domingo, 23 de septiembre de 2012

Benvingut/da a una casa nova







PUNTS CARDINALS PER UNA NOVA CASA

EL NORD:  LA TOLERANCIA
EL SUR:     L’ORDRE
L’ EST:      LA GENEROSITAT
L’ OEST:    EL PERDÓ







BENVINGUDA SIGA LA TOLERANCIA
Si ets tolerant els altres ho seran amb tu.  Si no es aixi, la convivencia es torna un “toma I daca”, un:  ara esperaré que tu fallis per tornar-te-la...
A certa edat no es possible canviar la manera de fer... no pots educar sempre a tots el que no fan exactament el que tu voldries... i de la manerta que tu voldries.
Posa normes (si creus que certes coses ho necessityen), si,  i confia en que els altres intentaran respectar-les, pero quan no ho facin, no els hi tinguis en compte, no ho fan per que no vulguin si no per que no en savem més o no han tingut prou atenció en aquell moment... segur que no ho amb fet amb la intenció de fastigaixar-te.   Em de ser com la nit, que tot ho tapa,  quan advertim un error o una flaquesa en els altres...

BENVINGUT SIGUI L’ORDRE
Quan les coses son al seu lloc es més facil trobar-les i perdem menys energia en recuperar-les quan fan falta.
L’ordre a l’habitatge no es arbitrari ni cosa de més de una persona.  Ha de haber un lideratge en la forma de establir un ordre.    Sino cada qual tindria una forma diferent de establir-ho. 
Els efectes personals son altre cosa.  Cada qual l’estableix el seu i es posa fites per crear uns habits que el facin facil recordar on deixa les coses o guarda les coses.
Quan un ordre domestic es establert cal respectar-lo i posar interés en fer-te’l teu.

BENVINGUDA SIGUI LA GENEROSITAT
Sempre es pot ser més generós.  La generositat és a la base de totes les accions positives que ens representen.  Som el que fem, no el que només mostrem o diem.  I si les accions que emprenem son generoses els nostres actes seran positius i mereixerant respecte.   Quan mes generos siguis mes rebrás el reconeixement dels altres en forma de generositat reciproca.  Como diu Rumi, el poeta sufí, quan siguis generos, sigues com un riu desbordat...

BENVINGUT SIGUI EL PERDO
Perdonar es deixar que la culpa passi de llarg.  Perdonar es no creure que hi ha un culpable del perjudici que has sofert.   De la mateixa manera que no cal perdonar a la pluja excesiva quan et fa malbé un jardi, per que no la culpes, no cal CULPAR a qui et crea un problema o et perjudica.    El causant del mal que tu pateixes pot estar influit per moltes raons que no el fan responsable.


Venim de la tolerancia dels nostres avantpassats que varen fer possible succesivament la existencia de una genealogia, som fruit del ordre que varen establir les nostres families cada qual a la seva manera, som el resultat de la generositat dels nostres pares i caminem cap a l’experiencia del perdó amb els nostres fills.

lunes, 27 de agosto de 2012

La función de la personalidad: el desarrollo del Individuo


La personalidad es la cáscara que protege la esencia del Ser.  La máscara tras la cual se esconde el ser que somos.  La parte del ser que solo aparentamos, nuestra personalidad, puede estar más o menos estructurada, organizada alrededor de un reconocimiento egoico, y la fortaleza de esta construcción yoica depende del desarrollo que ha tenido en los primeros años de vida.  En algún momento de nuestra biografía aparece en la conciencia del “yo soy” la duda de quien o qué somos.  Ese puede ser el inicio de un despertar que, si somos capaces de hacerlo, nos conduzca al  desarrollo del Ser que somos y no al que aparentamos. Al Ser que hemos olvidado que somos. 

Pero empecemos por el principio.

Al nacer no tomamos conciencia de nuestra existencia hasta que no podemos tener la noción de “quien soy”.  El nacimiento es un trauma por el que todos pasamos necesariamente.  

De pronto nuestra imprecisa existencia, sin conciencia exacta de qué o quien somos, se ve perturbada por un cambio brutal del medio de vida.  Nos hemos de asfixiar, dejando de respirar el líquido amniótico, para abruptamente pasar al medio aéreo y aspirar la primera bocanada de aire que oxigenará nuestro sistema pulmonar.  El trauma del paso por el canal vaginal, una enorme presión a la que somos sometidos, escurre todo el líquido pulmonar que hasta ahora inundaba los pulmones.  Los alveolos pulmonares se desplegarán unos instantes más tarde con la primera aspiración y descubrirán que están diseñados para usar el medio aéreo en la obtención de oxigeno.  Durante la gestación la sangre no pasaba por los pulmones, estos simplemente estaban llenos de líquido amniótico, el líquido en el que flotamos durante nueve meses.  La oxigenación de nuestro organismo la recibíamos del torrente sanguíneo materno que, a través de la placenta, nos cedía el oxigeno y los nutrientes que necesitamos durante el embarazo para crecer y desarrollarnos.  En el momento del nacimiento, la circulación sanguínea sufre un colapso a nivel umbilical para desencadenar la circulación a través de los pulmones. El corazón y los grandes vasos sanguíneos sufren cambios, cierre del conducto arterioso y del foramen oval, que permiten el inicio de la circulación sanguínea pulmonar. A partir de este momento recibimos la oxigenación del intercambio aéreo alveolar pulmonar y dejamos de depender de la circulación placentaria materna.   

Todos estos grandes y traumáticos cambios suceden en pocos minutos.  Hemos visto la luz. Nos han alumbrado.  El receptáculo del Ser, el cuerpo físico del recién nacido, deberá sobrevivir al trauma del parto.  Lo normal es que así sea.  Seguirán tiempos difíciles para el cuerpo físico, un aprendizaje lento de adaptación al nuevo medio. El Ser, sin saber todavía que es, adquiere tempranamente conciencia de su vulnerabilidad y encarga al cuerpo físico su defensa.  El recién nacido manifiesta pronto su temperamento innato, algo que la herencia genética ha incrustado en el individuo como si fueran los instrumentos mínimos para sobrevivir, como un equipaje de emergencia que viene de serie.   Ese temperamento marcará sus primeros intercambios con el medio, con el mundo, con los otros individuos.  Descubrirá que para reclamar sus necesidades ha de expresarse.  Y se expresará según le dicte su temperamento.  Su temperamento marcará los intercambios con sus cuidadores y descubrirá que puede acercarse o alejarse de las condiciones ideales en las que creció en el seno materno: confort, abrazo, arrullo, caricia, sonidos dulces… e intentará que se mantengan o reproduzcan y se quejará cuando se le nieguen.  El medio no le dejará buscar siempre ese confort y aprenderá a conformarse con más o menos tolerancia según sea su temperamento.  

