jueves, 26 de mayo de 2011

3) El obrar

Lo que nos caracteriza es la acción, el obrar, y de hecho nos distinguiremos unos de otros por nuestros actos.  Pero si sacamos la lupa y miramos el hecho mismo de poner en marcha una acción veremos que hay varios ingredientes que vale la pena repasar. 

Para hacer algo tenemos que tener un motivo.

Un «motivo» es la razón que tenemos o al menos creemos tener para hacer algo, la explicación más aceptable de nuestra conducta cuando reflexionamos un poco sobre ella. En  realidad es la mejor respuesta que se me ocurre a la pregunta «¿por qué hago eso?».

Tratando de simplificar veremos que hay tres tipos de motivos que mueven nuestras acciones, las órdenes, las costumbres y los caprichos. Cada uno de esos motivos inclina nuestra conducta en una dirección u otra, y explica más o menos nuestra preferencia por hacer lo que hacemos frente a las otras muchas cosas que podríamos hacer. 

Lo primero que se me ocurre plantear sobre ellos es ¿con cuanta fuerza y de qué modo me obliga a actuar cada uno de estos motivos? Por que no todos tienen el mismo peso en cada ocasión.   Así que si lo analizamos un poco veremos que las ordenes sacan su fuerza del temor a la represión en caso de transgresión de la norma, de la ley, del código o de la orden directa. Pero también  del esperar una recompensa si se cumple con la orden o su equivalente.   Las costumbres sacan su fuerza de la comodidad de seguir la rutina que el devenir humano ha establecido, pero también en el interés por no contrariar a los otros que siguen la misma costumbre y desentonar.  Las ordenes y las costumbres parecen tener una cosa en común, que vienen de fuera y se nos imponen sin pedirnos permiso.   Mientras que el capricho sale de dentro sin que nadie medie (directamente) para impulsarnos a hacer algo. El capricho es algo más libre que los otros dos tipos de motivos.  Elegimos un color simplemente por que nos gusta más… etc.  Claro está que la influencia del mundo exterior, de los otros, también afecta a nuestra elección de los caprichos, por lo que verdaderamente tampoco es una elección totalmente libre.

Sin embargo lo que es más importante es darse cuenta de que una acción, por si misma, no es buena solo por que ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me es conveniente o no tendremos que examinar la acción más a fondo, razonando por uno mismo. Nadie puede ser libre por mi, ni dispensarme de elegir y de buscar por mi mismo.  Por que una orden puede ser inconveniente para mi, como lo puede ser una costumbre o un capricho. 

Cuando uno es pequeño e inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad basta con la obediencia, la rutina o el capricho. Pero es porque todavía dependemos de alguien que vela por nosotros y nos limita a seguir su estructura. Luego hay que hacerse adulto, es decir, ser capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente vivir la que otros han inventado o dispuesto para uno.  Tomaremos elementos de los otros y nunca seremos originales, pero tendremos que hacer un esfuerzo para pensarlo.  Si no damos este paso no nos hacemos adultos.  Pero al final entre las ordenes que nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos y entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos lo que es conveniente.  Por tanto no habrá mas remedio, para ser hombres y no borregos, que pensar dos veces lo que hacemos.

Las ordenes y las costumbres pueden ser malas por muy ordenadas o acostumbradas que se nos presenten, por tanto si queremos aprender en serio como emplear bien la que libertad condicionada que tenemos (y este aprendizaje es justamente de lo que va la ética básica) mas vale saber que las decisiones sobre lo que es conveniente o no se han de tomar razonando sobre la validez de los motivos y sopesando siempre si cumplen o no con nuestra idea de lo que es bueno o conveniente. 

Determinar que es bueno en relación al ser humano no es tarea fácil.  En realidad hay muchos baremos para medir lo que es bueno para un hombre, así que lo primero será echar luz sobre esta cuestión tan básica.  Los códigos morales son tomados de ideas o normas establecidas entre los hombres para guiar sus comportamientos.  Hay muchas morales, a nosotros nos afecta la moral cristiana por que es la que ha predominado en nuestra cultura durante siglos.  Pero es posible ir más allá de ella y tratar de reducir esta moral a un principio ético que la subyace y del cual se ha de partir para superar las diferencias morales de los actos, según el baremo a usar.  Es decir que deberíamos ser capaces de encontrar la razón ultima por la cual el bien vivir sea explicado, y, a partir de ahí, derivar un código ético sobre el que tomar la decisión en cada momento, sobre nuestro actuar, para saber si actuamos de forma conveniente o no.  Ese es, como he anunciado, mi propósito al reflexionar sobre la ética básica.  Hacia allí me encamino pero antes hemos de seguir echando luz sobre ciertas cosas.

Como hemos dicho que lo principal es hacer buen uso de la mucha o poca libertad de la que disponemos, deberíamos empezar por asegurar que lo mejor seria hacer lo que uno de verdad quiere, no lo que quieren otros por mi.  Esto parece una verdad de perogrullo pero no es así.  No siempre lo que hacemos coincide con lo que de verdad queremos. Y ese es el primer conflicto.  Parece que lo primero seria por tanto saber que es lo que queremos.  Y tenerlo bien claro.

Hay que dejarse de ordenes y costumbres, de premios y castigos, de gustos condicionados, en una palabra de todo cuanto quiere dirigirnos desde fuera, y nos hemos de plantear todo este asunto desde dentro de nosotros mismos, desde el fuero interno de nuestra voluntad.  No le preguntes a nadie que es lo que debes hacer con tu vida: pregúntatelo a ti mismo.  Si deseas saber en que puedes emplear mejor tu libertad, no la pierdas desde el principio poniéndote al servicio de otro o de otras voluntades, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de tu libertad… a la libertad misma. 

La aparente contradicción que encierra el ‘haz lo que quieras hacer’ no es sino un reflejo del problema esencial de la libertad: que no somos libres de no ser libres, porque no tenemos mas remedio que serlo.  Y si en uso de tu libertad decides no serlo, de seguir el precepto de otro o dejarte llevar por la masa, seguirás actuando tal como prefieres: no renunciaras a elegir, sino que habrás elegido no elegir por ti mismo.  Sartre dijo algo realmente cierto: estamos condenados a la libertad.  Pues aunque dijeras que no quieres saber nada de todo este embrollo fastidioso, también estarías queriendo… queriendo no saber nada, queriendo que te dejen en paz aun a costa de convertirte en un borrego que sigue la corriente de la vida. Seria tu libre decisión la que te llevaría a este punto.  Tan libre como podría ser lo contrario. 

Supongamos, por suponer algo, que no decides dejar este espinoso asunto y quieres seguir investigando.  En este caso vamos a preguntarnos que es lo que mas queremos los humanos… así en general.  Si alguien me pregunta que es lo que mas deseo, pues después de un rato de pensar diría: darme una buena vida !!!   Efectivamente, si por algo nos puede interesa la ética es por que la ética es el intento racional de averiguar como vivir mejor. Así que, si merece la pena invertir esfuerzos en penetrar los contenidos de la ética es porque nos gusta la buena vida.  

