viernes, 13 de septiembre de 2013

La batalla de Muret 800 años después...

El 13 de septiembre de 1213 tuvo lugar la batalla que marcó el ocaso de la expansión más allá de los pirineos del Reino de Aragón... ahora que se cumplen 800 años he querido ahondar en ello y he resumido lo que he encontrado sobre Muret en diferentes fuentes.

La Batalla de Muret

Muret: El ocaso del sueño ultramontano.

Si hay una batalla crucial para los intereses de la Corona de Aragón en la política exterior europea del siglo XIII esta es sin duda la de Muret. Y si los protagonistas fundamentales de Las Navas de Tolosa habían sido el monarca don Alfonso VIII de Castilla con sus aliados y el Miramamolín almohade Muhammad an-Nasir, en Muret lo serán don Pedro II el Católico de Aragón, junto con la nobleza occitana, y el barón normando Simón de Monfort, que habría de derrotarles en audaz táctica de combate con apenas un millar de caballeros. Pero antes de narrar el modo en que se produjo este enfrentamiento es necesario  entrar en antecedentes y explicar los motivos que llevaron a don Pedro II de Aragón a enfrentarse a los cruzados bendecidos por el mismo pontífice en el nombre del cual apenas un año antes había combatido contra los almohades.

Pedro II El Católico de Aragón

Pedro II, llamado El Católico por haber sido coronado por el Papa y haber renovado en 1204 el vasallaje del Reino de Aragón a la Santa Sede que suscribiese en 1068 su antecesor Sancho Ramírez, se vio obligado a continuar la política de acercamiento a Occitania, en el sur de Francia, iniciada por su padre el rey Alfonso II el Casto, fruto del matrimonio de Petronila de Aragón y el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona. Alfonso II había recibido en 1166 la regencia del condado de Provenza al morir el conde Ramón Berenguer III (primo hermano del rey aragonés) sin sucesión, y a partir de entonces hubo de luchar contra distintos levantamientos, tejer un complejo conglomerado de alianzas y designar diferentes regencias que, a la postre, permitieron a la Casa de Barcelona consolidar su posición en Occitania. Entre 1181 y 1186, Alfonso II concentró todos su esfuerzos políticos en Provenza, y en su testamento dispuso que, a su muerte, (ocurrida en abril de 1196), sus reinos se repartieran entre sus dos hijos: Pedro, conde de Barcelona y rey de Aragón (1196-1213) y Alfonso, conde de Provenza, Milhau y Gavaldá (1196-1209).

Al subir al trono Pedro II de Aragón se encuentra, por tanto, ante la necesidad de fortalecer su posición en el sur de Francia y para ello comenzará a estrechar sus relaciones diplomáticas con los nobles y refinados señores del Midi y casará en el año 1204 con María de Montpellier, hija del conde Guillermo VIII, cuyos súbditos había expulsado al bastardo Guillermo IX para proclamar condesa a su hermanastra y casarla con Pedro de Aragón, quien añadirá así el título de conde de Montpellier a los de rey de Aragón y conde de Barcelona. Y al mismo tiempo la princesa Leonor, hermana de don Pedro, casará con el conde Raimundo VI de Tolouse, que establecerá una firme alianza con el conde Ramon-Roger de Foix y con los Trencavel de Carcasonne. De esta manera, al finalizar el siglo XII el rey don Pedro de Aragón era señor feudal en mayor o menor grado de todo el sureste de Francia, desde la Provenza hasta Toulouse.


Presencia aragonesa en Occitania en tiempos de Pedro II de Aragón


Los intereses aragoneses en el sur de Francia obligarán a dedicar a esta zona la mayor parte de los esfuerzos de Pedro II. Influencias provenzales penetrarán en la Corte aragonesa. Pedro II responde al ideal de caballero feudal “de elevada estatura y arrogante presencia”, alabado por sus trovadores Ramón de Miraval, Giralt de Calansó y Guin de Usez, que protegidos por el rey difundieron la literatura provenzal en la Corte aragonesa.
A comienzos del siglo XIII prende con fuerza en el sur de Francia la herejía de los cátaros albigenses, encabezada por el conde de Toulouse, que no consta habese convertido a la herejía de los llamados perfectos pero que sí simpatiza abiertamente con ellos. No es este el momento de extendernos a propósito del Catarismo y sus principios teológicos (fascinante tema que bien merece un tratamiento mucho más exhaustivo), pero baste con decir que la expansión de esta corriente herética por el Languedoc sirvió de excusa al rey Felipe Augusto de Francia (a quien conoceremos más adelante al frente de sus tropas en Bouvines) para apoyar la Cruzada albigense predicada por el incombustible Inocencio III y enviar a Occitania un contingente de tropas a las órdenes del barón normando Simón IV de Monfort, que actuará en su nombre.


