniendole un nuevo taco a una de las ruedecillas que facilitaban su desplazamiento.  Muchos años después  volvería a hacerlo con la ayuda de Pirgio, ya en mi casa, y sabiendo que era un ultimo intento para evitar su ocaso.  

 El sillón siempre estuvo asociado a la mamá.  Pero también el papá refugió su cansancio vital en él durante años. Sobre todo hacia el final del invierno de su vida.  

Pocas veces me senté, entonces, en el viejo sillón.  La que si recuerdo con emoción fue tu ultima madrugada papá. Sentado en él, que pasé en la salita con la puerta abierta de tu dormitorio, asistí a la sigilosa llegada de la Parca que te llevaría del brazito a la trascendencia.   Fue un breve atisbo, pero algo imparable se apoderó de tu tos agonizante que me hizo acudir a tu lecho, incorporarte para que respiraras mejor y abrazarte para infundirte el acompañamiento del traspaso.  Exhalaste tu ultimo estertor en mis brazos apenas a unos metros del viejo sillón.  

Y si, sentado en el viejo sillón fue como te pensaba cuando pocos dias antes de dejarnos escribí unas lineas que ahora traigo al presente para alimentar nuestra memoria y la de los mas jóvenes que no te conocieron tanto como nosotros: los viejos hermanos que hoy nos reunimos.   

Dije entonces “No quiero despertar tu descanso.  Ayer tarde me quedé un largo rato a tu lado viendo como dormitabas.  Al pensar en tu vitalidad a la baja, pensé en mi propia existencia y envidié para mi unos ojos que atendieran mis semisueños finales como yo ahora hago contigo...”

Es difícil desprenderse de tanta costra de memoria como has acumulado viejo amigo, pero como sabes todo tiene su final.  Parece que en estos dias se ventila tu ejecución, a falta de un indulto de ultima hora.  Puedes estar orgulloso de tu función y, si los sillones tienen sentimientos, estoy seguro de que afrontaras con resignación y orgullo tu paso a otra nueva vida, quizás reciclado en el punt net de Vilanova, vertedero que seguiremos visitando con regularidad y recordando tu fiel servidumbre a la familia durante tantos años.  Que así sea. 


VNG 17 diciembre 2019

PD.  Habia considerado varios finales para ti amigo entrañable... desde retapizarte, lo que haria perder tu querida piel de flores, y no sé si te hubiera gustado, hasta llevarte al vertedero, pero nunca hubiera imaginado, y eso que tengo imaginación de sobras, a veces demasiada, que el indulto de Diogenes te salvaria de pasar a otra vida.  Pero lo que para mi casi siempre es un inconveniente puede dar sorpresas como esta.  Finalmente seguirás con nosotros, a pocos metros de donde estas ahora, al otro lado del viejo muro de piedra que nos separa de nuestros suegros.  Es un buen Christmas Gift, no te parece?

jueves, 21 de junio de 2018

La vida es com una pastisseria....