Pero no quiero la buena vida de un animal de la selva, ni la de un pez en el mar. NO, quiero una buena vida HUMANA.  Y ser humano consiste principalmente en tener relaciones con los otros humanos.  Casi todo lo otro que no sea esto es ser animal en la naturaleza.  Por tanto lo que nos diferencia es nuestro sentido de humanidad, la ‘necesidad’ de relación con los demás.  Eso es fácil de ver poniendo un ejemplo.  Si pudiéramos tener lo que quisiéramos de entre todos los bienes a nuestro alcance, un mundo maravilloso, un clima perfecto, los lujos mas refinados, una salud envidiable y todo el dinero del mundo, de que nos serviría sino pudiéramos volver a ver ni a compartir todo esto con ningún otro ser humano, si estuviéramos solos.   Es así como entendemos que la buena vida humana es buena vida entre seres humanos.  Queremos ser humanos, no herramientas ni animales racionales aislados.  Y queremos sobre todo ser tratados como humanos, porque eso de la humanidad depende en gran medida de lo que los unos hacemos con los otros. 

El hombre no nace ya hombre del todo ni nunca llega a serlo si los demás no le ayudan.  ¿Porque? Porque el hombre no es solamente una realidad natural, como lo pueda ser una vaca o una lechuga, sino también y principalmente una realidad cultural.  No hay humanidad sin aprendizaje cultural y para empezar sin la base o fundamento de toda cultura: el lenguaje.   Nuestro mundo es una realidad de símbolos y leyes sin la cual no seriamos capaces de comunicarnos entre nosotros. Tampoco podríamos captar la significación de lo que nos rodea.  Pero nadie puede aprender a hablar por si solo por que no es una necesidad natural ni biológica, es una creación cultural que heredamos y aprendemos de otros hombres. 

Por tanto la humanización, lo que nos convierte en lo que queremos ser, es un proceso reciproco.  Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mi son todos como cosas, objetos o animales, yo no seré mejor que una cosa o una bestia tampoco.  Por eso ‘darse la buena vida’ no puede ser muy diferente de ‘dar la buena vida a los otros’.  Esa es la clave que debíamos de encontrar. Ahí esta la razón de ser de mi tendencia humana.  Sin ella no estoy muy lejos de la vida animal misma.

Cuando tratamos a los demás como cosas, lo que recibimos de ellos son también cosas:  al explotarlos recibimos dinero, nos pueden servir, ser útiles e incluso nos pueden sonreír, pero de este modo nunca nos darán esos dones mas sutiles que solo las personas pueden dar. No conseguiremos ni amistad, ni respeto, ni afecto, ni comprensión, ni mucho menos amor.  

En resumen para obtener de los demás esa complicidad fundamental que proporciona los bienes ‘verdaderamente’ humanos tenemos que tratar a los demás con el trato que solo se da entre iguales, y que no nos pueden ofrecer mas que otras personas a la que tratemos como tales. En reciproca correspondencia.  Cualquier trato que incumpla esta norma rebaja el intercambio al trato con meros objetos y deja de proporcionar los bienes humanos, tan  preciados, que están en la base de nuestra buena vida.

Hay una pregunta que nos hemos de hacer a la luz de lo descrito hasta ahora.  ¿Porque está mal lo que llamamos “malo”?  Y la respuesta es: porque no nos deja vivir la buena vida que queremos.  Para eso hay que quererla, evidentemente.  Y para ello primero hay que entenderlo. 

Resulta entonces que ¿hay que evitar el mal por una cuestión meramente de egoísmo? Pues si, esa es exactamente a la conclusión que hemos de saber llegar.  Lo que mueve nuestras acciones es justamente nuestro propio interés.  Y eso, en resumen, es ser egoísta en el buen sentido de la palabra.  Pero como, lo que mas queremos en este mundo es a nosotros mismos, no hay excusa para no practicarlo.  Si queremos nuestro bien buscaremos indirectamente el bien de los demás.  Así de fácil.  

Y que pasa cuando obramos mal, pues que aparece en escena algo que llamamos sentido de culpa o remordimiento.  ¿Pero de donde vienen los remordimientos?  Podía decir alguien que son reflejos íntimos del miedo al castigo que puedes merecer. Pero supongamos que no tienes temor a la venganza justiciera de nadie y no crees que haya ningún Dios dispuesto a condenarte por las fechorías… sin embargo tienes remordimientos.  Solo podemos explicarlo por que al obrar mal y darnos cuenta de ello comprendemos que ya estamos siendo castigados, que nos hemos estropeado a nosotros mismos —poco o mucho— voluntariamente.  No hay peor castigo que darse cuenta de que uno esta boicoteando con sus actos lo que en realidad quiere ser… Así pues los remordimientos vienen de nuestra libertad. Si no fuéramos libres, no podríamos sentirnos culpables de nada.  Por eso —a menudo— cuando hemos hecho algo vergonzoso buscamos una escapatoria y aseguramos que es que no tuvimos mas remedio que obrar asi, pues no pudimos elegir:  “cumplí órdenes”, “todo el mundo hacia lo mismo”, “perdí la cabeza”, “es más fuerte que yo”, “no me di cuenta de lo que hacia”, etc.

Preferimos confesarnos esclavos de las circunstancias antes que responsables de nuestros actos.  Y esto lo hemos de saber, hemos de aceptar que eso sucede —y nos sucede a nosotros— para estar alerta y no caer en la trampa que nos propone la mente.  Lo importante es tomarse en serio la libertad —o sea ser responsable— y emplearla bien para no sentirse en contradicción con lo que de verdad queremos como seres humano.   Ser responsable es ser capaz de dar respuesta a la autoría de nuestros actos. Para lo bueno y para lo malo. Apechugar con las consecuencias de lo hecho, enmendar lo malo que pueda enmendarse y aprovechar al máximo lo bueno.  El responsable siempre ha de estar dispuesto a responder de, y por, sus actos. Si, he sido yo.  Me equivoqué o no. Pero he sido yo sin excusas. Es mi libertad la que he usado mal o bien. Pero soy yo,  no la publicidad, ni el sistema capitalista, ni el carácter que me domina, ni el que no me educaron bien… etc. En definitiva es la aceptación del uso que he hecho de mi propia libertad no de las circunstancias que me han condicionado. 

Para acabar con el tema del obrar, algo que lo condensa todo en una frase.  Una frase tomada de la doctrina cristiana.  Todas las normas, todos los mandatos, todas las reglas de conducta se podrían resumir en una: «ama a los demás como a ti mismo».  Fijaos que cuando incumplimos esta norma es por que no nos queremos a nosotros mismos lo suficiente, con esto bastaría para comprender todo lo precedente.  Así que mi consejo es ‘quiérete mas’, porque al hacer daño a otro te lo haces a ti mismo.  Nada, ninguna acción, ningún obrar  que podamos imaginar escapa a esta lógica.

Entonces ¿si todo es tan claro y lógico como es que no lo hacemos?

miércoles, 13 de abril de 2011

2) La elección de la guia de viaje



Como decía mas arriba la elección de la forma en que tomaremos opciones ante el viaje de nuestra existencia es importante, y no siempre la elección depende de nosotros.   De hecho durante la niñez no tenemos la información ni la libertad suficiente para tomar otro camino que no sea el que nos marca la familia en el seno de la cual hemos nacido.  Es así como la familia transmite unos valores morales y un corpus doctrinal al que ceñirse para empezar a andar.  

No es hasta que somos adultos cuando tenemos la posibilidad de ver por nosotros mismos si lo cedido es conveniente o si otras opciones nos parecen más motivadoras, útiles o consecuentes con la idea global que tenemos de la vida.  Pero aún así todavía se presentarán ante nosotros muchas incógnitas que solo pueden ser despejadas con más información.  El transito de la niñez a la etapa adulta está marcado por el aprendizaje, por la acumulación de conocimientos.  Muchos de ellos nos serán útiles para ganarnos el pan y ser autosuficientes.  A menudo se pone el acento en ello olvidando la importancia que  tiene adquirir información y conocimientos que nos permitan vivir bien desde el punto de vista meramente humano… por que la construcción de nuestro ser ha de trabajar con el objetivo de devenir personas lo más eficientes, coherentes y responsables, todo ello en aras de ser feliz. Es precisamente a esta tarea: la de construir el ser, a la que estas notas se refieren.