En esta primera fase de su infancia todavía no está claro quien es.  Necesita que la madre le separe del todo, que sea posible reconocerse como aislado, como individuo único y no como parte de algo.  El parto físico no siempre va acompañado de un parto psicológico, lo normal es que haya un retraso en el parto psicológico y que este se produzca pasado un tiempo del nacimiento físico.  Depende de la personalidad materna que este retraso sea más o menos largo. 
Pero más tarde o más temprano será posible reconocerse como individuo y nominarse.  El ambiente, el entorno, le nominará tan repetidamente que acabará reconociéndose como algo separado de su madre. Ese es su nacimiento psicológico.  Por fin es alguien.  Sin embargo su esencia sabe eso desde siempre, pero no existe manifestación real de su esencia pues primero  necesita crecer y desarrollarse, ahora solo esta en fase embrionaria y no puede actuar per se, es por ello que el ser indefenso que ha nacido fisicamente primero y psicológicamente después, necesita proteger al ser que lleva consigo.  Esa es la razón de ser de la máscara, de la personalidad que trata de preservar, ocultar, a la esencia.  

Durante el resto de su vida, la personalidad ira enriqueciéndose, formándose primero un carácter sobre la base del temperamento y en función de la suma de normas, reglas e imposiciones culturales gravadas sobre las experiencias que se van sucediendo y modelando conductas, creando mecanismos de respuesta automatizados que crearan un patrón por el que seremos conocidos.  Todo ello conformará finalmente una personalidad más o menos rica, más o menos estructurada y mas o menos cristalizada e invariable.  

Aunque el mecanismo esté diseñado inicialmente como una forma de protección del “yo soy” esencial, del sentimiento egoico, con el paso del tiempo el “yo soy” se identifica con la personalidad olvidando que se es un personaje, que somos provisionalmente una dualidad, confundiendo personaje y actor, y en consecuencia haciendo que las posibilidades de que la máscara creada, la personalidad que oculta al ser, acabe cayendo y desvelando a la esencia, sean mínimas.  Lo habitual es que la máscara acapare el protagonismo del ser y la esencia quede olvidada, como una semilla que no llega nunca a germinar.  Ese es el destino habitual del ser humano.  Convertirse en un individuo.  Un actor que acaba identificado con su personaje.    

Diccionario General Etimológico de Roque Barcia (edición 1883). “Dícese del adjetivo Individuo: aquello que no se puede separar ni dividir, en cuya acepción es sinónimo de indiviso.”  

Cuando por las razones que sean nos replanteamos nuestra existencia y aparece la duda de “quien soy” se abre una puerta a un camino que, de recorrerlo, nos llevará de vuelta a la dualidad, si éramos indivisos, ya no lo volveremos a ser.  Dejaremos el estado de individuo para iniciar un camino difícil hacia el crecimiento del Ser.   Pero esta es otra historia. 


lunes, 23 de julio de 2012

Personalidad: definiendo términos y aclarando conceptos



A menudo, tanto en el lenguaje coloquial como en el lenguaje profundo en el seno de diálogos o discusiones, usamos términos o conceptos como el de personalidad, temperamento, carácter, rasgo, conductas… y no siempre nos estamos refiriendo correctamente a sus contenidos.   No es extraño, pues son conceptos muy debatidos que incluso el academicismo psicológico no aclara, o simplemente deja que las diferentes corrientes de interpretación de la psique humana muestren sus diferencias en la conceptuación terminológica y semántica.   

Como seguidor de la cosmo-visión Gurdjieffiana me he visto en la necesidad de precisar estos términos para poder debatir con otros interesados en el Desarrollo Humano sobre una base conceptual común.  Fruto de este esfuerzo es el presente trabajo. 

Dice el Diccionario General Etimológico de Roque Barcia (edición 1883) que Persona:  “en su origen latino es una voz compuesta del prefijo Per, en su connotación superlativa, y sonus, son o sonido.  Personus, a, um, significó lo que suena mucho o retumba.  Facies persona o persona solo, sustantivo, significó máscara o cara que mete mucho ruido, enseguida derivó y significó al individuo que portaba la mascara; y por ultimo se extendió a significar a todo individuo en general, llevase o no la máscara.  Este es el significado único que se ha transmitido a las lenguas neolatinas”.   

Nos interesa destacar esta definición pues así se comprende mejor el significado profundo de esa relación especial entre Ser y Persona.  La mascara de la persona, la personalidad, es lo que oculta al verdadero Ser.  

La personalidad es el conjunto de características  que permite a los individuos apreciarse como distintos unos de otros.  Esas “ características ” son el conjunto de emociones, pensamientos y conductas que conforman el patrón de comportamiento propio de una persona.   

El carácter y el temperamento son dimensiones de la personalidad.

El temperamento es la base constitucional biológica, es aquella parte innata de nuestra personalidad determinada por nuestra herencia genética.  Es el factor de nuestra personalidad que antes se pone de manifiesto y nos caracteriza.  En los bebes ya es posible distinguir diferentes tipos de temperamento.  Al ser de origen genético el temperamento es difícilmente modificable, o manipulable.  Es una tendencia que existirá siempre aun cuando se puedan desarrollar recursos que inhiban o potencien la manifestación básica anclada en lo genético.  

El carácter es de origen cultural y acabará siendo el reflejo de nuestras experiencias, de como las hemos procesado y enfrentado desde la niñez.  Es el componente de la personalidad que se desarrolla sobre el temperamento y el conjunto de hábitos educativos y de relación que han sido aprendidos por la persona.  El carácter es fundamentalmente adaptativo, es la manera como nuestro self, nuestro yo, ha evolucionado para adaptarse al medio con las condiciones innatas con las que cuenta o sea con la base temperamental que ha heredado.  Es por ello que a pesar de tener los mismos patrones educativos los individuos tienen caracteres diferentes.  El carácter, tiene origen cultural pero no hemos de olvidar que se desarrolla sobre una base constitucional genéticamente diferente en cada individuo. 

Nacemos siendo objetos.  Debemos aprender a ser sujetos y adquirimos esa conciencia de separación cuando nuestra madre nos suelta.  La forma como enfrentaremos el mundo determinará nuestro carácter, nuestro estilo de vida.  Cuando la lucha entre los impulsos instintivos y la presión de la realidad no se resuelve favorablemente construyendo mecanismos que pongan a salvo al yo (respuestas adaptativas positivas)  la integración de la personalidad no se produce y aparece la neurosis.  En estos casos las diferentes partes de la personalidad no han resuelto sus conflictos y no hay una autoimagen de “yo soy” correcta.  Para algunos estudiosos el propio carácter seria un síntoma de neurosis, pero de una neurosis integrada en la personalidad.  La mayor parte de las escuelas psicológicas prefieren no considerarlo así y reservar el término neurosis para un estado más extremo de incomodidad frente al mundo.  

Por tanto sabemos que durante una parte de la vida se produce un estado de incapacidad para que nuestro yo se adapte al medio, es en ese momento que creamos, buscamos y resolvemos las estrategias  adaptativas que de ser exitosas constituirían un determinado carácter:  el que mejor se puede obtener en cada caso y con el terreno constitucional concreto con el que estamos dotados.  Cuando este proceso fracasa se acaba produciendo lo que conocemos generalmente como neurosis, en grado variable. 

martes, 26 de junio de 2012

La otra cara del Eneagrama (ENG)

Hace casi dos años abordé este tema... ver entrada de agosto 2010

Casi lo primero que se explica cuando se aborda la lectura o la charla sobre el ENG es la relación con la sabiduría ancestral y concretamente con su introductor en Occidente, con Gurdjieff.  Así se da, conscientemente o no, cumplimiento a uno de los tres refuerzos del efecto Forer:  darle autoridad a la fuente de dónde procede una determinada información que no podremos contrastar.   