La vida es com una pastisseria. Des de fora tot sembla tan maco…
Però es quant entres, o quant neixes, que comences a veure els inconvenients.  Primer et toca fer cua fins que et fas prou gran per poder comprar. Els companys de cua no els tries sinó que et toquen al atzar. Has d’aprendre a ser pacient amb la senyora que tens dos per endavant i que no para de parlar per parlar.  Però el senyor que la segueix deixa’l anar.  No para de fastiguejar-te amb el seu diari i cada vegada que es gira per mirar a la porta et fica una fotuda pagina al ull. Però tot això no es res comparat amb els quatre que venen al darrere. No em parlem d’ells que em poso encara mes dels nervis. Amb el temps et vas fent a la idea de que  vas entrar a la pastisseria per que no hi havia mes remei. En realitat no hi havia elecció possible encara que algun babau de la cua intenti convèncer al personal del contrari.  Clar que això tan sols t’adones quan ja portes temps fent cua i ja no pots fer-te enrera.  La veritat es que de la pastisseria, com de la vida, sortim per caducitat, quan el teu fotut numero es cantat per la Maria, la dependenta que porta tanga i que de tant en tant et mira només per saber si es atractiva, o per accident si els de la Creu Roja et venen a buscar amb llitera per que t’has desmaiat de la calor que feia...  Però a la pastisseria també hi ha coses agradables com l’emoció de mirar-li els pits a la dependenta quan s’ajup a despatxar o les olors que anuncien el que desprès arribarà a la boca.  També es maca la estètica que domina tota la pastisseria, sobre tot els escaparates o les vitrines de dintre amb les seves falses bomboneres tan acuradament dispostes.  La pastisseria i la vida es el millor exemple del regne de les aparences, un mon pregnat de promeses que no sempre es fan realitat.  Al pas dels anys vas descobrint que el futur, que de petit o jove imaginaves es com un pastis, en realitat no saps res d’ell fins que l’has tastat i llavors ja es massa tard per dir que no t’agrada i decidir-te per un altre.  La dependenta del tanga no admet devolucions de pastissos començats.

martes, 2 de enero de 2018

La Tangente perfecta (TP) o como escapar del estado de Anicca...


Había oído hablar de la Tangente Perfecta (TP).  Solo la mencionaban los antiguos.  Fue en la Meijie donde entendí que si no encontraba al maestro de la TP nunca accedería al grado Sensei¹ del Telemark-Zen².  Así empezó mi búsqueda.  Hube de inclinar una y otra vez el espinazo.  La TP se mostraba con esquiva tacañería.  Finalmente recibí un e-mail que me convocaba al Dokusan³, un encuentro en la soledad de la nieve.  La segunda semana de marzo dejé el coche en los baños de Tredos en donde el Roshi me esperaba vestido con su Rakusu encima del gore Arcteryx.  Nos internamos por Colomers. Pasamos por el refugio que estaba cerrado.  Seguimos subiendo con nuestros esquis ya calzados con pieles. LLegamos a la cuenca lacustre.  Alli a los lagos los llaman estanques. Dejamos el Estany Major, luego el Mort, el Garguils de Baix y el de Naut.  El maestro de la TP no se detenía.  Siguieron el Estany Tort, el Gelat, el Podó.  Yo no podía más.  El maestro solo paraba dos minutos en cada lago.  Empecé a darme cuenta de la circularidad del trayecto.  Después del Podó vino el Obago, el Llong y nuevamente el Major de Colomers.  El maestro volvió a remontar incansable en dirección al Estany Mort, el Garguils....   Hice esfuerzos para no abandonar.  Me concentré.  Cuando llevábamos tres vueltas al circuito mis reservas de Isostar y de frutos secos se habían acabado.  El maestro solo bebía agua.  Mis ojos no cesaban de mirar los collados o puertos por donde deseaba trepar para huir.  El Port de Caldes lo había dejado atrás, estaba al acecho del Port de Colomers y a mi izquierda, a lo lejos, se veía claramente la salida hacia el circo de Saboredo por el Port de Ratera.   La Tangente era la salida.  Pero el maestro no parecía indicar un movimiento en otra dirección que no fuera el circuito de los lagos.  A la quinta vuelta se detuvo sobre el mismo Estany Mort, hizo un Gassho y me dijo estas palabras a modo de Koan

“A menudo la tangente de nuestro actuar se logra usando la energía de choque entre la imposibilidad para la acción frente a la necesidad de analizarlo todo de nuestra mente pringada, sedienta de respuestas que no lleven contradicción.”