Es muy probable que la adopción de una determinada moral imperante en el seno de la familia y sociedad en la que vivimos, sea suficiente para muchos y útil para esta etapa de inicio de nuestra autoconstrucción.   Al final muchos seres humanos no eligen sino que adoptan la postura más fácil que es, seguir —de forma exacta o con variantes— los pasos que les marcaron sus progenitores.

Lo que yo quiero proponer es la revisión de esta situación para elevar a la consciencia la necesidad de ser autor de nuestras propias elecciones.  Ser directores de nuestro devenir y recorrer un camino que hemos ponderado con nuestra reflexión tomando el máximo de elementos y reuniendo la máxima información. 

Es así que la elección de la guía de viaje se ha de tomar en serio, es una tarea importantísima y no vale excusarse diciendo que estamos condicionados, que nuestras decisiones están predeterminadas o que no tenemos posibilidad de huir de lo programado. 

Aunque sepamos que mucha gente no tomará en serio esta cuestión, nosotros hemos de ser honestos con nosotros mismos y darle la atención que merece, pues en ello sabemos que nos va la verdadera felicidad de nuestra vida.  Por que si bien no podemos cambiar el pasado si podemos usar nuestra libertad para cambiar el futuro. 

No se puede empezar la casa por el tejado, así que en un ejercicio de reflexión voy a intentar demostrar que hay que dejarse de suposiciones para ir a lo real.  A lo que se puede comprobar por uno mismo y deducir del comportamiento de nuestros semejantes y de nosotros mismos.   Mi tesis es que hemos de encontrar una norma, un corpus doctrinal, que esté en el fundamento de la construcción de nuestro ‘ser y estar en el mundo’.  Mi tesis es que esa norma es la ética básica del comportamiento.  Y que con ella como guía no es necesario creer en especulaciones veraces o en revelaciones que significan renunciar a nuestra libertad para ser esclavos del que nos ordena, informa e impone un determinado modelo de construcción del mundo, y, como consecuencia, de nuestro constructo personal: nuestro ‘ser y estar mundano’ . 

No se trataría tanto de saber o no saber con seguridad que algo sea así o de otra manera, pues modelos que nos expliquen la complejidad de la vida hay muchos.  Sino de construir nuestro ser de acuerdo a un principio rector que permita la vida plena, feliz y en armonía con nuestro entorno, desde el ámbito humano, pasando por lo social y enlazando con la naturaleza de la que somos parte.   Mas allá de lo fenoménico, de lo material e inmaterial propio del ser humano hay realidades metafísicas que podemos contemplar a la luz de muchos instrumentos, pero fundamentalmente es uno el que nos ha de guiar: nuestra propia razón  que nos has de conducir por el camino de la averiguación permanente.   Mi tesis es pues sencilla, no es necesario creencia alguna, sino atener nuestra construcción del ser a un principio que nos haga ‘ser y estar en el mundo’ felizmente rodeado de nuestros semejantes.  Ese principio fundamental, como he dicho, es la ética.  Como dice Wittgenstein si alguien fuera capaz de escribir un tratado de ética perfecto, desplazaría a todos los libros del mundo, haría innecesaria cualquier otra doctrina o creencia.

Espero demostrar que mi tesis es posible y que concuerda con la realidad.


viernes, 11 de marzo de 2011

1) Etica

El problema de la libertad es una cuestión elemental en la construcción de nuestro ‘ser y estar en el mundo’.  Es tan importante que la pongo en primer lugar de cualquier reflexión sobre el qué y el cómo de cualquier otra cuestión. 

¿Somos libres?

El debate entre determinismo y libre albedrío es tan antiguo como el ser humano.   Pero la evidencia de nuestras existencias nos dice que ni somos totalmente libres ni somos totalmente predeterminados.  Quizás algunos filósofos en su afán por profundizar en esta cuestión la han llevado a la radicalidad, como Spinoza cuando afirma:  ‘creemos ser libres, pero solo lo somos en la medida en que ignoramos lo que nos determina’. 

Seguramente, probablemente, muchas cosas que no conocemos nos determinan, influyen o condicionan, pero eso no quita que tengamos electividad, o sea capacidad de elegir entre opciones posibles.   Claro que en ultimo extremo, cuando ya hemos hecho la opción, siempre vendrá quien nos diga que la elección hecha era previsible por determinada condición previa.   En definitiva tenemos margen para la acción, con una libertad condicionada, pero libertad en tanto que podemos elegir la dirección de nuestras acciones de una forma voluntaria en un momento dado.  Digamos que actuar con libertad acaba siendo elegir entre lo posible.

Pero hemos de hacer algunas precisiones una vez adoptado el punta de vista ecléctico: ese que admite que nuestra libertad es real, aunque sea condicionada por muchos factores, algunos de ellos incluso desconocidos. 

No podemos elegir las cartas que la vida nos reparte, pero si podemos jugar esas cartas de muchas maneras posibles.  Por otro lado hemos de tener en cuenta que ser libres para intentar algo no tiene que ver con lograrlo solo por que lo hemos deseado o decidido. Por ello, cuanta más información acumulemos y mayor capacidad de obrar tengamos, mejores resultados tendremos del uso de nuestra ‘limitada’ libertad.

Nadie piensa verdaderamente que funciona como el motor de un automovil o como una hormiga programada por la naturaleza. Uno puede considerar que elegir libremente entre ciertas cosas  es en algunas ocasiones difícil  y que, a veces, es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere, o se conforma, con lo más fácil.  A veces exagerar el determinismo es una excusa para no ejercer la voluntad, y para justificar nuestras acciones o la falta de ellas.

En resumen: a diferencia del resto de elementos de la naturaleza viva, los hombres podemos elegir, en parte, nuestra forma de vida. Podemos elegir lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, y rechazar lo que nos parece malo e inconveniente. Pero como podemos elegir, también podemos equivocarnos. Y nuestro bienestar va a depender de la cantidad de veces que erremos.  Habrá que darle mucha importancia a lo que hacemos y procurar adquirir maestría en el arte de ‘un saber vivir’ que nos permita acertar en las elecciones de nuestro obrar.

 Al arte de vivir, es a lo que llamamos ética.


jueves, 3 de febrero de 2011

NOTAS SOBRE LA CONSTRUCCION DEL SER


Inicio hoy lo que me gustaría fuera un libro cuando esté acabado.  Todas las entradas que siguen a esta son correlativas y en ese orden se han de leer como capítulos de un libro.

Introducción:

Cuando uno nace, probablemente no es un libro en blanco. Pero solo podemos afirmar con seguridad que llevamos una carga génica, una herencia filogenética. Lo demás está en el terreno de las suposiciones.  Aun admitiendo que llevamos una carga genética lo que no sabemos con certeza es hasta donde alcanza esta herencia. Como tampoco podemos ni asegurar ni negar que más allá de la herencia genética haya algo más: predisposiciones o tendencias que marquen nuestra existencia futura o nuestro devenir en algo.  El tiempo y la acumulación de conocimientos ayudaran a seguir despejando estas incógnitas sobre las que en unos pocos años hemos avanzado bastante.  