Vayamos por partes y empecemos por el principio.

En este trabajo me propongo relacionar el ENG y el efecto Forer (que más adelante explico).  Para ello primero quiero decir que lo que hace el ENG es proponer informaciones que al ser leídas nos conducirán indefectiblemente a un análisis comparativo que principalmente buscará en nuestro registro interior, mezcla de emoción, instinto e intelección, encontrar resonancias personales que nos permitan adherir con alguna de las descripciones o modelos propuestos.   En resumen buscaremos clasificarnos o ver que tan coincidente es nuestra persona con alguno de los eneatipos descritos.  Existen niveles más altos de lectura del ENG que tienen utilidad, posiblemente, en etapas más elevadas del desarrollo espiritual, pero no voy a referirme a ese nivel, sino al nivel ordinario del ser humano corriente.  

Pero que hace en sí el ENG?   La respuesta es: nos modifica positivamente.  

La simple lectura atenta del ENG resitúa nuestras creencias en uno mismo.  Nos interroga pero al mismo tiempo nos da un abanico de respuestas que nos obliga a seleccionar. Es imposible no hacerlo.  En esta selección, si estamos atentos, veremos nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Autoengaños aparte. Pero en cualquiera que sea el nivel de nuestro desarrollo, en no importa que grado de conciencia de sí mismo estemos situados, el ENG obrará cambios.  Porque gracias al Efecto Forer, que no es más que la manifestación de una forma de prejuicio cognitivo que todos tenemos, aceptaremos lo que nos describe y que más propende a explicar nuestras vivencias, sin importar si eso se ajusta verdaderamente a la realidad o no. El efecto Forer demuestra nuestra propensión a aceptar como originales y propias ciertas descripciones que en realidad son lo suficientemente ambiguas y generalistas como para predicarse de prácticamente cualquier persona.  Sin embargo, lejos de ser un inconveniente, el efecto Forer, facilita la adhesión aun en los más incrédulos, lo que transforma definitivamente la visión interna de nosotros mismos, e incrementa la certeza de que vivimos identificados con la personalidad que nos domina, sin importar demasiado su clasificación, y bajo la cual subyace nuestro yo autentico, el Ser esencial que ha de germinar.  

Bertram Forer, psicólogo americano, en 1948 hizo un experimento con sus alumnos universitarios.  Les pasó un test de personalidad, luego les pasó una ficha con sus resultados y les pidió que puntuasen la exactitud del análisis de su personalidad.  Siendo 0 muy pobre y 5 muy exacto.  La puntuación promedio de acierto que se obtuvo fue de 4,2 pero lo que ningún estudiante se esperaba es que con este resultado Forer también desveló que en realidad a todos los estudiantes se les había dado el mismo resultado.  El análisis no importaba, el texto final que se les entregó era una recopilación de frases hechas que mostraba rasgos variados sobre los que podía adherir cualquier persona, lo cual demostraba la facilidad con la que tendemos a aceptar como propias descripciones que en realidad son lo suficiente amplias, generalistas o ambiguas para decirse o predicarse de cualquier persona.   Después de esto se ha repetido centenares de veces el experimento y se ha confirmado que hay tres factores que incrementan el resultado del efecto Forer.  Estos tres factores son:  primero la confianza que el lector tiene en la autoridad o fuente de la información, segundo la supuesta personalización de la descripción sobre el sujeto y en tercer lugar la selección de un mayor numero de aspectos positivos por encima de negativos en la descripción de la personalidad del sujeto en cuestión.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La alimentacion ancestral



LA ALIMENTACIÓN ANCESTRAL

El paradigma evolutivo de la nutrición humana











En busca de una base segura


Durante las últimas décadas, la búsqueda del «santo grial» de la alimentación se ha convertido en una cuestión central para numerosos investigadores. No es extraño: pocas decisiones cotidianas influyen de una manera tan constante y profunda en nuestra salud como aquello que comemos.

Acercarse a este tema sin caer en el tópico de anunciar que «por fin hemos encontrado la combinación ideal de alimentos y, con ella, la mejor dieta posible» no es sencillo. A mí me ha exigido años de lectura, observación y reflexión; probablemente, mucho más tiempo e interés del que la mayoría de las personas de mi entorno ha podido dedicarle.

Quizá todavía no hayamos alcanzado ese «santo grial». Sin embargo, la ausencia de una certeza absoluta no significa que todas las opciones sean equivalentes. Hoy disponemos de conocimientos suficientes para establecer unas bases de partida naturales, coherentes y seguras, respaldadas por un consenso internacional cada vez mayor: las que nos ofrece el estudio de nuestra evolución y de la alimentación que acompañó a la especie humana durante la inmensa mayoría de su historia.

Los intereses comerciales interfieren con el progreso de muchas cuestiones. Nuestra sociedad consumista y de mercado se ha creado tal cúmulo de interdependencias que obligadamente ha de generar opiniones que desvirtúen ciertos avances. Eso es así, no porque algo sea verdadero o falso, sino exclusivamente porque significaría pérdida de recursos económicos o puestos de trabajo directamente ligados a una determinada actividad económica. Pasa esto, especialmente, en el terreno de la medicina y la industria alimentaria.

Pero no solamente los intereses comerciales interfieren en la discriminación entre lo conveniente y lo que no lo es. No. A otro nivel la resistencia a admitir que uno puede estar comiendo inadecuadamente procede de las ideologías y de “las modas”. La influencia cultural en la decisión sobre lo que es adecuado comer es muy importante en nuestros días. Quizás es en este campo donde sea más difícil que un nuevo paradigma pueda penetrar puesto que “las creencias” difícilmente admiten cambios aunque exista la posibilidad de demostrar el error. Aferrarse a determinadas suposiciones, –que a menudo no tiene más base que la costumbre, la “pseudociencia” o los mitos— es muy propio del ser humano, y muy difícil desenmascarar la manipulación de la que son objeto los individuos. Desafortunadamente la relación causal entre lo que se come y las consecuencias de ello son a tan largo plazo que a menudo creemos que si nos encontramos bien AHORA es porque comemos bien. Esa suposición cierra nuestra mente a cualquier cambio y nos impide aceptar que no sabemos, ni los científicos ni por supuesto los ciudadanos de a pie, qué consecuencias tendrá en el futuro lo que en apariencia consideramos que “para nosotros” es una alimentación adecuada.

Por todo ello, es necesario ampliar nuestra visión de la alimentación y volver la mirada hacia la base más sólida de la que disponemos: la propia naturaleza y la historia evolutiva de nuestra especie.



La alimentación propia de nuestra especie


Si echamos una mirada a nuestro alrededor, al planeta sobre el que transitamos, vemos que la cuestión de alimentarse de una u otra manera viene determinada por la especie animal. Cada especie tiene una alimentación que le es propia. Tanto en el mar como en la tierra firme, cada especie animal ocupa un nicho ecológico donde obtiene los alimentos que su evolución ha determinado como los óptimos para la subsistencia de su propia especie. Si estuviéramos determinando cuál es la alimentación adecuada u óptima de una cebra, la respuesta sería sencilla: los pastos de la sabana africana. Pero cuando intentamos aplicar la pregunta a la especie humana vemos que la cuestión no es tan sencilla, porque en el caso de la especie humana ha existido una deriva que ha llevado a los humanos a comer según las tradiciones culturales y la disponibilidad de las fuentes de alimentos que en cada momento de la historia ha tenido a su alcance. El panorama de la alimentación humana actual es de una gran diversidad iniciada en los albores de la aparición de la especie y en continua evolución hasta nuestros días. Sin embargo la pregunta importante que nos hemos de hacer es: ¿la tradición cultural, la disponibilidad de fuentes de alimentación y la “electividad” del hombre son tres elementos de fiar como para asegurar que el hombre está comiendo lo que le es propio y adecuado, no solo para subsistir sino para mantener sus mecanismos fisiológicos vitales a pleno rendimiento y con consecuencias positivas para su salud? La respuesta es contundente, y es que no.