El maestro me dejó entre las manos un Kotsude cerezo, se dio vuelta y se alejó  en dirección opuesta.  Empecé a reflexionar sobre sus palabras y entendí que la vida nos emplaza para dar respuestas a eventos de toda clase.  El ser poco sometido a introspección, cree disponer de una conciencia unificada que actúa como centro de las decisiones que le impulsan a obrar (pero es Anatta y él no lo sabe).  Abonado a esta suposición cree que tomará decisiones consecuentes con el que cree ser.   Pero si la introspección no es superficial, no tardará en descubrir la contradicción en la que conviven sus tendencias.  Empezará por ver que su voluntad tiene varios dueños, que su decisión de ayer es discutida hoy por un nuevo deseo, que su emoción fue capturada por algo que su mente no admite como válido o que su gusto por un manjar choca con sus conocimientos dieteticos...(despertará entonces en él la necesidad de dejar el estado de Anicca¹⁰ o sea la necesidad de perseguir el Reino de la Nieve Perpetua, el Cielo de los Practicantes del Telemark-Zen).  Siendo así, aceptará la contradicción en las respuestas que su día a día le obliga a dar y verá con vértigo el vacío sobre el que transita.  Todavía ajeno a la idea de que es imposible zafarse de esta condición, tratará de encontrar validez a las respuestas y buscará el origen de los condicionantes que aprisionan su obrar.  Así se acercará lentamente al primer paso necesario para tomar la Tangente. En ese mismo momento entendí lo que el Roshi me había estado mostrando. Solo podía escaparme hacia la Gran Curva, hacia el esperado descenso, cuando hubiera reunido en mi la fuerza para escapar a la circularidad en la que él mismo, metafóricamente, me había aprisionado.  Ya era casi de noche cuando, tras trazar unas hermosas curvas tangentes en la nieve de las laderas del Port de Caldes,  conseguí desatrancar la puerta trasera de la parte libre del Ventosa.  Hacía 10 bajo cero.


1/ Sensei: maestro del Telemark-Zen
2/ Telemark-Zen:  es la práctica del esqui de telemark al modo del tiro con arco del Zen clásico.  Una disciplina mental que se practica con el cuerpo.
3/ Dokusan: reunión privada de trabajo entre un maestro y un discípulo que puede durar desde horas a dias. Al final de ella el maestro entrega generalmente un Koan.
4/ Roshi:  grado máximo de maestro del Telemark-Zen
5/ Rakusu:  literalmente la túnica de Buda, es una túnica corta que se emplea para enseñar y se coloca encima de la ropa técnica de esquí (en este caso una chaqueta Arcteryx)  solo en el Dokusan.
6/ Gassho:  saludo juntando las manos frente al pecho como si quisieras rodear el tronco de un árbol.
7/ Koan:  acertijo o juego de palabras que el maestro propone al discípulo para ver si es capaz de resolverlo y demostrar que puede acceder a un nivel superior de enseñanza
8/ Kotsu:  bastón o vara, de cerezo generalmente, que un maestro entrega a su discípulo cuando lo encuentra capaz de acceder al grado de Sensei. Tiene el tamaño de un lurk o baston de telemark nordico, pero al final de un extremo adquiere forma curvada como la columna vertebral.
9/ Anatta: es la característica del mundo que no tiene yo, ni alma. No tiene ni ejerce poder alguno para cambiar nada. El hombre mientras no deja el ciclo y conoce la iluminación es anatta y no lo sabe. 
10/ Anicca: en sánscrito quiere decir impermanencia.  todo lo que nace, vive y sufre cambio es impermanente.

Marzo 2007

miércoles, 12 de abril de 2017

Cuando era pequeño me decian que el amor humano partía del reflejo del amor a Dios


Cuando era pequeño me decían que el amor humano partía del reflejo del amor a Dios.  Siendo así, cabía esperar de él que fuera perfectible y permitiera soslayar de continuo las deficiencias de la propia y personal naturaleza humana.  Siendo así, había disculpa para la contradicción.  Era de esperar el reparador perdón frente al error posible. 

Cuando crecí me empecé a dar cuenta de que no todo lo que me habían dicho era aceptable.  Y hube de revisar las bases sobre las que sustentar mi acción. 