Pongamos un ejemplo:  hasta hace unos 60 años no sabíamos exactamente nada sobre la herencia ligada al ADN. Fueron Watson y Crick, dos biólogos moleculares, los que descubrieron la manera como se transmitía la herencia mediante el ADN. En 1962 recibieron el premio Nobel de medicina por ello.  Ahora sabemos bastante más pero todavía es mucho lo que ignoramos.  Desde hace mucho menos, una década aproximadamente, sabemos que existen unas influencias que modifican la expresión de la carga genética ligada al ADN, esas influencias son el motivo de una nueva ciencia que esta empezando a desvelar sus formas de actuar: la Epigenética.   El ambioma: el nicho ecológico, y el comportamiento de nuestros ancestros son factores que producen cambios en la expresión de los genes, modificaciones que pasan a la herencia sin variar el contenido del material ADN ni generar mutaciones, eso es lo extraordinario.  Sabemos ahora, que el contexto en el que vivimos, las formas de alimentarnos, el clima, y algunas influencias externas todavía mal conocidas, actúan sobre la expresión genética y son transmitidas a nuestros descendientes, sin por ello modificarse los cromosomas.  Por primera vez entendemos que la causalidad, la ley de causa-efecto, puede ir más allá de nuestra existencia y ser transmitida a los descendientes. Lo novedoso es que no estamos hablando del color de los ojos, o de la forma física, sino de las adaptaciones a ciertas conductas elegidas voluntariamente.  El concepto importante es que, por primera vez, empezamos a comprender —científicamente hablando— cómo la elección voluntaria del ser humano produce efectos no solo directamente en nosotros mismos sino que tiene consecuencias reales en la linea sucesoria, o sea, sobre nuestros descendientes. 


Cuando el ser humano deja de ser un niño y se interroga sobre su propia existencia, da comienzo un largo camino que podemos recorrer, o no, pero en caso de hacerlo deberíamos poder elegir la forma en que haremos ese viaje. Pero casi nunca es así, veamos por qué. 

No somos únicos, ni estamos solos. El ser humano se diferencia de los animales en que se comunica a través del lenguaje.  Y es el lenguaje lo que construirá al hombre.  Somos un hecho  cultural y nacemos en el seno de una cultura que nos transmite, a través del lenguaje, unos recursos elaborados a lo largo de la historia.   A partir de cierta edad, de forma ya consciente, tomamos de la cultura conceptos que nos permitirán construir una imagen del mundo y de nuestra existencia en él.  

La forma de tomar de la cultura estos conceptos se convierte en un hecho de importancia trascendente.  Si simplificamos al máximo esta cuestión, podemos decir que hay dos formas básicas o elementales de incorporar contenidos a nuestro “ser y estar en el mundo”.  La creencia y la indagación.  Las dos son posibles y no excluyentes.  Proporcionan certezas de cualidad diferente.  Pero certezas que solo el individuo, el sujeto de ellas puede dar por válidas.  No se pueden validar objetivamente: la creencia por que no usa la experimentación, y la indagación por que la materia que se indaga no permite la experimentación.  Pero la clase de verdad que proporcionan, tanto una como otra, es válida en tanto que el sujeto que aprehende, las hace valer para sí.  Las declara válidas para sí mismo.   

La creencia toma prestado —de la elaboración de otros— el contenido.  Así, el corpus de doctrina, o sea los contenidos sobre los que un ser humano particular establecerá todos los parámetros de su “ser y estar en el mundo”, le son revelados.  Una vez el ser humano hecha a andar con ese bagaje validará los conceptos a través de la praxis.  Dará el nombre de verdad a aquello que algo o alguien estableció como auténtico, apoyándose —para certificarlo— en lo que él siente, descubre y obtiene —o sea a lo que experimenta en sí mismo— al ceñir su conducta al corpus de doctrina que hizo suyo a través de la creencia.   Es el camino de la fe y la religión.  

La indagación no toma prestado nada que no sea deducido previamente de su búsqueda usando la razón como faro que ilumina el camino a recorrer.  No adhiere a hechos desvelados por otros, por atractivos que sean los parámetros que se ofrecen a su “ser y estar en el mundo”, sino que se interroga sobre la validez de lo que sus razonamientos le desvelan paso a paso.  Rechaza o admite supuestos en función de la coherencia con su percepción de lo que es real, limitado a su propia comprobación empírica sobre lo que le sucede y lo que sucede a su alrededor.  Es un camino sin horizonte previo.  No sabe a donde puede llegar, y a menudo debe de desandar lo andado para indagar nuevas opciones que se abren a la duda.  Es el camino de la filosofía y de la ciencia.

jueves, 13 de enero de 2011

Las emociones negativas (IV y final)

Cuando empezamos a practicar sobre el mantenimiento de la atención interior en nuestro yo, en nosotros mismos, comprobamos que aparecen continuamente pensamientos que distraen nuestra atención a fin de arrebatar el control de la consciencia y llevarlo al sistema automático.  Si hacemos un esfuerzo volveremos a tomar el control, si nos damos cuenta de que la imaginación nos esta poseyendo y  la apartamos, tratando de persistir, la acabaremos ahuyentando y volveremos a tener consciencia de si. Pero más tarde o más temprano relajaremos la atención y regresaremos a la consciencia relativa o de vigilia…. sin embargo al cabo de un rato o de unas horas, si tenemos claro el objetivo y nos hemos decidido por llevar una actitud correcta, positiva, acabaremos volviendo a recordarnos.  Esta vuelta espontánea a la auto-consciencia se llama recuerdo de sí o auto-recuerdo.  Es como si hubiéramos puesto en marcha una especie de avisador que, de vez en cuando, nos indica que hemos de recordar quien somos, que queremos, que objetivo perseguimos y como hemos de aplicar la bondad de corazón y el criterio más recto para conducirnos de la mejor manera.  Los destellos de auto-recuerdo o recuerdo de sí nos permiten retomar el control, poner en orden los pensamientos y seguir permaneciendo en las partes buenas de nosotros mismos.  Son momentos en los que volvemos a tener la atención dirigida al mundo interno, al self, sin dejar, al mismo tiempo de prestar atención a lo que hacemos o pensamos.   Esto que ahora parece difícil  de que suceda es posible lograrlo con la practica y el esfuerzo de atención dirigida a nuestro interior.  Es cuestión de planificar estos ejercicios, de formarse un habito de revisión, de decidir como comienzo el día, cada día, de ponerse objetivos, de marcar unos momentos concretos para inducir el estado de auto-consciencia mediante el pensamiento y la atención.   Es bueno, por ejemplo, si cada día has de ir en coche a trabajar, o a llevar a los niños a la guardería, que al entrar en el coche crees una asociación que te lleve a hacer este esfuerzo de auto-observación tras el cual se produce el efecto de entrar en auto-consciencia.  Cada uno ha de estudiar su día a día para ver como y de que manera se planifica para conseguir una cuota de auto-recuerdo progresiva.   Por que esta claro que en función del mayor numero de minutos conseguidos en auto-consciencia, más probable es la aparición a lo largo del día de chispazos de recuerdo de sí aparecidos como consecuencia de aquellos.  Es como si existiera un efecto rebote que hiciera innecesario ponernos un despertador para recordarnos que nos hemos de observar.  