Ante esta respuesta debemos plantearnos hasta dónde es necesario retroceder para identificar la alimentación óptima que, como especie, nos es propia.

En 1975, el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin dio una respuesta clara a esta pregunta y abrió el camino hacia un nuevo paradigma alimentario.



La larga experiencia evolutiva


Si entendemos por «era humana» el periodo que abarca la existencia de los homininos precursores del Homo sapiens y de nuestra propia especie, hablamos de una historia evolutiva de varios millones de años. Las estimaciones más conservadoras sitúan la separación de nuestro linaje respecto de otros primates hace más de dos millones de años. Durante la mayor parte de ese tiempo, África fue el escenario principal de nuestra evolución; la expansión del Homo sapiens hacia Eurasia se produjo muchísimo después.

Casi toda esa larga trayectoria transcurrió durante la Edad de Piedra, que la antropología divide en Paleolítico, Mesolítico y Neolítico. El Paleolítico, con sus etapas inferior, media y superior, ocupa la inmensa mayoría de ese periodo. Nuestros antepasados vivían como cazadores-recolectores nómadas y se desplazaban en busca de agua y alimentos, condicionados por las estaciones y por los recursos de cada territorio.

Su alimentación procedía directamente del entorno: caza, pesca, frutos, raíces, vegetales, hierbas, huevos e insectos, en proporciones variables según el clima y la disponibilidad. Esta diversidad no contradice la existencia de un patrón común; al contrario, muestra que durante millones de años el ser humano se alimentó de productos naturales, sin agricultura, ganadería ni alimentos transformados industrialmente. En ese escenario se configuraron sus principales mecanismos fisiológicos y metabólicos.

A lo largo del Paleolítico se sucedieron distintas especies humanas y se produjeron avances decisivos: la posición erguida, el desarrollo del lenguaje y la cooperación, la fabricación de herramientas cada vez más eficaces y el dominio del fuego. La cocción amplió las posibilidades de aprovechamiento de los alimentos, pero no alteró su procedencia esencial: seguían siendo los recursos obtenidos mediante la caza, la pesca y la recolección.

Durante el Paleolítico medio y superior aumentaron la capacidad técnica y la complejidad cultural. Las lanzas, hachas, cuchillos, arpones y redes perfeccionaron la obtención de alimentos; al mismo tiempo, los grupos humanos ampliaron sus territorios y su capacidad para adaptarse a entornos muy distintos. El Homo sapiens culminó este proceso con un organismo modelado por una experiencia alimentaria larguísima y constante en sus principios básicos.

La gran ruptura llegó con el Neolítico. La agricultura y la ganadería permitieron domesticar el entorno, producir y almacenar alimentos, construir asentamientos permanentes e iniciar formas estables de comercio. Este cambio favoreció el crecimiento de las poblaciones y el nacimiento de aldeas y ciudades, pero también sustituyó progresivamente una alimentación basada en la diversidad natural por otra dependiente de unos pocos cultivos y animales domesticados.

Con el Neolítico terminó la forma de subsistencia que había acompañado al ser humano durante casi toda su evolución. La caza y la recolección cedieron terreno a una economía planificada según la productividad; desde entonces, este proceso no ha dejado de intensificarse hasta alcanzar su máxima expresión en las sociedades industriales. En comparación con la totalidad de la historia humana, se trata de un intervalo brevísimo. Sin embargo, en ese reducido espacio de tiempo hemos transformado radicalmente nuestra alimentación, nuestro modo de vida y el propio planeta. Esta desproporción temporal es esencial para comprender el paradigma ancestral: nuestra biología es el resultado de millones de años de adaptación, mientras que la dieta moderna constituye una experiencia extremadamente reciente.



La ruptura del patrón ancestral


Toda esta introducción conduce a una pregunta decisiva: si nuestra especie se configuró para alimentarse de una determinada manera y sus adaptaciones se desarrollaron a lo largo de millones de años, ¿por qué cambió tan profundamente ese patrón durante los últimos diez mil años y qué consecuencias ha tenido ese cambio para nuestra salud?

Desde la aparición de la agricultura y la ganadería, entre 10.000 y 5.000 años atrás, y hasta hoy, la manera de comer ha evolucionado rápidamente por diversas razones, que incluyen procesos económicos, sociales e históricos hasta llegar a la dieta que se ingiere (con mayores o menores variaciones), a lo largo y ancho del mundo, en la actualidad.

Desde la obra pionera de Walter L. Voegtlin, publicada en 1975, numerosos investigadores y científicos de la salud han sostenido que una parte importante de las enfermedades que afectan hoy al ser humano tiene su origen en la transformación alimentaria de los últimos diez milenios: apenas unas 350 generaciones, frente a decenas de miles de generaciones anteriores. El abandono progresivo de los hábitos del cazador-recolector y su sustitución por la dieta agrícola, y más tarde industrial, favoreció la aparición de las llamadas «enfermedades de la civilización». Sus efectos no siempre son inmediatos: pueden alterar el metabolismo, reducir la capacidad reguladora del organismo y producir desequilibrios que solo se manifiestan al cabo de los años, dificultando que reconozcamos la relación entre la causa alimentaria y sus consecuencias.

Quienes sostienen este paradigma defienden que recuperar los principios de la alimentación de nuestros antepasados paleolíticos —el largo periodo durante el cual se configuró nuestra fisiología— puede prevenir o mejorar alteraciones metabólicas y autoinmunes frecuentes en las sociedades desarrolladas. Entre ellas se encuentran la diabetes, la obesidad, determinadas formás de cáncer, la artritis y numerosas intolerancias alimentarias. La idea central es firme: al aproximarnos a la dieta ancestral podemos favorecer un peso adecuado, recuperar energía y crear mejores condiciones para que el organismo despliegue sus mecanismos naturales de regulación.

El hecho de que la especie humana evolucionara y prosperara durante un periodo tan prolongado alimentándose mediante la caza, la pesca y la recolección llevó a los defensores de la alimentación ancestral a una conclusión fundamental: generación tras generación, el organismo humano fue adaptando sus sistemas endocrino, metabólico e inmunitario a ese entorno nutricional. La interacción continuada entre genes y ambiente —el terreno que hoy estudia la epigenética— consolidó respuestas fisiológicas profundamente vinculadas a aquella forma de obtener y consumir alimentos. Durante cerca del 98 % de nuestra historia, el ser humano se configuró como un mamífero adaptado a vivir de los recursos disponibles en su ecosistema: animales, peces, frutos, frutas, raíces, vegetales y otros alimentos recolectados.