Cuando el amor humano no es más que un fin en sí mismo, no herramienta para la propia perfección, el hombre esta caminando hacia un tipo de trascendencia diferente.  No está en el plan de la obra divina sino que trabaja en su propia obra, es él mismo frente a la nada y no cabe pasar por alto la contradicción. Ha de aceptar lo que realmente es, desde lo más bajo hasta lo más sublime.  Es un trapecista que evoluciona sin red.  Camina como un funámbulo sobre el abismo sin esperanza.  No existe el perdón, ni las excusas, ni la justificación que soborna a la conciencia, que la tranquiliza o adormece.  Ya no se cuenta con la proyección hacia la figura del Padre, o sea del Dios sobreprotector que concede la pervivencia y admite hasta el último instante la esperanza.  En efecto, la dificultad de prescindir de lo divino es la dificultad inherente a la emancipación del padre, en realidad la dificultad es tal por que en nuestra mentalidad judeocristiana el acto de prescindir nos sitúa necesariamente frente a un equivalente del acto de matar al propio padre. 

 Vivir de esta manera, tras ese peculiar parricidio, implica aceptar como compañera a la angustia ante las dudas sobre la propia existencia y a la angustia frente a la nada de Kierkegard.  La nausea Sartriana. 


// El amor, la creación, la soledad, la muerte y la nueva vida.   El amor busca al objeto de amor para concretar su obra. Y tiene lugar la creación.  Frente a la insignificancia de la obra se descubre la autentica dimensión de lo que nos es ajeno: lo que no tenemos ni tendremos nunca.  Tras la creación se descubre necesariamente la soledad.  En realidad esta se nos aparece biológicamente, pues, tal como la muerte, ha estado presente desde el primer instante de nuestra existencia.  Finalmente la aceptación del propio fin como descanso a tanta soledad es el final de la batalla por la propia vida.  La muerte será la derrota de la esperanza, de los cobardes.  Pero es la victoria del que se emancipó del padre, del que decidió volar  en el trapecio sin red de protección bajo los pies, sin esperanza.  La muerte, vista así, es la demostración de su futilidad.  Trascender este limite permite a la obra seguir su propio desarrollo, nacer a una nueva vida,  ajena al destino biológico de su origen creador.  Así la esencia del hombre se perpetua, trasciende su contenedor, su biología, su límite; ilumina más allá de su existencia inicial, prosigue la creación en una nueva existencia.  Gracias al amor, la creación, la soledad y la muerte.  //

fragmentos de ‘Granollers Mon Amour’
mcAlbert,  primavera 1997

jueves, 10 de abril de 2014

El sueño del Icono... cuando vi a Gurdjieff, Ouspensky y René en una alfombra voladora


Una vez soñé que venían a mi encuentro Gurdjieff, Ouspensky y René.  Se bajaron de una especie de alfombra voladora. Iban vestidos con túnicas blancas ceñidas a la cintura por una especie de cinturón-cordon negro, como los derviches voladores, pero sin el gorro cucurucho.  Su talante era jovial, me quedó la impresión de una cierta tomadura de pelo de la que después no podría explicar ciertos detalles dada su falta de credibilidad.  Me dijeron que venían a hacerme preguntas y que según las respuestas ellos tomarían una decisión.  No permitían que yo preguntara ni les interesaba lo que yo pensara de ellos o de la situación.  No quisieron aclarar que tipo de decisión tomarían o dejarían de tomar. Todo era entre enigmático y burlón.  Lo primero que me preguntaron era si creía ser feliz. Lo recuerdo por que me pareció demasiado banal para su pretendida altura espiritual.  Contesté que si : Que lo creía, lo sentía y lo era.  Gurdjieff río jocosamente y dijo exactamente esto : Joder, otro proyecto de ser tricerebral ignorante ! ! !.  Los otros dos solo se sonrieron.  La siguiente pregunta fue : describe con pocas palabras aquello en lo que fundamentas tu existencia.  Se lo expuse largamente y no me interrumpieron ni una vez. Al acabar, René me preguntó:  sobre todo lo expuesto tienes algún icono (ejemplo de lo que has dicho que sea fácil de captar, transmitir y/o explicar a los demás).  Le contesté que no me había parado a elaborar nada parecido.  Entonces me dirigió el dedo índice a la cara y me “metió” un icono al mismo tiempo que me decía:  Yo te he enseñado algunas cosas y me corresponde darte un icono.   Después se fueron como habían venido, volando hacia una niebla que los hizo desaparecer.  Yo me desperté y sentí la necesidad de escribir lo que había soñado.   Siempre he creído que fue elaboración de mi pensar todo lo que hablé e hice hablar a los demás.  No me cabe duda de que Popper lleva razón cuando habla del Mundo 3.  Ciertas ideas adquieren vida y desarrollo propio al ser sembradas en el medio adecuado.  Esta es la importancia del desarrollo evolutivo de esas ideas :  las espermátides del alma de la humanidad.