Pero la consecuencia más importante de esta reestructuración es que, si nos mantenemos en este estado, el recto pensar dejará sin energía a las emociones negativas, y nos daremos cuenta de que si bien ordinariamente ante un determinado evento responderíamos con ira o con desprecio, ahora no es posible.   Solo con que unas cuantas veces hagamos esta comprobación será suficiente para ‘entender vitalmente’ que es posible modificar nuestro encaje en los eventos. O dicho de otra manera, que es posible cambiar la actitud cuando no se puede cambiar lo sucedido.  Recordad que muchas veces, muchísimas, os he enseñado que cuando algo ha sucedido ya, no es posible cambiarlo, lo único que podemos cambiar es como nos lo vamos a tomar o como nos lo estamos tomando… lo que pasa es que a toro pasado —si ya estamos en posesión de la emoción negativa— no es posible cambiar nada… solo manteniéndose habitualmente en el correcto pensar y con la atención al self, o habiéndose despertado un recuerdo de sí justo entonces, o sea en el momento en que tenemos la percepción del hecho ocurrido —que no es posible cambiar—,  será posible adoptar una nueva actitud y evitar el desencadenamiento de la emoción negativa, la ira, el cabreo, la autocompasión, el desprecio o el miedo...


Cuando practicas un poco enseguida te das cuenta de que parece que la vida transcurre más lenta, y es cierto.   Si tratas de ser auto-consciente no puedes hacer dos o tres cosas al tiempo con lo cual la percepción es más intensa y lenta.  A veces ser más calmoso y pausado permite pensar lo más acertado, no decir lo primero que se nos ocurre, no engancharse a las emociones negativas, no caer en la trampa de la identificación con el proceso, etc. Pero fíjate que todo esto se produce porque has tomado una decisión. La decisión de poner atención en la observación que se dirige hacia uno mismo y hacia el entorno.  Eso es auto-observación, que correctamente practicada nos pone en estado de auto-consciencia.  En ese estado se conectan los pensamientos mejor y nos situamos en las partes más coherentes y nobles de nosotros mismos.   Un trabajo necesario si queremos modificar nuestro interior.  En este caso, el trabajo es sobre las emociones negativas pero no es el único que podemos emprender.  Hay mas.

Para ir acabando podíamos hacer un pequeño resumen práctico.  Se trataría de hacer lo que tenemos que hacer con el sentido interior de que cada cosa, cada acto, cada tarea o cada dedicación a la que nos entreguemos sea hecha con atención en la excelencia. Tratar de ser lo mejor posible, no solo como persona sino como ‘hacedor’ de lo que se esté haciendo.      Si mantenemos este propósito en nuestra consciencia necesitaremos —para lograrlo— una atención especialmente dirigida.  Eso se incorpora a nuestro proceder mediante el ejercicio constante del auto-recuerdo. 

Se podría decir que ese es el ‘corpus doctrinal’ del pensamiento al que hemos de volver y volver una y otra vez.  El ser lo mejor posible en todo lo que hacemos. Mejor padre, mejor pareja, mejor amigo, mejor ciudadano, mejor profesional, mejor cocinero, mejor conductor, mejor esquiador, mejor hermano, mejor hijo, mejor nieto, mejor tio, mejor… todo.  Ya sé que en muchas ocasiones es esa excelencia la que perseguimos, pero también sé como se olvida y como muchas veces obramos sin tenerlo presente.  Si practicamos la auto-observación dirigida, el desdoblamiento de la atención, incrementaremos los retornos, los recuerdos de sí que nos permiten una y otra vez volver de las partes mecánicas —del piloto automático en el que el devenir cotidiano nos sumerge—, hacia la verdadera consciencia.  Ese es nuevamente el camino para cambiar el impacto de las emociones negativas en nuestras vidas. 

Hay otros caminos. Si. La religión es uno de ellos y el propósito de ella es el mismo.  El corpus doctrinal que he mencionado se puede cambiar por la doctrina religiosa; el ejercicio de auto-observación se puede cambiar por la oración consciente; el recuerdo de sí se puede cambiar por la presencia de Dios en nuestro interior… etc.

Pero nosotros no somos animales religiosos, lo cual no es ni mejor ni peor, sino diferente, hemos elegido el camino de la vida ordinaria en la cual deseamos tener el mejor desempeño posible.  Este es nuestro camino de perfeccionamiento y seguirlo nos proporcionará felicidad, armonía con el entorno y paz.  Pero no sin grandes dosis de trabajo personal.  Es a eso a lo que os anima, una vez más, vuestro “papitugrillu”.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Las emociones negativas (III)

Las emociones negativas no se pueden parar una vez están desencadenadas y caes presa del estado de ánimo, conducida por él… hemos de ‘saber vitalmente’ que solo se pueden evitar si no llegan a desencadenarse.  Y como?  pues creando las condiciones adecuadas de autoconsciencia, o sea manteniéndose atento.  Entonces no permites que siquiera empiecen a trabajar y dejas de alimentarlas.   

Hay que aprender a pensar bien.  Tener claro lo que es una linea de pensamiento y de reflexión no entorpecido por la imaginación ni por la identificación….

A menudo creemos que la imaginación es algo útil.  En realidad solo es útil la imaginación controlada por la auto-consciencia, la otra, la imaginación normal, trabaja por su cuenta y es ella la que nos arrastra y conduce.  Nosotros no estamos, a estas alturas, capacitados para controlarla… así que hemos de ver en la imaginación no controlada un enemigo del que huir.   

Hablemos ahora de la identificación.  Este es un mecanismo psicológico muy poderoso que nos hace creer que somos algo que no somos, o nos hace meternos tanto en la situación que creemos que somos la situación.  De hecho nos identificamos con procesos o con partes de nosotros mismos que no son lo que nos reconocemos como yo.   Pero para hablar de ello primero veamos como estamos hechos por dentro. 

Aunque creemos que tenemos un pensamiento y una estructura mental unida, un conjunto de rasgos, preferencias, opiniones, criterios, valores morales, etc que nos determinan como persona única y ante el cual respondemos como yo, eso no es cierto.  Somos un conglomerado de diferentes deseos, opiniones, valores, tendencias, preferencias que a veces son contrapuestos y conviven en nosotros, en el núcleo del yo, dándonos la impresión de unicidad, pero solo la impresión.  Uno de los objetivos de la evolución del ser humano es llegar a ser una unidad de verdad.  O sea la de tener un yo verdadero.  Eso esta muy lejos.  Ahora no podemos ni soñar en conseguirlo. Antes hemos de trabajar mucho.  

Así pues la realidad es que estamos en poder de muchos yo, los famosos yoes.  Y nos pasamos la vida saltando de un yo a otro, lo que da como resultado que a veces nuestra coherencia no sea la que debiera.  Por ese motivo no podemos mantener decisiones que toma un yo, un aspecto parcial de nuestra personalidad, pues cuando toma las riendas del piloto automático otro conjunto de yoes, o otro aspecto parcial de nuestra personalidad, lo que el otro decidió este nuevo dueño de nosotros mismos no respeta o no cumple por que no es su guerra.  Esa es la explicación de la falta del cumplimiento de propósitos, o la explicación del olvido de objetivos… o el cambio de actitudes ante cosas que antes veíamos de una manera y ahora vemos de otra.   Afortunadamente para nosotros no vemos esto ordinariamente y así tenemos una falsa impresión de continuidad en el yo.  De otra manera nos volveríamos locos.  De hecho es una defensa del piloto automático la imposibilidad de ver de verdad, y comprender, nuestra falta de unicidad.  Unicidad que por otro lado es absolutamente prescindible para vivir ordinariamente.  Cosa que corrobora el que la mayoría absoluta de los humanos vivan y mueran en estado de multiplicidad yoica. 