La Cruzada

El detonante de los hechos fue el asesinato del legado papal Pierre de Castelnau el 14 de enero de 1208  cuando se disponía a cruzar el río Rhone, volviendo de la reunión de Saint Gilles donde había tratado de convencer -sin conseguirlo- a Raimundo de Toulouse para que se uniese a la condena y persecución de los cátaros. El asesinato no fue ordenado por Raimundo pero sobre él y sus tierras cayo toda la responsabilidad. El Papa Inocencio III acusó abiertamente al Conde de Toulouse y lo excomulgó. La Cruzada militar iba a sustituir a la Cruzada pacífica y se encarga al nuevo legado papal, el arzobispo de Narbona a quien ya conocemos, Arnault Aimeric, que sea su mentor espiritual. Al año siguiente una coalición formada por varios nobles francos al mando de Simón de Monfort toma Béziers (donde son asesinados todos sus habitantes por indicación de Arnault Aimeric, que ante la duda propuso a los cruzados: “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”) y sitia Carcasonne. El rey aragonés acude en ayuda de sus vasallos, presentándose en la ciudad donde intenta convencer al vizconde Ramón Roger, jefe de los sitiados, para que dialogue con los sitiadores y evite el enfrentamiento. El Trencavel decidió parlamentar; recibió un salvoconducto, acudió al campamento pero fue hecho prisionero. Posteriormente, tras la toma de Carcasona, fue encerrado en un calabozo de una torre de su propia ciudad. El 10 de noviembre de 1209 murió en la celda, con 24 años, pero pudo evitar la destrucción de la ciudad, que quedó en manos del nuevo conde, Simón de Monfort.

Tras el triste episodio de Carcasona, Pedro II regresa a Aragón y forma un poderoso ejército para conquistar el reino de Valencia, pero los acontecimientos del sur de Francia impiden al aragonés continuar sus conquistas en Levante. En enero de 1211 asiste en Narbonne a la conferencia entre Simón de Montfort, el conde Ramón de Tolouse y los legados Arnault Aimeric y Ramón  de Usez, para tratar de conciliar a los condes de Tolouse y Foix con la Iglesia. Simón de Montfort, buscando la avenencia con Pedro II, propuso casar a su hija con el príncipe de Aragón D. Jaume, nacido en 1208; el matrimonio no llegó a celebrarse pero D. Jaume quedó en poder del de Montfort, que ofreció homenaje al rey de Aragón por Carcasona.


Nuevamente se abre un frágil período de paz durante el cual el rey de Aragón estrechará su alianza con el reino de Castilla acompañando a Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, como ya hemos visto, junto con su cuñado Raimundo VI de Toulouse e incluso el mismísimo Arnault Aimeric, ya que como sabemos Alfonso de Castilla había conseguido del papa Inocencio III la bula de Cruzada para su enfrentamiento con los almohades, de ahí la presencia del legado papal entre los combatientes. La batalla supuso un gran éxito para las fuerzas cristianas y el rey de Aragón pudo regresar con tranquilidad a su reino, pero nuevas nubes se cernían sobre sus posesiones occitanas, ya que la Cruzada contra los herejes cátaros seguía su curso de la mano del barón de Monfort.


Las Motivaciones.

Conviene llegados a este punto analizar siquiera brevemente cuáles fueron los motivos que impulsaron a estos personajes a luchar en el campo de batalla, es decir, qué llevó a un rey declarado católico y coronado por vez primera por el papa a defender junto a los nobles occitanos a un grupo de herejes cuyas creencias no compartían. Y, por otra parte, se hace también necesario profundizar en las distintas razones para que un noble normando de la Île-de-France se tomase tantas molestias, quebrantos y sufrimientos para luchar contra una herejía pacífica y sencilla de aplastar, pero muy alejada de su patria de origen. ¿Quiénes son, en definitiva, los hombres que van a enfrentarse en Muret?  Para comprender estos aspectos hay que barajar un cúmulo de elementos y circunstancias que van desde la política hasta la economía pasando por la sociedad y la religión. 

Pedro II

Por lo que a Pedro II de Aragón se refiere, tengamos en cuenta en primer lugar que no se trata de un soberano cualquiera, sino de un rey “pactado” por sus propios nobles (las características de la monarquía aragonesa son realmente peculiares, ya que desde sus mismos orígenes Aragón “antes tuvo leyes que reyes”), un monarca que debe defender ante todo las leyes ancestrales de su reino y asentar su autoridad en los territorios ultramontanos a través del apoyo incondicional a sus leales, sean del credo que sean. El poder del rey de Aragón se cimenta en el respeto a sus súbditos, y frente a esto no cabe excepción alguna. Ni siquiera ante la Iglesia.