 ICONO
 

Nuestra existencia terrenal es como la de una bombilla. Alumbra mientras tiene corriente eléctrica. Muere como tal cuando queda sin electricidad.  Pero la luz que emite una bombilla viaja por el espacio y no desaparece nunca, así es como la luz sobrevive a la propia bombilla.  La bombilla puede morir al ser aplastada accidentalmente, o puede fundirse, o puede gastarse de vieja o quedar súbitamente sin energía. Pero la luz que emitió seguirá viva difundiéndose en el espacio infinito viajando a la velocidad de la luz en busca de los límites del universo. 

La esencia de la bombilla es alumbrar. Osea emitir luminosidad.  La esencia del ser humano es albergar un emisor de energía especial (la energía espiritual que nos anima como un hálito que da sentido a la materia : la llamaremos energía vital).

Ni todas las bombillas son iguales ni todos los seres vivos de la naturaleza tienen la misma calidad de emisión energética.  El hombre es una bombilla con capacidad de autoconciencia y posibilidad de modular la luminosidad que emite. El hombre puede trascenderse. El hombre puede hacerse hijo de si mismo transmutando su conciencia desde su ser físico hacia su emisión de luz. Es en ella como puede vivir eternamente.  Mas las capacidades y las posibilidades son solo eso.  Solo el trabajo constante en la correcta dirección da el fruto esperado.  Los otros caminos son necesarios a muchos pero son solo caminos que se pierden en el nada más.                           
nov 97

domingo, 15 de enero de 2012

Mientras el Estado duerme...

   
No ha cambiado mucho mi transcurrir vital en los últimos tiempos. Desde hace años los pasos que doy son producto de elecciones ante la vida que me llevan a cuestionar los verdaderos motivos que mueven mi deseo de seguir haciendo lo que hago… 

Ahora estaba en plena campaña electoral. Se renueva en mi, por imperativo temporal periódico, una parte del senado y una parte del congreso. El gobierno actual tiene serias dudas sobre su continuismo, yo mas bien diría que el presidente del ejecutivo, yo mismo, tiene la secreta esperanza de que le den un poco de descanso y que sea otro el que se haga con los trastos del mandar. Está deseando retirarse a su casa de la montaña para meditar y escribir. No obstante su responsabilidad política le tiene comprometido con el partido que encabeza y ha de hacer un ultimo esfuerzo parodiando la seguridad de una nueva victoria electoral. 

Hoy, mientras regresaba del consabido almuerzo de trabajo de los martes, en la cafetería de la sede del partido, venia recordando la entrevista que concedió ayer a una destacada periodista americana del semanario Freedom. Una discreta sonrisa se le escapaba mientras se arrellanaba en el confortable asiento trasero del Opel Senator blindado que lo llevaría a la presidencia del gobierno en Castellana. Estaba dispuesto a recordar y lo haría a fondo.  