Una de las ilusiones más fuertes es pensar que las emociones negativas son producidas por las circunstancias, y así hablamos de ‘estar cabreado‘ o ‘tener pena’ por una razón perfectamente justa.  Pero no es así.  Todas las emociones negativas  están en nosotros, dentro de nosotros.  Para empezar debemos convencernos de que no hay nunca razones justificadas para sentirse airado, entristecido, etc.  Pensamos a menudo que nuestras emociones negativas se producen por causa de los demás, por fallos o errores de las circunstancias.  Esto es ilusorio.  Mi ira no esta en la razón, esta en mi.  No hay ninguna razón inevitable por la que cierta acción de otra persona, o cierta circunstancia, tenga que producir una emoción negativa en mi. Solo mi debilidad.

Si nos ponemos a buscar excusas alguien podría decir ¿pero que pasa con el dolor producido por la muerte de un amigo o familiar, así como otros tipos de sufrimiento?  Pues que el sufrimiento, en sí mismo, no es una emoción negativa.  Solo producirá emociones negativas si uno se identifica con él.  El sufrimiento puede ser real, las emociones negativas no.  Después de todo el sufrimiento ocupa o puede ocupar una pequeña parte de nuestra vida, mientras que las emociones negativas ocupan una gran parte, por no decir la totalidad de nuestras vidas.  ¿Por que? pues por que sin darnos cuenta las justificamos.  Le damos la culpa a los otros o a las circunstancias.   Por supuesto que aquellos de nuestro alrededor que están llenos de emociones negativas e identificaciones van a producir, por reacción, similares condiciones o reacciones en los demás, pero es posible aprender a  aislarse de su influencia mediante el auto-recuerdo y la no identificación, dos mecanismos que habré de explicar más para que se entienda como operan.

Todos sabemos que en nosotros hay unas partes más nobles que otras, sentimientos profundos que están anclados en la bondad y el desprendimiento, por ejemplo, o ideales que hemos hecho nuestros y que no siempre están presentes en nuestra conducta habitual pero que sabemos que forman parte de nosotros.   Es importante saber qué queremos y qué no queremos de nosotros mismos, tener un claro marco de lo que son nuestros ideales de amor y de convivencia.  También es importante saber que tenemos un marco ético personal, que hemos acumulado sin darnos cuenta y del que, a pesar de que no lo vemos en el momento, en algunas ocasiones nos salimos y no somos fieles a él.    Cuando nos salimos de dicho marco ético siempre tenemos una venda en los ojos que amortigua la culpa que pudiéramos sentir,  así es como nos engañamos y justificamos pequeñas o grandes acciones que de otra manera se nos podrían echar en cara y avergonzarnos.  Pero el mecanismo de identificación y la amortiguación del autoengaño nos dejan seguir haciéndolo sin sentir culpabilidad.  Con la mentira pasa lo mismo.  Nos la toleramos porque nos la justificamos casi sin darnos cuenta, por que no estamos en la auto-consciencia. 

Si pudiéramos habitar siempre en nuestras partes más nobles, las que tienen los ideales y las que contemplan nuestro propio marco ético, no seria posible vernos arrollados por el impacto de las emociones negativas.  Por tanto es necesario hacer algo para ser autoconscientes el máximo tiempo posible y no caer en el sistema del piloto automático en el que es posible identificarse con la situación, caer en el autoengaño o la continua justificación que hace culpables a los otros o a las circunstancias. 

 
Si nuestra conducta fuera siempre definida o tomada en estado de auto-consciencia o conciencia de sí mismo, no podríamos engañarnos, ni identificarnos, pues nos daríamos cuenta enseguida y no tomaríamos la decisión equivocada o caeríamos víctimas de un mecanismo automático que nos aleja de nuestras partes buenas.  Por eso el único camino o esfuerzo que hemos de hacer es adquirir la capacidad de permanecer a voluntad y el máximo tiempo posible en estado de auto-consciencia o consciencia de si.  

Mientras no seamos más evolucionados es imposible permanecer mucho tiempo en estado de auto-consciencia.  Es más, al igual que la consciencia de vigilia debe de recuperarse tras un sueño reparador —en el que dejamos descansar a la consciencia ordinaria o de vigilia—, también la auto-consciencia debe de reposar y dejar que la consciencia ordinaria tome el mando de nuestro funcionamiento.  En las tareas normales de la vida —a las que estamos acostumbrados— no hay ningún problema en que el piloto automático sea quien decida.  De hecho es muy útil que pueda ser así, y no necesitamos gastar energía psíquica en mantener una atención dirigida hacia el self, el sí mismo. 

lunes, 29 de noviembre de 2010

Las emociones negativas (II)

Antes de centrarnos en su estudio y de como trabajar para su eliminación, hagamos un repaso a lo que yo creo que es el ser humano. 

El hombre no es un ser completo. La naturaleza lo desarrolla hasta un cierto punto, y luego lo deja... para que siga creciendo por sus propios esfuerzos y medios, o bien para que viva y muera tal como ha nacido.  El hombre se atribuye muchos poderes, propiedades y facultades que de hecho no tiene —aunque a veces se lo crea—, y que no poseerá a menos que pueda desarrollarse para convertirse en un ser completo.  Este debería ser el verdadero ideal de nuestro existir.  O ese es al menos el paradigma que yo me he formado y quiero transmitiros.

La cualidad más importante que el ser humano se atribuye, pero que no posee, es la consciencia.  Por consciencia se ha de entender una cualidad de la percepción, o apercibimiento interno, que debería de estar presente de forma continua en la existencia. Ya se que me podéis  decir:  no te pases... que somos conscientes !!!. Si, ya sé que tenemos una consciencia mecánica ordinaria que nos sirve para vivir, pero no es realmente la consciencia de sí mismo, de quien soy, de lo que siento o pienso, o de donde me encuentro en un momento dado.  Más adelante me explicare mejor sobre esta diferencia.

Hemos de recordar que el hombre no es igualmente consciente todo el tiempo. A veces estamos más lucidos y a veces estamos como más ausentes de nosotros mismos, o más ensimismados en nuestro papel del momento, tanto que no nos percibimos como  diferentes. La vida ordinaria es como si actor y personaje se confundieran y el personaje tomara el control de la vida del actor.

De hecho podemos acordar —para entendernos a partir de ahora— que hay  tres estados diferentes de consciencia:  el sueño, el estado de vigila o consciencia relativa —consciencia mecánica—, la auto-consciencia que es la consciencia de sí mismo. Para algunos todavia habría un estado de conciencia superior que sería la conciencia objetiva, pero no deja de ser una especulación puesto que no tenemos acceso a ella.  Baste decir, por el momento, que el hombre normal vive en solo dos estados:  una parte de su vida se la pasa dormido y la otra en lo que llamamos estado de vigilia regido por la consciencia mecánica o relativa.   A esta ultima me gusta llamarla ‘la consciencia del personaje del momento’.

El tercer estado de consciencia es el que deberíamos de poseer o saber despertar para vivir una vida de plenitud, y el que nos será necesario adquirir si deseamos trabajar nuestro mundo interno y evitar las emociones negativas.   Es difícil acceder a él,  pero no imposible. Lo primero es quererlo o desearlo de verdad, por que el precio es el esfuerzo.  Y el esfuerzo solo lo haremos si tenemos un fuerte deseo de mejorar. 