Lo mismo puede decirse de Raimundo VI de Toulouse, Ramón-Roger de Foix y el conde Ramón-Roger de Trencavel. Sin que nos conste su conversión a la fe cátara, son ante todo señores de sus estados y súbditos de su monarca, y entienden que la cruzada es en realidad una maniobra papal para privarles de sus dominios y ligarlos a la órbita del rey de Francia, lo que significaría el fin de la peculiar organización social, política y administrativa languedociana. Por eso su primera preocupación es defender a su pueblo sin permitir ingerencia alguna ni siquiera de los legados papales, habida cuenta de que Inocencio III apoya firmemente los intereses del rey Felipe Augusto. Y por eso el conde de Toulouse se negará sistemáticamente a sumarse a la Cruzada contra sus propios súbditos hasta el punto de sufrir la excomunión por tal motivo.

Inocencio III

Por lo que se refiere al papa Inocencio III (Lotario de Conti, Sumo Pontífice entre 1198-1216), debemos también considerar que se trata de un noble italiano, nacido en Anagni y educado en París y en Bolonia,  de manera que su origen aristocrático y su formación como jurista y teólogo especializado en Derecho Canónico lo inclinaban a considerar la preeminencia y potestad absoluta de la Iglesia sobre todo el Orbe Cristiano (plenitudo potestatis), incluso sobre el emperador, de manera que el papa Inocencio resucita de forma incuestionable el nunca apagado conflicto entre güelfos y gibelinos afirmando que el Sumo Pontifice tiene, por tanto, derecho a intervenir en los estados de los príncipes cuando haya motivo de pecado (ratione peccati), ya que si bien el monarca debe velar por la integridad física de sus súbditos, la salvación de sus almas está en manos de la Iglesia.

De hecho, con respecto a los cátaros, en un primer momento Inocencio III enviará como gesto de paz al castellano Domingo de Guzmán y al italiano Francisco de Asís a predicar la Palabra de Dios y el Perdón de la Iglesia a Occitania. Sólo tras la muerte del legado Pedro de Castelnau en 1208, como ya hemos visto, se decidirá el Pontífice a proclamar la Cruzada. Y, por último, tengamos también en cuenta que las tradicionalmente malas relaciones de la Santa Sede con el Imperio Germánico desde la Guerra de las Investiduras llevarían al papa a establecer una alianza política con Francia y a un enfrentamiento con sus enemigos (en este caso, Aragón y los condes occitanos).

Por otra parte, hay que tener también muy en cuenta que a comienzos del siglo XIII el Languedoc es lo más parecido a una tierra de promisión, un Paraiso Terrenal que podemos encontrar en la Europa del momento. Poblado de ciudades muy prósperas (Carcassonne, Toulouse, Béziers, Albi, Montpellier, Agen, Foix, Cahors, Narbona...), dominadas por una rica  burguesía artesanal y mercantil y con un sistema de explotación feudal mucho menos riguroso y tiránico que el de la Francia de los Capetos, la Inglaterra de los Plantagenet o el Imperio Germánico de los Hohenstauffen, el país de la Lengua de Oc (langue d’Oc) goza en este momento de un esplendor cultural sin precedentes con el desarrollo de la lírica provenzal y la literatura del Amor Cortés, de tal manera que la propia corte de Raimundo de Toulouse es conocida como la Court d’Amour y en ella se dan cita trovadores, músicos, damas y escritores (Bertran de Born, Arnaud Daniel, Guiraut de Bornelh, etc) que se expresan en provenzal, la lengua del amor y la poesía, y que aspiran a formar parte de este oasis de paz y de cultura languedociano en el que, además, la mujer goza de unas libertades como nunca antes se habían dado en la Historia y nunca volverán a darse después hasta el siglo XX.

Occitania es la perla que falta en la corona real de Felipe Augusto de Francia, el cual -por otro lado- aún no tiene puesto todo su interés en ella, por lo que mandará a sus nobles barones a tomar posesión de estas tierras meridionales en su nombre. El rey francés tiene en este momento puesta su atención en la amenaza del Imperio Germánico, aliado con el conde de Flandes y el de Boulogne, y en la Inglaterra del príncipe Juan Sin Tierra, de modo que será Simón de Montfort, conde de Leicester (1206-1207, desposeído por el mismo Juan Sin Tierra), el legado real que se ponga al frente de los caballeros normandos que acuden a la llamada del papa Inocencio para acabar con la herejía cátara... y para obtener sustanciosos botines en oro, tierras, ciudades y castillos con cada conquista y cada victoria.