La había conocido hacia al menos 10 años cuando le encargaron el seguimiento de su primera campaña electoral. En aquella época era una jovencita agresiva que utilizaba su atractivo personal para acercarse a los líderes políticos. Su propia oficina de prensa le había prevenido diciéndole que no era de los nuestros. Recordó como le había fastidiado aquella advertencia. Esos perdonavidas del departamento de relaciones publicas siempre se adelantaban a cualquier posibilidad de que uno descubriera las cosas por sí mismo.  Entonces no le dejaron que fuera entrevistado por ella.  Ahora se había tomado la revancha y había dispuesto la entrevista de forma que no pudiera asistir ni siquiera su jefe de prensa.  Allí estaba ella esperando sentada en la antesala de su despacho, se levantó al serle anunciada por el ujier su llegada, lo hizo sin presteza, como dando tiempo a que se comprobara el carácter felino de sus movimientos más mecánicos. El ujier mantuvo la puerta del despacho abierta mientras ella seguía al presidente.  Tomaron asiento en el tresillo Chester de piel de búfalo.  Mientras sacaba la grabadora le preguntó si la recordaba a lo que, sorprendido, él contestó que no se habían visto más que en alguna sala de prensa… ella hizo un gesto como asintiendo y él sostuvo la mirada de sus pupilas verdes el tiempo suficiente para que ella supiera lo que sucedía. Lo supo al instante y aprovechó la ventaja que eso le daba para empezar preguntando:


– puedo asegurar a mis lectores que es usted un hombre integro?

– señorita, usted puede asegurarlo porque yo así lo creo, pero otra cosa será que todos ellos por un igual lo crean. Los hombres públicos tenemos la obligación de serlo y por ende de parecerlo. Ese es un trabajo constante en el que esta empeñado no solamente el interesado sino también sus consejeros de imagen. Por contra, usted sabrá mejor que yo que el empeño de algunos sectores de la sociedad, interesados en que parezca lo contrario, trabajan intensamente para demostrarlo. Quiere tomar té o prefiere café.

– muchas gracias, no acostumbro a tomar nada durante mis entrevistas. ...Sr. Presidente, es usted el verdadero responsable de la política del gobierno?

– mire, esa es una pregunta con doble sentido. Si admito mi responsabilidad única habrá quien crea que el partido al que represento no tiene parte en la gestión publica. Por otro lado si le digo que las decisiones del ejecutivo están inspiradas en las directrices del congreso del partido o subordinadas a la ejecutiva de aquel, alguien puede pensar que mi figura es meramente decorativa.  Pero ciñéndome más a su pregunta le diré que el aparato del partido controla mi gestión y en definitiva me da su confianza para que actúe libremente. Si algo sale mal he de rendir cuentas ante la comisión de control de la ejecutiva del partido. Siempre es, por tanto, una responsabilidad personal aunque inmersa en la filosofía que emana de las bases hacia el congreso del partido. Sin embargo, y más allá de su pregunta, le he de decir que creo poco en la palabra responsabilidad. Generalmente tras esa palabra esta el vacío real de un contenido posible. Mientras esa posibilidad no sea efectiva, y real, hablar de responsabilidad es simplemente jugar con las palabras.

– pero usted me intenta decir que no cree en los actos responsables, es eso cierto?

– depende del grado de certeza que usted exija a mi discurso.  Así, si lo que me pide es una definición de mi responsabilidad original como ser humano, le he de confesar que tengo serias dudas sobre la posibilidad de llegar a concretarla en términos inteligibles para la mayoría...

– bien… entonces limitémonos a la expresión personal de lo que para usted es ser responsable, si es que usted puede concretarlo para usted mismo. Después veremos si los demás lo podemos entender o no.

– de acuerdo; creo que el ser humano difícilmente es libre de ser en sí. Ordinariamente existe en sí, que no es lo mismo. Esta diferencia hace del término responsabilidad algo vacío o algo real. Mientras solo existe en sí, el ser humano no controla lo que sucede ni afuera ni adentro de su acontecer existencial.  Es víctima de las circunstancias que lo llevan de una situación a otra, a pesar de que la cohesión de sus actos y la presencia de una identidad bien apoyada por lo fenoménico le hace creer que es el quien realmente dirige sus destinos...