En cambio, el patrón alimentario iniciado con la agricultura y la ganadería, y transformado después por la industria, apenas cuenta con diez mil años de historia. En términos evolutivos, este periodo es extremadamente breve. Aunque el ser humano posee una notable capacidad de adaptación, no puede darse por supuesto que todos los cambios introducidos desde entonces hayan sido asimilados de forma completa ni que carezcan de consecuencias fisiológicas.

Podemos alimentarnos con cereales; llevamos haciéndolo aproximadamente diez mil años y la especie no se ha extinguido. Pero sobrevivir no equivale a alcanzar un funcionamiento óptimo. La cuestión relevante es si su consumo frecuente —especialmente en las cantidades y formas refinadas actuales— puede provocar respuestas metabólicas desfavorables en una parte de la población. Relacionar enfermedad y alimentación es un objetivo complejo, porque exige estudios prolongados y porque las consecuencias pueden tardar años en aparecer. Mientras la investigación avanza, debemos adoptar una posición personal basada en el sentido común, la experiencia y la lógica evolutiva que sustenta el paradigma ancestral.



Carbohidratos, insulina y adaptación metabólica


La respuesta hormonal a los carbohidratos ofrece un ejemplo claro de esta diversidad. Los trabajos de Gerald Reaven sobre la resistencia a la insulina mostraron que las personas no responden del mismo modo ante una carga de carbohidratos: algunas mantienen una respuesta proporcionada, mientras que otras producen una secreción de insulina mucho más elevada y presentan mayor facilidad para acumular grasa y desarrollar alteraciones metabólicas. Esta variabilidad ayuda a comprender por qué un alimento considerado normal puede no resultar fisiológicamente adecuado para todos. Los cereales —y, sobre todo, sus formas refinadas— constituyen una de las principales fuentes de carbohidratos de la dieta moderna. Desde la perspectiva ancestral, la cuestión no consiste únicamente en preguntar si podemos consumirlos, sino en observar qué respuesta hormonal provocan y si esa respuesta es compatible con nuestra salud a largo plazo. La alimentación ancestral, en cambio, acompañó la evolución genética y metabólica del ser humano durante un periodo incomparablemente más extenso; por ello constituye el punto de partida más seguro para reconstruir un patrón alimentario coherente con nuestra fisiología.



El ejemplo de la leche


Si tomamos otro ejemplo, sobre la leche, acabaremos de ilustrar el problema que puede representar su consumo. La leche es el producto de la glándula mamaria de los mamíferos. Solo los mamíferos disponen de esta fuente de alimentación y su uso en toda la naturaleza queda circunscrito a los primeros momentos de la vida, cuando todavía el animal es incapaz de comer por sus propios medios la dieta adecuada a su especie. No existe ningún caso en la naturaleza de mamíferos que sigan consumiendo leche después de cierto tiempo, en general cuando la cría adquiere capacidad y autonomía abandona la lactancia para comer lo que le es propio de su especie. Solo el ser humano sigue usando esta fuente de alimentación mas allá del periodo de lactancia. Si estudiamos la digestión de la leche, vemos que en los mamíferos existe un periodo de tiempo en el que su intestino es capaz de segregar una enzima necesaria para desdoblar el carbohidrato básico de la leche, la lactosa. Este enzima se llama lactasa y su producción disminuye con el paso del tiempo desde el nacimiento hasta prácticamente desaparecer en la edad adulta. En el hombre también se produce de forma natural esta evolución y el 70% de la población adulta planetaria no es tolerante a la lactosa. Sin embargo es cierto que una mutación epigenética, aparecida hace aproximadamente 5000 años en Europa del Norte, permite a un porcentaje notable de la población digerir correctamente la leche en la etapa adulta. Esta epimutación se ha estudiado y es la que explica que el grupo humano que habitaba el norte de Europa evolucionara con una fuente de alimentación muy rica en calcio lo que en su entorno favoreció su persistencia al hacer a los individuos que mutaron más fuertes, altos y corpulentos que los congéneres no mutados. Al ser una epimutación favorecedora se extendió como resultado de los cruces entre individuos más resistentes, longevos y por tanto dominantes en sus poblaciones. En el resto de razas humanas no se dio esta epimutación y es por ello que entre los asiáticos, africanos e indígenas de América, la tasa de intolerancia a la lactosa es más alta. En algunas poblaciones con altos índices endogámicos, por no cruzarse más que entre familias de su misma raza y tradición, como por ejemplo los judíos, el estudio de la intolerancia a la lactosa demuestra que el 95% de la población no la tolera. Probablemente a lo largo de generaciones y mediante selección natural epigenética la tolerancia a la lactosa tenga tendencia a aumentar en todas las poblaciones lo que no es más que una muestra de la enorme capacidad adaptativa del ser humano. Pero ¿porque someter al estrés adaptativo a una especie que originalmente no está diseñada para consumir un determinado alimento? Si no existieran otras fuentes de alimentos tendría una explicación de supervivencia pero no es el caso. La irrupción de la ganadería supuso, como en el caso de la agricultura, el comercio de alimentos que se podían conservar, ello antropológicamente es un avance que permitió mejores tasas de fertilidad y aumento poblacional pero el precio que la humanidad paga por ello es muy alto en términos de salud.

Los defensores de esta forma de nutrición han señalado también el estado de salud observado en diversas poblaciones que conservaron modos de vida tradicionales —entre ellas algunos pueblos indígenas de África y América y comunidades inuit— antes de la adopción generalizada de alimentos modernos. La escasa presencia inicial de muchas «enfermedades de la civilización» refuerza la hipótesis de que el alejamiento del patrón ancestral tiene consecuencias. Aunque este enfoque sigue generando debate, ha abierto una vía de investigación cada vez más relevante: la alimentación propia de nuestra especie es aquella que empezamos a reconocer como dieta ancestral, primitiva o paleolítica; la dieta del ser humano cazador-recolector.



Los pioneros de la nutrición evolutiva


En 1975, el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin reunió sus ideas en el libro La dieta de la Edad de Piedra. Propuso una alimentación sin productos manipulados o procesados, sin cereales ni lácteos y libre de aditivos y conservantes, y elaboró pautas destinadas a tratar diversos trastornos digestivos. Su trabajo fue uno de los primeros pasos firmes hacia la recuperación moderna de la nutrición evolutiva.

Diez años después, en 1985, los investigadores S. Boyd Eaton y Melvin Konner publicaron en The New England Journal of Medicine un influyente trabajo sobre la nutrición paleolítica. Más adelante, junto con Marjorie Shostak, desarrollaron estas ideas en La prescripción paleolítica. Estas aportaciones proporcionaron al nuevo paradigma una base antropológica y científica, aunque durante años su difusión permaneció limitada principalmente al ámbito especializado.

Uno de los autores que más ha contribuido a desarrollar y divulgar la alimentación ancestral es Loren Cordain, investigador de la Universidad Estatal de Colorado y autor de numerosos artículos y libros sobre la materia. Cordain sostiene que esta forma de alimentarse puede mejorar la salud, fortalecer los mecanismos defensivos, reducir el exceso de peso y elevar los niveles de energía. Su propuesta prioriza proteínas de calidad, vegetales, frutas y frutos secos, y elimina o reduce los carbohidratos refinados, las féculas, las legumbres, el azúcar, los aceites procesados y los lácteos. También concede al ejercicio físico un papel inseparable de la alimentación. Con Voegtlin, Eaton, Konner y Cordain, la dieta ancestral dejó de ser una intuición aislada para convertirse en un verdadero campo de estudio y en una alternativa coherente al paradigma nutricional dominante.