Simon de Montfort

Montfort es hombre ambicioso y fanático que actúa con una doble motivación. Ha participado en la Cuarta Cruzada y ha tomado a los musulmanes numerosos territorios en Palestina por sus propios medios, de manera que está imbuido de esa radical espiritualidad que confiere la lucha contra el infiel en Tierra Santa. Y por eso cuando Inocencio III predica la Cruzada contra el Catarismo, Simón se apresurará a ponerse a las órdenes del rey de Francia y marchar al frente de sus cruzados rumbo al Languedoc para aplastar a los herejes. Pero no todo es fanatismo religioso y arrebato espiritual: Montfort sabe que los herejes y quienes los defiendan van a ser desposeidos de sus territorios... y alguien deberá hacerse cargo de ellos en nombre del rey de Francia. De este modo  encontraremos al "piadoso" barón convertido sucesivamente en vizconde de Béziers, vizconde de Carcasona, conde de Toulouse y duque de Narbona, llegando a enfrentarse al mismísimo Arnault Aimeric como dos perros rabiosos frente a una chuleta de cordero por este último nombramiento y convirtiéndose la Cruzada ya al final en una vulgar guerra de conquista.

Montfort sufrirá durante la cruzada albigense numerosos desengaños por parte de sus propias tropas. El sistema de reclutamiento se basaba en lo que se conoce como la Quarantaine (la cuarentena), de modo que los cruzados sólo tenían la obligación de luchar bajo las banderas de Cristo durante cuarenta días, siendo a partir de entonces libres de regresar a sus hogares, cosa que muchos hicieron dejando al barón desguarnecido y sin apenas apoyos hasta recibir refuerzos. Esa, precisamente, fue la situación en la que se encontrará en Muret, disponiendo de menos de un millar de efectivos.

Estos son, pues, los hombres que combaten el 13 de septiembre de 1213: la ambición política y el fanatismo religioso del barón normando contra la legitimidad real y el ideal caballeresco de Pedro el Católico. Pero mientras Montfort tiene una fe ciega en que Dios está de su parte y cuenta con la férrea lealtad de sus caballeros, entre las tropas occitanas y aragonesas reina la discordia y el desorden...


La Batalla.

Pedro II el Católico regresó a sus dominios aragoneses tras el triunfo de Las Navas para encontrarse con que en el Languedoc Simón de Montfort había abandonado sus recién adquiridos dominios carcasonenses para amenazar las tierras del condado de Toulouse, dentro de la ya evidente estrategia de conquistar toda la Occitania en nombre del rey Felipe Augusto. Ante el avance de los cruzados, el conde Raimundo VI de Toulouse firmó un pacto secreto con Pedro II de Aragón el 27 de enero de 1213, pero no debemos olvidar que el monarca aragonés -todavía mediador en el conflicto- había entregado dos años atrás a Montfort en custodia, como aval de sus intenciones pacificadoras, a su hijo Jaume (Concordia de Narbona, 1211), por lo que temía que el normando pudiese causar algún daño al niño si la Corona de Aragón se levantaba en armas contra las huestes de la Cruzada, de modo que don Pedro dudó durante varios meses en apoyar a su vasallo. Finalmente, Raimundo de Toulouse hizo valer el pacto firmado en enero y el rey Pedro II de Aragón, llamado el Católico por la Historia, decidió reunir un ejército con el que enfrentarse a las tropas del Papa y del rey de Francia encabezadas por el barón Simón de Montfort...

El 10 de septiembre de 1213 las fuerzas de don Pedro llegaron a las proximidades de Muret, una villa fortificada a apenas 40 km. al sur de Toulouse, en la confluencia de los ríos Garona y Louge y guarnecida por una treintena de caballeros franceses y 700 infantes a las órdenes de Montfort, que no se encontraba en ese momento en la ciudad. Las huestes del rey aragones incluían a los hombres de Raimundo VI de Toulouse y los condes Ramón-Roger de Foix, el de Comminges y el de Béarn, sumando un contingente de 3.000 caballeros y sargentos más un número indeterminado pero muy superior de soldados de infantería, que acamparon al norte de la ciudad, sobre el pequeño río Louge. Sin embargo, aunque Raimundo aconsejó no presentar batalla y sitiar a los cruzados para vencerlos por hambre, el rey Pedro rechazó el consejo por considerarlo poco caballeroso y deshonroso, y distribuyó su ejército de forma que el flanco derecho quedaba protegido por una marisma y el izquierdo por el río, y dejó a la milicia para asaltar los muros de la ciudad, que comenzaron a ser batidos con máquinas de asedio el día 11. 

Ese mismo día Simón de Monfort al mando de apenas 740 jinetes (240  caballeros y 500 sargentos) llegó a Muret por el oeste y los aragoneses, temiendo ser cogidos por la retaguardia, se retiraron en tropel y permitieron al normando ponerse a salvo tras los muros de la fortaleza. En total, las tropas francas sumaban unos 800 efectivos a caballo frente a los 3000 occitanos y aragoneses, además de un gran número de infantes (más de 20.000, según las fuentes).