– entonces según esto usted no cree en la libertad de opción del ser humano. Me viene a decir que el ser humano siempre actuaría limitado por esas circunstancias que lo empujan a actuar de una manera o de otra. Es eso lo que quería decir?

– pues sí, aunque suene muy ortegiano creo que para entender el actuar del hombre no se puede separar a este de sus circunstancias. En tanto este no asuma sus circunstancias como factores propios de su esencia, de su ser, estaremos jugando al juego de creer que soy algo que no soy. La reina de este juego es la apariencia. El ser humano, frecuentemente, gasta toda su pólvora en comprar apariencias que enmascaran lo que no ES y permiten una EXISTENCIA confortable y acorde con lo que le rodea. El juego de las apariencias es un mecanismo biológico que permite la supervivencia del único animal que conocemos como racional. El ejercicio autentico de la racionalidad llevaría a superar este mecanismo biológico de conservación. Pero no encontramos en todos los hombres el impulso necesario para la practica de esta racionalidad, diríamos… de alto nivel. Hasta el siglo XIX el planteamiento profundo del SER ha estado unido siempre a las ideas religiosas. Pese a que existían los embriones filosóficos de este planteamiento desde antiguo, la filosofía estaba demasiado alejada del nivel practico para que fuera útil o siquiera aplicable a escala de la humanidad. Tan solo los movimientos religiosos llegaban a conectar con el hombre practico para moverlo en una determinada dirección que lo apartara del nivel exclusivamente biológico, sensual, en el que la supervivencia de la especie lo mantenía.  Quizás porque arrastramos esta rémora de siglos es por lo que cuando uno habla de estos temas frecuentemente es tildado de místico o iluminado. En realidad el peligro de caer en manos de revelaciones fantásticas de todo tipo es grande. Cuando uno se lanza al apasionado descubrimiento de lo que ES, inicia un camino lleno de dudas y con frecuencia se siente tentado de acogerse a explicaciones oportunas que iluminan momentáneamente el camino. Nuestro siglo empieza a estar plagado de sectas y movimientos que abordan la ontología cósmica y la metafísica desde atractivos planteamientos que analizados a fondo no son mas que variaciones de nuestras clásicas religiones reveladas, pero esta vez sin liturgias ni santorales, sin túnicas azafranadas ni monasterios recónditos, sin kharems ni peregrinaciones, sin koans ni satoris...

– asi pues, según usted para que un hombre sea responsable de sus actos primero debe de asumir sus circunstancias para dejar de existir simplemente y pasar a ser. Pero yo le pregunto: ¿cómo se da este paso, que usted describe tan facilmente?