A partir de ahora cuando hablo de consciencia me referiré siempre a este tercer estado de consciencia o autoconsciencia. La consciencia del actor.   A que nos referimos?  pues a un estado de mayor amplitud que nuestro estado ordinario de vigilia.  Sobre este estado no tenemos ahora mismo control, pero si sobre el modo en que pensamos sobre él y es así como podremos construir nuestro pensamiento de modo que la consciencia se produzca.   Dicho de otra manera: dando a nuestros pensamientos una dirección que tendrían en un momento de consciencia, podemos inducirla.  Llamamos a esta practica auto recuerdo.  Es mantener nuestro recuerdo, de lo que somos y lo que pensamos, lo que queremos y lo que no queremos, en el presente continuo mientras vivimos.   Habitualmente no hacemos esto, entramos en sistema automático de vuelo y así seguimos hasta que nos acostamos.  Puede ser que a veces tengamos la sensación del autorecuerdo pero si no hemos hecho un acto voluntario es simplemente casual.   Hemos de aprender con la practica a mantenerlo y provocarlo. 

Pondré algún ejemplo que clarifique la cuestión.  Me pongo delante de un espejo y me digo:  este que veo soy yo, pero no todo lo que soy yo quiero que sea verdaderamente yo.  Así que quiero cambiar mi forma de ser.  Muy bien, pero ¿es posible cambiarlo solo tomando la decisión?  No.  Empezare por tomar consciencia de este deseo y para ello tratare de mantener mi atención dirigida hacia mi mismo… pero ahora, cuando me separe del espejo seguiré pensando y sintiendome yo y no me olvidare de quien soy…  ahora estas instalada en la auto-consciencia, te ves a ti misma, te percibes como algo que quiere mejorar, sabes que no todo tu interior te satisface, sabes que tienes un propósito y una meta, sabes que para empezar se te propone mantener tu atención dirigida hacia tu identidad…. pero cuando te separes del espejo y empieces a caminar, a bajar escaleras, a abrir la puerta y a recoger una bolsa, tu interior empezara a funcionar sin tu permiso, te aparecerán pensamientos, imaginaciones, parloteo interior, te dirás cosas a ti misma, etc. y unos minutos más tarde habrás olvidado la atención necesaria para seguir recordándote.   Habías iniciado el trabajo de auto-observación pero ves que pasado un tiempo no eres capaz de seguir observándote por que caes inmersa en la vida, y sigues haciendo cosas de forma automática o pensando por asociaciones o dejando volar la imaginación…  si no haces ningún otro esfuerzo de pensamiento acabaras el resto del día en el estado de consciencia de vigilia ordinaria y te iras a dormir. 

Que ha pasado?  Pues que no tienes capacidad para mantener tu auto-consciencia.  Es normal, nadie la tiene si no la entrena.  Es como muchas cosas, si entrenas aumentas el tiempo de permanencia en ti misma. En control.  Como ves es una cuestión de mantener una doble atención, una parte dirigida de ti a ti misma, la otra en lo que estas haciendo.  A base de ir probando alargaras el tiempo de permanencia en ti misma, en tu autoconsciencia, pero si no te propones hacerlo de una manera periódica se te olvidará el propósito y seguirás la vida normal en el semi-sueño de la conciencia de vigilia ordinaria. En una forma de transitar por la vida que llamaremos mecánica.  Por que no tienes, aunque a ti te lo parezca, control voluntario ni mental de lo que sucede.  Tomaras decisiones, harás cosas, emprenderás acciones, todo ello mandado de forma automática por un sinnúmero de mecanismos perfectamente entrenados y totalmente ajenos a tu control.  Esa es la vida normal.  Responderás a ciertos estímulos siempre de la misma manera y creerás que eso es lo que querías hacer, pero en realidad es lo que siempre has hecho, es lo único que podías hacer.  A veces reflexionaras y creerás que tomas una decisión libre por que puedes elegir entre dos opciones, si, pero la que finalmente tomes no es más que el producto de otras cosas que intervienen y determinan el resultado final.  En realidad estarás moviendote siempre por las causas adquiridas, o no, que determinan tu obrar.  La mayor parte de las cosas las hacemos correctamente y hemos aprendido a comportarnos de forma que nuestro comportamiento no nos traiga conflicto, pero a veces no sabremos evitar que determinadas situaciones nos desencadenen emociones negativas que serán siempre las mismas y no las podremos evitar… o si? 

Este trabajo es para mostraros que si es posible. Que no es complicado, aunque se necesita constancia y entrenamiento. 



sábado, 23 de octubre de 2010

Las emociones negativas (I)


Para Marta y Raquel.
Ya va siendo hora de que os hable de las emociones negativas con más profundidad.  Durante vuestra infancia y adolescencia hice muchas veces referencia a ellas como algo contra lo que no se podía luchar, contra lo que no se podía negociar ni establecer dialogo.  Contra ellas —os explicaba— lo único que podéis hacer es percibir que, una vez bajo su influencia, es imposible parar el dialogo en el que os involucran. Cuando te sientes atrapado en ellas solo se puede quitar la energía que nos chupan no haciéndoles caso, echándolas del corazón, con un gesto que os enseñé,  tratando así de cerrar cualquier negociación a la que os impulsarían si les dabais crédito.   Sacarles la atención que os demandaban era el único camino….

Pues bien ha llegado el momento de deciros que la cosa es más complicada de lo que os dije entonces. 

Empecemos por definirlas.   Son emociones negativas todas aquellas emociones de violencia o depresión como:  la autocompasión, el miedo, la desconfianza, los celos, la ira, la sospecha, el aburrimiento, el desprecio, la venganza, la pena, la melancolía, el odio…

Algunas son descargas de alto voltaje, explosivas como la ira, otras son de bajo consumo por que se introducen dentro de nuestro funcionamiento y nos van socavando como los celos, la autocompasión o la sospecha.   Las más explosivas requieren más atención para evitarlas, pero se desmoronan con más prontitud y su efecto inmediato se desvanece, sin embargo el impacto sobre los demás puede ser perdurable y la causa de nuestra infelicidad.  Las de bajo consumo —como yo les llamo— tienen efectos más profundos en nosotros mismos, aunque en ocasiones no son visibles desde el exterior hasta que el daño es irreparable.   Es en este tipo de situaciones cuando el quitar la atención es más importante y el único camino para no seguir enganchado en un autodialogo que es un circulo vicioso de justificaciones y razonamientos que se alimenta de nuestra atención y nos conduce a la depresión, a la melancolía, a la autocompasión, a la perdida de ilusiones, etc.

Las emociones negativas pueden teñir nuestras vidas de unos colores que a menudo, cuando estamos serenos o lucidos, no nos gustan.   De hecho solo podremos hacer algo si a lo largo de nuestra experiencia vital hemos visto repetidamente como se nos llevan por delante y nos arruinan algo o parte de lo que podría haber sido diferente.  Las emociones negativas son causa de infelicidad y de imperfección en nosotros, ese es el motivo de que debamos aprender a evitarlas, y —si podemos— erradicarlas de nuestro funcionamiento psicológico y de la personalidad, o del conjunto de rasgos por los que somos conocidos, valorados o apreciados por los que nos rodean. 

Esta claro que si alguien piensa de sí mismo que su interior ya esta bien como esta no hará ningún esfuerzo por mejorarse.  El problema viene cuando sabiendo que no está bien como está —no gustándonos como somos en algunos o muchos aspectos—, decidimos cambiar.   El problema es que no podemos cambiarnos a nosotros mismos solo por que lo deseemos con mucha intensidad…

sábado, 18 de septiembre de 2010

La dansa i la cultura de l'esforç

La dansa és una manifestació artística, és la segona de les belles arts,  però el que avui ens convoca a parlar-ne és la seva vessant com a disciplina.  I com tota disciplina requereix d’un esforç, un esforç que cal cultivar per que sigui útil al fi que perseguim…

Fem una mica de teoria… ens hem de posar d’acord en els termes que emprem per comunicar-nos… així hem de acceptar que ser disciplinat és un hàbit que s'ha de reforçar contracorrent, per que no es dona ni neix de forma natural… lo natural és no ser disciplinat.