Hambre, saciedad y libertad alimentaria


Otra cuestión esencial de este enfoque es devolver al organismo la libertad de comer cuando aparece una necesidad real, es decir, cuando sentimos hambre, y no únicamente cuando lo establece una costumbre horaria. Ideas como la obligación de realizar cinco comidas diarias o comer sistemáticamente a media mañana y a media tarde pueden abandonarse cuando no responden a una necesidad individual. Nuestro organismo está preparado para atravesar periodos de ayuno y para regular la ingesta mediante el apetito y la saciedad. Esta concepción no se basa en contar calorías ni en imponer cantidades rígidas: confía en los mecanismos neuroendocrinos que indican cuándo hemos comido lo suficiente. La práctica personal permite comprobar hasta qué punto esta manera de alimentarse nos aproxima al patrón para el que la evolución nos preparó durante millones de años. El comercio, la abundancia artificial y la búsqueda constante de gratificación nos han apartado de ese camino. Volver a él es una decisión personal, pero también una decisión fundamentada.


martes, 17 de abril de 2012

Haikus al soñar del alma




Rompo las normas
que transformo en humo
como si nada,

pero el Sentir
no es como niebla,
ni se parece,

no todo rompe
a mi paso ligero
en un silencio,

vueltas al tema
doy siempre sin descanso,
no hay salida:

dice la vida,
“contra la muerte vives
si no quieres

dormir con ellos”,
como ellos? digo yo,
entonces callo...

Por qué me dejas
sin respuesta verdadera?
porque no hay.

Sigo pensando:
por qué el sentir frena
mis  penas rotas?

y el no sentir
alivia pensamientos
que no aguantas?

por qué, si, por qué?
y solo responderá
la noche eterna.

Duerme la gente
sueños encadenados
pero ausentes

como yo de mi
–pero sin saberlo–,
por eso muero

sin morir en mi
dejando huellas leves
sobre recuerdos…

Quiero irme ya
pero ella no quiere
soltar mi vuelo...







miércoles, 21 de marzo de 2012

La primavera de nuestro otoño



La vi por la calle y ella no me vio.  Hacia 20 años que no la veía y mi corazón dio un vuelco....  De golpe fui arrastrado por un torrente de emociones que me hizo visitar paisajes internos que habían sido abandonados hacia mucho tiempo. Tuve temor a  entrar, por los recuerdos, y de pronto surgió la pregunta. ¿Por qué?

Amante, amiga, amor.  En ese baile de iniciales todo empezaba por A como nuestros propios nombres.  Ella había sido mi amante. Con ella había querido avanzar en esa triada en la que culminan algunas relaciones humanas, y tras un tiempo de éxtasis hube de olvidarla para sobrevivir.  Ella también me olvidó. Seguimos caminos que nunca más se volvieron a cruzar. Ni siquiera lo hicimos a propósito. Fue la inercia de la vida la que fue separando nuestras existencias.  A fin de cuentas no es tan difícil no coincidir.  Lo difícil es hacer posibles los encuentros deseados o hacer creíbles las intenciones que no son desinteresadas.

El éxtasis de eros es fugaz y la relación que surge es el paradigma de la pasión.

Dicen que la amistad es un afecto desinteresado y que el amor es la pasión que atrae un sexo hacia el otro… Seguramente pretendemos asignar demasiadas variables al amor.  Yo creo que el sentimiento amoroso por que el de ordinario nos unimos a una pareja,  –a diferencia de la amistad– no es desinteresado. Lo que llamamos amor persigue la posesión. Y quien no, me dirán algunos? Pues si, existe la alternativa, se llama amistad. Porque la amistad se comparte sin responder a utilidades, en ella no puede haber dominio, ya que si lo hubiera sería sumisión. Por eso defiendo que la forma de amar más pura esta confeccionada con amistad y erotismo por igual.  Pero los humanos somos como hojas al viento...y se nos marchita el arrebato porque lo erótico es algo transitorio y fugaz.  Es como el éxtasis,  si fuera cotidiano dejaría de serlo.  Por eso, y reduciendo la vida a lo ordinario, afirmo que la amistad –para que responda a ese paradigma– ha de ser la parte de la relación que amasa lo erótico en lo cotidiano. Ese contrapeso que no deja al eros elevarse hasta donde nos falta el aire.

La amistad es lo que dota de continuidad al sentimiento inicial dándole límites doméstico, convirtiéndose en la tramoya sobre la que discurrimos los que creemos amar diariamente sin necesidad de encaramarnos en la utopia:  sin perseguir cada día lo que solo una vez tuvimos al alcance de la mano.

Frente al misterio de lo erótico, frente a su absoluto presente intemporal, -que solo puede vivir en el recuerdo—, la amistad es la parte del amor que nos hace volver al redil, que subsiste a la ensoñación, y que no se rinde al fogonazo sensual del eros. La amistad explica, y justifica, el abandono de la búsqueda utópica de la pasión en estado puro.  Sin ella, la edad haría de nuestra vida una frustración permanente.

Yo la había olvidado aunque entonces no sabía todo esto. Pero realmente fue así como conseguí sobrevivir a ella.

Acabé pensando –mientras proseguía mi camino hacia ningún lugar en la ciudad– que la amistad siempre será un amor incompleto si le falta el toque de lo erótico. Y que el eros es una emoción salvaje que no permite el cultivo cotidiano, ese que daría paso a un sentimiento duradero. 


lunes, 20 de febrero de 2012

La Espiral (notas de viaje por Sudáfrica)

Salimos a las 12 del mediodía de Barcelona.  En Madrid el vuelo de Swissair retrasó su salida hasta las 17.15 h.  La tarde era soleada y los Pirineos estaban sin nubes. Reconocí el bosque de Irati y más a la derecha el Astazu.  Es la primera vez que volamos con esta compañía.  Asientos de piel.  Monitores de 12” de cristal liquido cuelgan del techo cada 4 filas de asientos en donde nos dan información del vuelo.  Velocidad 900 km/hora, algunos momentos hemos llegado a 1000km/hora.  Altura: 9.000mts.  Distancia recorrida y tiempo restante de vuelo.  Es entretenido.  Cada 5 minutos la pantalla muestra un mapa de Europa en el que un pequeño icono en forma de avión va trazando una ruta en dirección a nuestro destino.