– perdóneme si le he podido parecer pedante, pero no crea que lo describo tan fácilmente, tengo mis dudas de que esa descripción tenga la validez universal que usted quiere asignar a mis palabras.  Verá, para mí el principal bagaje de un hombre mientras vive son sus dudas. Sin duda tan solo hay quietud, la quietud del cementerio. Las certezas, ya lo dijo alguien, son propiedad de los iluminados y de los muertos. Yo tan solo constato, al mirar a mi alrededor en la vida, que es muy frecuente que las gentes siempre quieren ser algo. Uno quiere cambiar su vida, otro quiere ser director general, otro que es bajo quiere ser alto, aquella que es morena quiere ser rubia, aquel que es campesino quiere ser obrero industrial, aquella que es modistilla quiere ser actriz de cine, etc, etc.. Sin embargo ese querer ser algo casi siempre se refiere a calidades exteriores. Por otro lado la historia natural del ser humano pasa por una infancia en la que se enseña continuamente desde la apariencia. Se vive desde pequeño el valor de lo ficticio y pocas posibilidades tiene el ser en formación de preguntarse por SI MISMO. Pueden pasar décadas hasta que el hombre se plantea que no se ha encontrado a si mismo, que tan solo tiene de él retazos y adornos superficiales que lo han mantenido atento a una ficción de sí. Empezar a asumir esta realidad, constatada el día menos pensado, no es fácil. Sobre todo si se tiene una cómoda posición vital. Dejar lo andado, prescindir de lo conseguido, arriesgarse a comenzar una investigación biográfica que no se sabe dónde acabara no es empresa que anime a cualquiera. Es muy comprensible que de los pocos que llegan a plantearse este proceso, todavía sean menos los que decidan seguir hacia adelante… Asumir las propias circunstancias es un proceso tan personal que la prudencia aconseja no hablar de ello mas que por referencias a lo muy personal e intimo, …si es que se ha vivido el proceso. Para acabar podría decir que esta tarea es para mí la que dota de verdadero sentido a la vida de un hombre.  Cuando un hombre asume su condición de hombre publico, desde la asunción de las circunstancias que lo han llevado a serlo, entonces puedo decir que llega a conocer las limitaciones de su responsabilidad. También es cierto que entonces nadie más que él mismo puede juzgar el alcance de su verdadera responsabilidad, que no tiene porque coincidir con el juicio que los demás desde su posición de espectadores superficiales pueden llegar a hacerle. 

La entrevista se había acabado. Ella tenia los ojos entornados y miraba fijamente la grabadora. Cuando deje de hablar, la paró, levantó la cabeza y me miró. Supe que se había enamorado de mí en aquel momento.            


Mi pobre presidente de gobierno llegó al final de sus recuerdos cuando el chofer le abrió la puerta frente a presidencia. Le deje sumergirse en sus preocupaciones para volver mi atención al hecho mismo de que mi Estado necesita una renovación interior que ya no puedo aplazar…


Fragmento de “Mientras el Estado duerme”

sábado, 29 de mayo de 2010

Cuentos

Soy pediatra, padre y, en pocos meses, seré abuelo.  Mi experiencia con los niños me ha enseñado el valor de los cuentos.  Empecé a contar cuentos a mis hijas cuando eran peques, y recuerdo que era un reto a mi inventiva y, sobre todo, a mi memoria, pues los niños gustan de que les cuentes los mismos cuentos y sobre todo anticipar, o sea saber lo que va a pasar a continuación.  Mis cuentos muchas veces eran invenciones, o variaciones, de aquellos que la narrativa popular me había enseñado en su momento.  El problema era recordarlos tal como los había contado la vez anterior, pues la memoria de los niños es aguda y ellas, mis hijas, recordaban mejor que yo los detalles.  Así, sucedía que cuando pasábamos por determinado castillo, en nuestros viajes, el cuento relacionado no podía confundirse con el de otro personaje porque enseguida era denunciado y puesto en evidencia por mis sagaces ‘enanas’…  Con el tiempo se pasaron los años de contar los cuentos del Castillo del Principe de las Zapatillas Rojas, o el del Ogro del Rio Freser… y, con ellas ya grandes, cambié de público para seguir contando, siempre que podía, cuentos sencillos y breves a los niños de mi consulta en el rato que duraba la visita. 

Los cuentos no son necesarios, y seguramente hay niños que en su infancia no han recibido este regalo. Pero son útiles para despertar la imaginación, el afán por leer, el gusto por la aventura, la emulación de las hazañas de los héroes, pero sobre todo por que la mayor parte de los cuentos tienen oculta alguna deducción moral, ética o reflexiva que invita al niño a interrogarse por aquello que no conoce.  Es fundamentalmente una ventana al mundo por la que asomarse y comprobar que más allá de la vida que conocemos, existen otras posibilidades mágicas, otros lugares, otras gentes que no son como los que vemos cada día.  Es una forma de incentivar el viaje fuera de si mismo, al tiempo que nos preguntamos quienes somos, de donde venimos y adonde queremos ir.