La noche del 12 al 13 de septiembre de 1213, en las proximidades de Muret, ha sido envuelta en un hálito de leyenda. Mientras Simón de Monfort obligaba a sus cruzados a confesarse, escuchar misa y comulgar devotamente ante el enfrentamiento que se avecinaba, hay dos versiones, ambas de cuestionable credibilidad, sobre lo que hizo el rey Pedro en la noche previa a la confrontación. El primero, narrado por Vaux de Cernay, cuenta que Pedro escribió una carta a una misteriosa dama en la que le confesaba que entraba en batalla sólo con el fin de impresionarla para poder obtener sus favores carnales. Esta misiva habría sido interceptada por el prior de Pamiers, quien se la mostró a Simon de Monfort, provocando en éste un sentimiento de reprobación por la indignidad de los motivos del monarca aragonés para luchar. En contra de la fiabilidad de esta versión está el hecho de que podría haberse elaborado para deshonrar la memoria del enemigo de las tropas francesas.

La segunda versión, que es la que ha entrado con mayor éxito en el ámbito de la leyenda, es la que aparece en el "Llibre dels Feyts", crónica elaborada por un cronista catalán por encargo de Jaume I, el hijo de don Pedro, para tratar de buscar justificación a la derrota de tan insigne guerrero, que sólo se explicaría a partir de un estado de debilidad extrema provocado por los excesos cometidos durante toda la noche en los placeres de la bebida y la lujuria, que prácticamente impedirían al católico rey Pedro tenerse en pie por la mañana en el campo de batalla:

I aquell dia que es donà la batalla, el rei habia jagut amb una dona, com oírem dir desprès, a Gil -el seu reboster que mès tard fou frare de l’ordre de l’Hospital-, el qual habia estat en aquell consell, i a altres que ho veieren pels seus ulls. I durant l’Evangeli no es va poder estar dret, sinó que s’assegué en el seu sitial mentre es llegia...

(Llibre dels fets de Jaume I. Edición en valenciano. Antoni Ferrando y Vicent J. Escartí, Ed. Afers, 1995)

Sea como fuere, al día siguiente hacia el mediodía Simón de Montfort dividió sus fuerzas en tres cuerpos de unos 250 caballeros cada uno y salió de improviso de la ciudadela por la puerta de Sales, oculta a la vista de los aliados, que al vislumbrar en la lejanía a los jinetes tuvieron la primera impresión de estar huyendo hasta que comprobaron con alarma cómo los caballos viraban hacia la derecha para cruzar el pequeño Louge y quedar frente a ellos. Al frente de los fuerzas aliadas iría el conde de Foix, y tras él el grueso del ejército aragonés al mando del rey, ya que Raimundo -despechado- decidió finalmente no sacar sus fuerzas del campamento. El plan era muy audaz: los dos primeros cuerpos, con gran parafernalia y todas sus banderas, pendones y estandartes ondeando al viento, atacarían la vanguardia de Ramón-Roger de Foix, que se encontraba completamente desprevenida (algunos de sus hombres estaba incluso comiendo), mientras Simón de Monfort, al mando del último cuerpo, cargaría de flanco sobre las desguarnecidas tropas aragonesas en segunda línea. Como vemos, todo estaba perfectamente calculado y los cruzados debían de haber estado listos para actuar en cuanto se dio la orden de ataque.

La primera línea de combate franca, al mando de Bouchard de Marly, salió en columna de Muret, siguió el cauce del río Lounge unos centenares de metros, giró a la derecha en el momento preciso para cruzarlo y avanzó con rapidez contra el enemigo. La segunda línea, comandada por William d’Encontre, se colocó detrás, siguiendo los mismos movimientos de forma absolutamente coordinada y una vez atravesado el río ambas formaron en fondo, escalonadamente una tras otra, para avanzar a paso de carga, con gran grita y galopar de caballos contra los sorprendidos jinetes occitanos, aturdidos al ver a los francos con todos sus estandartes realizar una maniobra tan audaz. Entre las filas aliadas se desató el caos: caballeros desarmandos reclamando a sus escuderos, jinetes que no encontraban su posición en la línea, desconcierto general... El impacto de los cruzados contra las fuerzas del conde de Foix fue brutal, dispersándolas como polvo en el viento. La infantería, completamente desbordada, dio media vuelta y corrió hacia el campamento mientras la división del rey luchaba por mantener la línea, siendo golpeada a su vez por los jinetes perseguidos.

Pero Simón de Montfort continuaba aplicando de forma sistemática su plan: el tercer cuerpo de combate, a sus órdenes directas, cruzó el río Louge, sobrepasó al galope por el costado izquierdo la desbandada general y cargó de flanco contra los aragoneses, que se encontraron de improviso atacados de frente por sus propios hombres y sus perseguidores normandos y a la derecha por la división de Montfort. La lucha se generalizó y muchos caballeros se vieron obligados a desmontar de sus corceles para seguir el combate a pie.