En Zurich llueve.  El monitor nos muestra el plano del aeropuerto con las puertas de llegada y con las puertas de los enlaces.  Nuestro equipaje esta facturado en Madrid directamente hasta Johanesburgo.  En Zurich solo bajamos con el equipaje de mano y hemos de volver a pasar por la policía. Esperamos una hora y media para embarcar de nuevo pues el avión de París que tiene enlace con el nuestro se halla retrasado por tráfico aéreo.  Finalmente despegamos a las 9 de la noche.  A mi lado un niño de 4 años con su joven mamá negra de Zimbawe.  Sobrevolamos Tripoli cuando nos vuelven a dar cena.  Repetimos el mismo Goulash del vuelo Madrid-Zurich. Fallo de Swisair.  El enano es ‘majete’, no habla inglés pero nos aclaramos por señas.  Los cartoons lo dejan hipnótico y cuando se acaban da un breve alarido insospechado, hasta que empieza el nuevo. Me pregunto lo que pasará cuando empiece la peli de la noche. Nothing Hill, que por cierto ya hemos visto. La mamá de mi vecino no se entera porque lleva los cascos del walkman puestos desde Zurich. Menos mal que la azafata le trae un coche en miniatura con el que se entretiene en silencio.  Son las 11 de la noche cuando acabo mi cuarta cerveza del día. El monitor nos informa de que nuestro destino está a 7500 km. y que la hora de llegada esta prevista para las 6 de la mañana.  Viajamos a 10000 mts por encima del Sahara, afuera hace 56 bajo cero y nos movemos a 975 km/hora.  Pienso en la tercera dimensión y en como el ser humano ha llegado a controlar el desplazamiento en ella en tan solo un centenar de años.   Si a los primeros viajeros que llegaban a Cape Town, después de 5 meses de navegación, les hubieran dicho que era posible hacer la travesía en tan solo doce horas no lo hubieran creído. No era siquiera concebible como idea.   Que estaremos haciendo los humanos dentro de doscientos años que ahora ni siquiera podemos imaginar?  Conseguiremos el control sobre la dimensión inmediatamente superior: el tiempo?   Podremos algún día desplazarnos en la cuarta dimensión como lo hacemos ahora en la tercera?

Tomamos tierra en Johannesburgo a 280 km/hora.  Los tramites de inmigracion son lentos y en la cola conocemos a  Ester y Jonathan Toledano.  Son de París; viven en el XVII arrondisement –cerca de la place de l’Etoile-, y desde el primer momento se muestran abiertos y acogedores.  Van, como nosotros, al Congreso de ESAPEC y harán la extensión pre-congreso a Zimbawe y Botswana.   Al poco rato de conversar ya establecemos una buena corriente de simpatía.  Un buen filing como dicen los ingleses.  Él es pediatra con practica privada en París; ella empezamos a sospechar que es habladora profesional.  Muy agradables.   Al salir de la aduana nos espera una guia sudafricana,  Fatima.  que nos llevará a hacer un tour por Johanesburgo.  En el bus nos presentan a los Danan: Nicole y Roger,  ginecologa y pediatra, también viven en París y son amigos de los Toledano.  Recorremos el centro de Johanesburgo que nos parece deprimente.  Altos edificios de cemento, algunos de ellos cerrados desde hace años, como el Hotel Carlton de 30 pisos que lleva 4 años sin ser abierto al publico. Desolador.  Los edificios con rejas hasta el primer o segundo piso para evitar el saqueo.  Nos llevan a ver la casa de Nelson Mandela y los barrios residenciales con magnificas mansiones y grandes medidas de seguridad.  Soweto está a 15 km del centro y alli viven 3,8 millones de negros y mestizos. Ni un solo blanco. Nuestro tour no puede ir porque no hay tiempo. Los blancos han abandonado Johanesburgo para instalarse en nuevas zonas residenciales de la periferia. Visitamos, de pasada, un barrio cercano al centro comercial que se llama Hillbrow. En la epoca de apartheid pertenecía a los blancos.  Hoy solo lo habitan negros y mestizos.  Es un barrio degradado en el que se fueron dejando de pagar los alquileres a los propietarios blancos, los cuales a su vez dejaron de pagar los impuestos municipales y el ayuntamiento decidió despreocuparse de su mantenimiento. Resultado: degradación ambiental. Actualmente para disponer de luz, agua o gas se ha de pagar por adelantado. Todavía hoy, 10 años después del cese del apartheid, más de la mitad de las viviendas son ocupadas por inquilinos que no pagan.  El indice delictivo de esta ciudad es el doble del de la media del pais.  A su vez el de South Africa es 18 veces mayor que el de la media de los paises europeos.   La guia nos explica que a partir de las 5 de la tarde el centro queda abandonado y no es recomendable acercarse por alli.  La vida social y comercial de la capital de South Africa ha desaparecido del centro de la ciudad para instalarse en los elitistas barrios residenciales.  Es alli donde se han de buscar las boutiques de ropa de marca  y los grandes hoteles de 5 estrellas.

Comemos en el Holiday Inn cercano al aeropuerto.  Desde Johanesburgo volamos a Victoria Falls en Zimbawe.  Nuevamente aduanas y tramites.  Ahora estamos de verdad en el Africa que uno se imagina con facilidad.  A ritmo lento y con papel de calco, en lugar de ordenadores, los funcionarios de Zimbawe nos cobran 40 dolares por cabeza como derecho de entrada al país.  Vemos como se descarga manualmente el equipaje y como en el lugar de cinta transportadora hay un grupo remolón de mozos que cumplen con esa función como si fueran maquinas. Finalmente salimos en microbús hacia la frontera de Botswana.  Pasamos nuevamente la aduana en Kasane y tras una hora y media de viaje llegamos al Cresta Mowana Lodge.   Cenamos muy bien y nos vamos a dormir pues estamos agotados.  Hace 30 horas que iniciamos el viaje en Barcelona.

A las 10 de la mañana salimos en un Toyota LandCruiser transformado para llevar tres filas de asientos que acomodan a nueve pasajeros.  Nuestro conductor y guia se llama Leonardo.  Durante toda la mañana recorremos pistas polvorientas en busca de los animales que viven en el Chobe National Park, la mayor reserva de elefantes de Africa ya que cuenta con 45.000 ejemplares. El Chobe tiene una extensión de 11000 km2, la cuarta parte de Catalunya o la tercera parte de Belgica y la misma extensión que la Region de París que comprende los departamentos de Alts de Sena, Essone, Sena i Marne, Sena Saint Dennis, Val-de-Marne, Val-d’Oise y Ville de París. Esta extensión es imposible recorrerla por completo en unos días por lo que los guias nos llevan a las zonas de agua para tener más oportunidades de ver animales. Muy pronto empezamos a ver elefantes por todas partes. En pequeños grupos o en manadas más grandes y de todos los tamaños.  Estamos al final del invierno y la primavera este año es algo tardía lo que hace que esté todo todavía muy seco.  Los arboles caducos todavía no han brotado y la mayor parte de los arbustos están pelados por los elefantes.  En la reserva tienen un grave problema, nos explica el guía, con el exceso de estos animales ya que para procurarse las ramas y hojas llegan a derribar a los arboles cuando no alcanzan su parte superior con la trompa.  La perdida de masa arbórea va en aumento cada año y con ella disminuye la zona de sombra en la cual se desarrolla un manto herboso.  Sin arboles no hay sombra, y sin esta el sol calcina el suelo y no crece suficiente hierba.  Sin pastos los rumiantes como los búfalos y antílopes disminuyen.  Sin rumiantes la población de los grandes carnívoros inicia una regresión.  Estamos frente a un desequilibrio ecológico.  Los elefantes durante el día ramonean por entre los arboles y arbustos y al caer la tarde se acercan al rio y a las charcas cercanas al rio Chobe.   Alrededor del Chobe River el paisaje se vuelve verde.  El guía atisba nuestro primer león.  Rápidamente preparamos las cámaras y nos acercamos.  Se trata de una leona que monta guardia junto a su pieza.  No debe de hacer mucho que los leones han podido cazar a una cría de elefante que tendrá, mas o menos, un mes.  Los buitres y quebrantahuesos están al acecho, a prudente distancia.  La leona no se irá ni siquiera cuando la madre del elefante abatido se acerque a pocos metros para comprobar si su cría sigue viva.  El guía nos explica que la leona no se moverá hasta que esté segura de las intenciones del elefante.  Los elefantes adultos pueden con los leones pero los enfrentan solo para defenderse.  Si la elefanta tiene la certeza de que su cría esta todavía viva atacará a la leona.  Después de un par de tentativas finalmente se convence de que no hay nada que hacer y abandona a su cría.  La elefanta, barritando lastimosamente, se une a la manada y la leona, recostada en su trofeo, nos observa en la distancia con aire de vencedor.   Seguimos nuestro camino y encontramos al poco rato a otra joven leona dormitando bajo la sombra de un árbol.  Nos detenemos a dos metros del felino. No se inmuta.  El olor de la gasolina y del coche se sitúa por encima de nuestro propio olor y no nos detecta como presa comestible.  El guía nos explica que si bajáramos del coche y nos apartáramos un par de metros en dirección contraria seriamos una presa fácil.  En el vehículo, aunque este abierto, estamos seguros.  No se ha dado ningún caso de ataque a turistas en los últimos diez años.   Proseguimos el camino y fuimos descubriendo toda clase de antilopes, ñus, kudus, facoceros (una especie de jabali) hipopotamos, bufalos cafre (que si atacan a veces a los jeeps), monos y jirafas.