La disciplina amb un mateix (la auto-disciplina) és l'únic instrument que ens posa fora de perill de la mandra que tenyeix de manera natural la nostra existència.

Però la disciplina com a hàbit necessita una de les disposicions del nostre psiquisme que és la voluntat.

La voluntat és una capacitat, no un hàbit.  És una capacitat que pot estar més o menys desenvolupada en nosaltres.

Però què és exactament la voluntat?

És la capacitat de posar energia en una determinació presa en un moment donat per mantenir-la al llarg del temps.

Sovint en lloc de voluntat el que fem servir és l'interès. I quan l'interès decau l'energia que s'havia transferit a la determinació desapareix i es deixa córrer la determinació. En negar-se-li l'energia, la direcció de la determinació canvia i l'objectiu no s'assoleix. És per això que una persona determinada sol serà realment determinada si té voluntat. Si no la té serà una persona amb bones intencions, però no les podrà fer reals per falta de constància, que és l'element que alimenta a la voluntat.  

Tots tenim voluntat, el que fa falta és que aquesta tingui la suficient força per conduir-nos al èxit, a la consecució del objectiu.   La voluntat s’ha de engreixar, ha de créixer, si és dèbil o esta subdesenvolupada, encara que servirà a petits objectius immediats, no serà útil més enllà.   Qui alimenta la voluntat, qui la fa créixer, és la constància, la repetició de certes conductes.   Però és un procés que s’autoalimenta, un feedback,  això vol dir que a mida que pugem esglaons en l’increment de la voluntat, aquesta mateixa capacitat augmentada ens ajuda a donar més passos en la direcció constant… per tant és fa més fàcil ser constant i perseverar.    Arriba un punt en el que el propi individuu percep l'èxit, el benefici d’aplicar-se amb voluntat i constància a les tasques, i d'això en treu arguments que el satisfan per seguir en la mateixa línia d’esforç… ha arribat al punt en que l’esforç és gratificant… però això no passa fins molt endavant… al principi no és així. 

La disciplina és un hàbit, i un hàbit és una conducta repetida per crear costum…  el merit és a la repetició.   És per això que quan parlem de educar nens/nenes i formar nois/noies hem de saber que certes activitats, com la dansa, tenen la possibilitat de ser útils al procés maduratiu.  Però he dit, possibilitat, per que no sempre el camí iniciat es segueix, a vegades es deixa la activitat sense concloure el cicle formatiu… llevat de casos excepcionals justificats, casi sempre és per falta de disciplina amb un mateix.   Sense la suficient dosi de voluntat i constància no hi ha finalment èxit en la determinació que un bon dia es va prendre.  Quedant el procés en expectativa no aconseguida…  La repetició en la vida d'aquesta situació dóna com a resultat una persona dèbil en les seves conviccions i feta a les seves contínues renúncies. Amb bones intencions però amb escassos èxits.

Jo defineixo l’esforç com la capacitat per anar més enllà del que ens ve de gust en el mateix moment… és la capacitat per anar en contra de la nostre preferència instintiva… per exemple:  hem de pujar una pedra grossa a una taula… sense esforç no ho farem.  Lo més natural és dir… uf  això pesa massa… i no provar-ho…  és la llei del mínim esforç que és a la base de tothom.   Nomes amb una educació i/o motivació adequada superem aquest línia basal i ens considerem capaços de fer esforços.   

Quan els nens són petits necessiten motivació, la motivació es serveix amb paraules, com a conseqüència d’actes, de petites conquestes, de superar petits reptes.  Però sovint els pares obliden que no es pot educar nomes amb bones paraules.  Que són encara més importants els fets, els fets concrets son els que ensenyen als nens.  Per que el nen aprèn de forma concreta, no dels discursos, sinó del que li aporta la seva experiència vital…  és a dir, les creences i percepcions sobre les normes que els seus pares li ensenyen estan basades principalment en la seva pròpia experiència: en el que els seus pares fan i no necessàriament en el que diuen.   Els fets aconsegueixen que les paraules siguin creïbles.    En cas de que fets i paraules no es corresponguin sempre prevaldrà el que ensenyen els fets...

En resum ser capaç de fer esforços és una tasca que els pares han de cultivar (en el sentit de fomentar o millorar) des de petits.  És per això que parlem de cultura del esforç  (en el sentit de cura o conreu de una determinada activitat) per que és un conreu que donarà fruits més endavant.  

Com contribueix la dansa a la cultura de l'esforç?


Aquí hem de fer dos precisions…  Primera, que la dansa contempla un ventall molt interessant de fets; d’una banda és una activitat artística, però a diferencia de la musica, per exemple, te una vessant física que és molt important a la etapa inicial del desenvolupament del nen o nena.  És tambe una activitat que te una base instintiva, el ritme, que és la capacitat per moure's al compàs d’un so, i que s’adquireix des de ben petit.   Però no pensem que per que tot sigui tan maco els nens s’estimaran més anar a dansa que anar a futbol, musica, judo o hockey… la tria és una qüestió dels pares, si no venen d’una cultura artística segurament no iniciaran als fills a la dansa.  O millor dit no incentivaran la seva afició… si és cert que hi ha nens que son excepcions i que malgrat tenir uns pares ‘tirats‘ que no fan exercici ni tenen cap afició artística, acabaran fent dansa, musica o patinatge… però el més habitual és que hi hagi una cultura parental prèvia que determini fins a cert punt la inclusió de una o un altre activitat.    La dansa, contribueix a la cultura de l’esforç en tant en quan és una disciplina i és necessari fer esforços.   Però qualsevol activitat artística o física conte els ingredients per ser inclosa dintre de la cultura de l’esforç.   La dansa en aquest aspecte no és diferent, però si hem de dir al seu favor que inclou elements de polivalència que la fan molt més adequada que les disciplines que aporten tan sols una dimensió esportiva com el futbol o el basket o una dimensió artística sense moviment, con la musica o la pintura. 

Segona precisió,  la cultura de l’esforç no és responsabilitat de la disciplina, en aquest cas la dansa, sinó de la família.   El nen, qualsevol nen, idealment ha d’arribar preparat a la practica de qualsevol disciplina, una preparació prèvia que inclou haver passat amb èxit de la etapa de la negació a la afirmació, de la etapa de la dependència materna al desig d’autonomia i finalment una adequada preparació per tolerar amb èxit la imposició.  La assignatura més difícil dels tres primers anys de vida.   Aquestes son las bases per començar a conrear l’esforç, d'aquí vindrà el reforçament de la voluntat que amb constància esdevindrà una conducta repetitiva, per tant un habit, que finalment donarà la auto-disciplina necessària per avançar cap a un vida d’adult responsable de si mateix i amb capacitat per convertir-se en un ser social.   En tota aquesta trajectòria, la dansa, o la activitat triada, tindrà un paper de pedra de toc i de reforç de la base que des de la família s’ha de establir… no sempre es fa, i moltes vegades la disciplina queda merament com una habilitat apressa de la que es pot fer gala, i que pot servir per engalanar simplement la nostra personalitat.   consciencia vol dir que sense una consciencia plena de que estem sotmeten al fill a una ‘global’ cultura de l’esforç ens quedem a mig camí.   I tambe vol dir que els pares no es poden mai desentendre de la seva responsabilitat transferint-la o a la escola o la practica d’una disciplina com la dansa o qualsevol altre.