La muerte de Pedro II

Fue en este momento cuando se produjo la muerte de Pedro II de Aragón. Aquí nuevamente la historia deja paso a la leyenda. Según distintas fuentes, el rey -tal vez como consecuencia de su ajetreada noche anterior- no llevaba puesta su propia veste sino que combatía como un soldado más de su mesnada. Unos caballeros franceses (según Vaux de Cernay fueron los nobles Florien de Lille y Alain de Roucy) acabaron con la vida de un noble aragonés de gran envergadura (tal como el monarca, que era buen mozo y de grandes huesos) que llevaba sobre su veste la enseña aragonesa y gritaron: ¡Hemos matado al rey, hemos matado al rey de Aragón!, ante lo cual don Pedro, que se encontraba muy cerca, se despojó indignado de su yelmo y exclamó: “¡No es cierto! ¡Yo soy el rey!”. Entonces la flor y nata de la caballería francesa cayó sobre el monarca y le dio muerte.

Junto al rey luchó también un numeroso grupo de nobles que se esforzaron en todo momento por mantener la línea de combate pero que terminaron viéndose arrasados por la caballería franca. Eran don Rodrigo de Lizana, don Lope Ferrench de Luna, don Aznar Pardo, don Miguel de Lluciá, don Blasco de Alagón, don Miguel de Rada y otros muchos, la mayoría de los cuales quedaron muertos junto a su rey en Muret. La noticia de la muerte de Pedro II de Aragón fue el anuncio de la desbandada general. Las tropas aragonesas huyeron hacia el río y hacia campamento tolosano, que fue alcanzado por los hombres de Montfort, quienes al no poder tomar prisioneros para pedir rescate debido a la escasez de sus efectivos, asesinaron a la mayoría de ellos.

El desastre fue absoluto. Distintas fuentes hablan de hasta 20.000 muertos en el campo occitano, incluyendo al rey de Aragón, y si bien los condes de Foix y Toulouse sobrevivieron a la catástrofe, tuvieron que huir de sus tierras. Simon de Montfort, por su parte, recibiría tras esta brillante victoria (mérito que no debe arrebatársele) los vizcondados de Carcasona y Béziers, el condado de Toulouse y el ducado de Narbona... De las consecuencias de Muret hablaremos a continuación.

Las Consecuencias.

Ha llegado el momento, tal vez, de hacer caer un mito: el de que la derrota de Muret acabó con las esperanzas aragonesas en Occitania. En realidad, tras el desastre de las armas aliadas frente a los cruzados poco fue lo que políticamente hablando cambió en el Sur de Francia, ya que Simón de Montfort entró en Toulouse al frente del ejército cruzado, sí, pero a la muerte de Inocencio III (1216), toda la Provenza se rebeló y Raimundo VI y su hijo Raimundo VII de Toulouse reconquistaron el país (1216-1217), con lo que la primera fase de la cruzada no obtuvo los resultados apetecidos. Raimundo VII recibió la ayuda de las tropas de la Corona de Aragón, aunque éstas tuvieron que retirarse ante las amenazas de excomunión hechas por parte de Honorio III. Los condes de Toulouse entraron en su ocupada capital el 12 de septiembre de 1217. Inmediatamente, Simón de Montfort puso sitio a Toulouse. El 25 de junio de 1218, cuando se cumplían ya diez meses de asedio, Simón murió a causa de una pedrada lanzada por un trebuchet manipulado por unas mujeres.

Se abre entonces un paréntesis que dará lugar a una segunda fase en la Cruzada. Tras el retorno del conde Raimundo VII de Toulouse, la consolidación de la resistencia occitana apoyada por el conde de Foix y fuerzas aragonesas decidió la intervención militar de Luis VIII de Francia a partir de 1226 con el apoyo del papa Honorio III que culminó con el Tratado de Meaux-París de 1229 en el que se pactó la integración del país occitano en la corona francesa. Y por fin, en una tercera y última etapa, los abusos de la Inquisición provocaron numerosas revueltas y sublevaciones urbanas y decidieron a Raimundo VII a emprender una última tentativa de reconquista a la que tuvo que renunciar a pesar del apoyo de la corona inglesa y de los condes de Lusignan, terminando con la captura de las últimas fortalezas cátaras de Montségur y de Queribus en el año 1244.


¿Cuál fue, por tanto, el verdadero alcance de la batalla de Muret para la Corona de Aragón?