Comimos en la piscina del Mowana Cresta Lodge.  Por la tarde hicimos un crucero por el rio Chobe. Contemplamos cocodrilos e hipopotamos; vimos como atravesaban el rio las manadas de elefantes y como las madres ayudaban a las crias para que no se ahogaran.  Nos tomamos una cerveza sudafricana mientras el sol se ocultaba entre los baobabs del horizonte. Alguna barcaza con trabajadores negros pasaba por nuestro lado.  En la orilla los niños negros del pueblo de Chobe nos saludaban.  Anochecía cuando llegamos al embarcadero del hotel.  El bufet del Mowana esta noche ofrecía todo tipo de animales: cola de cocodrilo a la plancha con aspecto de rape, guiso de bufalo cafre, goulash de kudú, roastbeef de impala y filetes de avestruz.  En la mesa no todo el mundo se animaba a probar de todo.  Creo que los más curiosos fuimos Nicole Danan y yo.

A las 5 y media de la mañana nos despertaron para tomar un café y salir a un nuevo safari.  Tuvimos ocasión de seguir de cerca la cacería de una leona que siguió durante más de una hora a una manada de búfalos esperando que algún rezagado, enfermo o recién nacido, quedara a su alcance.  El carnívoro no tuvo suerte esta vez y acabó tumbándose cerca de nuestro vehículo bajo un matorral.  Seguimos media mañana más recorriendo la sabana por las interminables pistas en busca de más jirafas y elefantes.   El sol empezaba a calentar cuando nuestro guía dio por finalizado el recorrido y enfiló hacia el confortable Mowana.  Mientras dejábamos el parque atrás el habitat se hacia cada vez más árido. Fuera de la zona ribereña al rio Chobe el resto estaba seco y la poca hierba que crecía era pajiza.  Las ramas de las acacias y de los ébanos estaban raídas o rotas por los elefantes.  Pense que la degradación, fruto del exceso, no es patrimonio del viejo occidente. Tan solo habíamos visto una pincelada del África real y una metáfora de lo que pudo ser en el pasado.  El desequilibrio ecológico propiciado por la sequía y la falta de depredadores naturales es un atisbo de lo que quizás llegue a ser.  No creo que las cosas sean muy diferentes en otros paises del continente.  Esta vez hemos visitado una muestra de Botswana pero con variaciones poco importantes, seguramente podriamos decir lo mismo de Kenia o de Tanzania.

Como dijo Fatima en Johanesburgo,  “África está perdida para nosotros: los hombres”.  Recuerdo que pronunció esta frase en el bus cuando nos explicaba las cifras de SIDA que asolan a la población sudafricana, especialmente a los zulus (50% de la población afectada).  Africa esta perdida seguramente por que nunca ha sido ganada.  Solo se ha usado de ella con la intención de sacar partido a su naturaleza. Sea en forma de materias primas o en forma de esclavos.  Entre el siglo XV y el XVIII el continente fue diezmado y su población estuvo al borde de la extinción debido a la trata de esclavos a la que fue sometido tanto desde el lado occidental blanco como desde el lado oriental asiático. Los europeos, malayos, hindúes, los piratas de los emiratos y los indonesios, fueron saqueando primero las poblaciones costeras y más tarde el interior en busca de negros para esclavizar.  Los belgas en el Congo-Zaire, los ingleses en Egipto, Sudan, Nigeria, Kenia y sus colonias adyacentes, los portugeses en Angola, Mozambique y Madagascar, los alemanes en Namibia, los Franceses en Argelia, Senegal, Costa d’Ivori, Ghana, Txad o Camerun, los italianos en Libia, los españoles en el Sahara, Guinea Ecuatorial y Marruecos.  Todos han sido ejemplo de colonialismo explotador al uso de la epoca.  Hay excepciones como los asentamientos franceses en Argelia y los asentamientos holandeses primero y posteriormente los boers y africaners en Sudáfrica.  Solo en estos casos la intención del hombre blanco ha sido la de colonizar una tierra nueva para quedarse y fundar una metropoli propia. En el caso de Argelia los franceses que creyeron en el sueño de una nueva nación condujo a una larga guerra que acabó con la expulsión. En el caso de los africaners después de las guerras boers y de mantener un pulso con el imperio británico se consiguió el sueño de una nación independiente.  La historia juzga con severidad el aparheid africaner pero mira para otro lado cuando hablamos del exterminio de los indios norteamericanos a manos de los colonos blancos que invadieron su territorio de este a oeste.  Las fechas son las mismas.  San Francisco fue fundada por españoles en 1772, (España pierde la soberania del virreinato de México en 1813) y es arrebatada a los mexicanos por los USA en 1843 (USA se anexiona Texas en 1836, y California, Arizona y Nuevo Mexico entre 1843 y 1845).  En esas fechas los africaners tenían casi doscientos años de historia. Si la peninsula y la tierra del Cabo ya es conocida por los navegantes portugueses Bartolomé Diaz y Vasco de Gama desde 1497, no es hasta 1652, en que Van Rieebeck funda Ciudad del Cabo bajo la Table Mountain, cuando se inicia la aventura de la colonización holandesa-afrikaner.   Este es el único caso de colonización blanca en el continente que no se realiza con la espectativa de enriquecer a la metrópoli con la materia prima de la colonia.  Muy pronto los colonos blancos se afianzan en el territorio con la conciencia de ser un nuevo pueblo. Inglaterra se resistirá y tratará por todos los medios de moderar la expansión africaner. Las sucesivas guerras anglo-boers, desde 1830 hasta fin de siglo, son los episodios sangrientos de esta resistencia.   Finalmente la constitución de la Unión Sudafricana, gracias al tratado de Veerening de 1902, es la consecuencia histórica de un empeño con casi trescientos años de historia.