No fue propiamente la derrota la que hundió las esperanzas de recuperar el dominio aragonés en el Languedoc, sino la muerte del rey don Pedro, que dejó a la Corona en una situación realmente muy precaria, con el jovencísimo príncipe don Jaume en manos de Simón de Montfort y sin un monarca que la gobernase. El nuevo amo y señor de Occitania no devolvió al infante a los aragoneses hasta después de un año de reclamaciones y sólo por mandato del papa Inocencio III (con quien había empezado a tener desavenencias a causa de su ambición sin límites), entregándoselo en custodia finalmente a los caballeros de la Orden del Temple, bajo cuya tutela permaneció el rey niño en el castillo de Monzón hasta su mayoría de edad, que le fue reconocida a los diez años, en 1218, en las cortes de Lérida. Como podemos imaginar, en estas circunstancias poco fue lo que la Corona pudo hacer por recuperar sus posesiones ultramontanas: bastante tenía con gobernarse y organizarse a sí misma. El rey don Jaume I, a quien la historia llamará el Conquistador por sus notables hazañas, dirigió sus intereses hacia la reconquista peninsular, abandonando las aspiraciones en el Languedoc, hasta que en el año 1258 la firma del Tratado de Corbeil con Luis IX de Francia (futuro San Luis) selló definitivamente la renuncia del rey de Aragón a sus derechos en el Sur de Francia, entregando los condados y ducados de Toulouse, Narbona, Foix, Albi, Carcasona, Béziers, Quéribus, Perapertusa y otros más  al rey de Francia y reteniendo para sí únicamente el señorío de Montpellier, lugar de su nacimiento y posesión de su madre la reina doña María, por la que siempre sintió el rey don Jaume un gran afecto, tal como lo demuestra en su Llibre dels Feyts.


Posesiones aragonesas perdidas tras el Tratado de Corbeil


Despues de Muret

A partir de Muret, pues, la Corona de Aragón seguirá creciendo, haciéndose grande y poderosa y convirtiéndose en una de las mayores potencias de la Cristiandad. Con el rey Jaume I se conquistarán las tierras de Mallorca y Valencia, alcanzándose por el Tratado de Almizra (1244) los límites de su expansión peninsular con respecto al vecino reino de Castilla. Con Pedro III, Alfonso III y Jaume II se desarrollará la célebre Expansión Mediterránea, que llevará las armas de Aragón hasta Sicilia, Bizancio, Atenas y Neopatria, llegándose a dominar también Nápoles en el siglo XV con Alfonso V el Magnánimo... 

Pero las fronteras pirenaicas quedaban desde Muret cerradas para siempre, Occitania entraba a partir de entonces en la órbita del rey de Francia hasta nuestros días  y el Reino de Aragón no volverá a extender sus dominios más allá de los Pirineos.






domingo, 25 de agosto de 2013

Soledad y riesgo...



Cuando este verano, después de dos días subiendo picos en el macizo de la Maladeta, regresaba al parking del embalse de Llauset me repetía: ‘todavía puedo hacerlo’... iniciaba así una reflexión mientras buscaba a qué o quién dar las gracias por ello.  Realmente cuando me pregunto que clase de actividad me produce un nivel similar de sensaciones agradables o simplemente de satisfacción parecida, no encuentro nada que se acerque ni a la mitad del camino.  Probablemente exista una relación mediada por endorfinas que subyace y lo explica fisiológicamente. Despertar esa relación me hace experimentar un estado anímico (nivel de conciencia?)  inhabitual y deseable...   Creo que cuando estoy en el aislamiento de la montaña, a muchas horas de distancia de cualquier ayuda o auxilio posible, aparece una situación de desvalidez progresiva de la que el yo más íntimo de mi ser va tomando cuenta poco a poco hasta completar cierto estado de ánimo.   En este estado, no buscado sino aparecido como consecuencia de la dinámica propia de la actividad de subir (y escalar) montañas que implica tanto el alejamiento de los soportes vitales habituales como la capacidad de valerse por si mismo sin ayudas, lo que a su vez significa  asumir ciertos riesgos para la vida a los que ordinariamente no estamos sujetos... en estas condiciones, digo,  tiene lugar un hecho especial y es que se afina (se entrena inconscientemente -si no se ve el proceso con la visión interna- o por el contrario se entrena conscientemente cuando se comprende lo que nos sucede gracias a la interiorización, meditación o reflexión) la percepción interna que conocemos como discernimiento.  Gracias a esta facultad, y solo gracias a ella (afirmación difícil...pero que mi experiencia válida), vemos o aprendemos a ver (es decir incorporamos vitalmente y no de boquilla) la diferencia entre lo trivial y lo esencial.   Es, en este momento del juego, cuando uno percibe lo que en su vida tiene valor real (frente a lo que sus hábitos le hacen creer que valora) y lo que resulta accesorio en ella (frente a lo que quizás sobrevaloramos para mantenernos atados a los sucesos que nos determinan).   Al aumentar el caudal de discernimiento, fruto del entrenamiento y la experiencia, aumentan también las posibilidades de ver esas cadenas que nos sujetan al hábito, a la repetición.  Pero eso no quiere decir que estemos más cerca del final, sino simplemente más informados.  Estos momentos son chispazos de lo que técnicamente llamo  Recuerdo de Sí.   Una forma de explicar que ordinariamente olvidamos lo que verdaderamente somos para consolarnos con la apariencia de lo que no somos.

Esto es lo que anoche pensaba cuando me sumía en una meditación comparativa entre el riesgo derivado de un acto arriesgado (escalar, volar, navegar en solitario, ir más allá de los limites seguros del hábito en general....)  y la conciencia de ‘pérdida próxima de la vida’ derivada de la enfermedad o de la vejez.   En los dos casos existe acceso a este particular estado de animo.  Voluntaria o involuntariamente aparece esa sensación de discernimiento más capaz,  más aguda que por momentos ayuda a marcar las diferencias entre lo esencial y lo accesorio.  Es común sentir un ramalazo de angustia, ansiedad e incluso pánico ante la evidente falta de consistencia de nuestra existencia vista con esta nueva perspectiva que denuncia los afanes que ponemos en lo trivial.  Pero en general la experiencia es breve.  El diseño humano no permite mantener por mucho tiempo la visión interna (si no se entrena dicha capacidad conscientemente).  Necesitamos desviar la atención a la periferia para vivir mecánicamente, para seguir manteniéndonos en el habito.   Probablemente eso sea una suerte para la mayoría ya que de persistir en el Recuerdo de Sí se desmoronaría la personalidad, se desajustarían los finos entramados de la neurosis personal que nos mantiene cuerdos en la apariencia, o debiera decir: ‘cuerdos con la apariencia’.  

Resumiendo:  al arriesgar la vida (relativamente hablando claro) se entrena el discernimiento. Este sentido interno permite ver la diferencia entre lo trivial y lo esencial. Por eso el hombre que arriesga su vida sabe (acaba sabiendo) que ninguna posesión, hacienda o carrera tiene valor, y el hombre que, en un momento dado, no es capaz de arriesgar sus posesiones, su hacienda o su carrera, tiene una vida que no vale nada.  El valor, la valentía, residen dentro del hombre cuya riqueza nadie, ni siquiera la muerte, puede robar pues reside fuera de sus posesiones externas. 

lunes, 15 de julio de 2013

Centro de gravedad permanente y recuerdo de sí


... y final.

La Personalidad tiende, de forma espontánea y automática, a incrementar su peso en el conjunto.  La única forma de evitar que esta asuma, controle, se apropie y utilice los contenidos que deseamos incorporar para mejorar nuestra situación de esclavos de los mecanismos, es tratar de incrementar la autoconsciencia del self.  

Mientras no conseguimos este incremento, trabajaremos para que todo lo que signifique progreso o nuevo conocimiento en relación a nuestro posible despertar o nuestra posible evolución hacia un ser menos mecánico, se sitúe en una zona especifica de nuestra personalidad a la que empezaremos a dar protagonismo y denominaremos la personalidad provisional del Trabajo Interno.  

Simultáneamente trabajaremos la forma de incrementar nuestros estados de recuerdo de sí.  Recordemos que estos estados son fugaces momentos en los que percibimos que no estamos identificados con la personalidad ordinaria por la que somos conocidos.

El retorno de la conciencia ordinaria (estado de sueño-vigilia) a la conciencia del recuerdo de sí se facilita, inicialmente, con la creación de hábitos que actúan como “despertadores”.   

Con el progreso de los esfuerzos por atender ese mundo interno y el tiempo, esos llamados recuerdos de sí se hacen cada vez más frecuentes y nos ayudan a resituar a nuestro centro de gravedad real alrededor de la personalidad del Trabajo Interno.  Eso progresivamente nos aleja o distancia de la personalidad ordinaria por la que somos conocidos.   Con el tiempo se adquiere un centro de gravedad permanente.   En ese momento no es que hallamos cambiado de personalidad sino que hemos abandonado lo que quedaba de la antigua personalidad, como el insecto que abandona la crisálida.  

Por el momento nuestros objetivos serían: 
  • llegar a tener un centro de gravedad permanente
  • unos hábitos que nos conduzcan repetidamente a la presencia del self, o sea a entrar en recuerdo de sí  
  • una mejor comprensión psicológica (de mayor calidad) al ser cada vez más capaces de usar la comprensión enfocada desde una personalidad trabajada y hasta cierto punto remodelada por los conocimientos que hemos ido adquiriendo


¿Pero cuáles serán las guías prácticas?  



1- Recordar permanentemente la ética básica como faro que debe iluminar todas nuestras respuestas sociales y familiares.  

Eso nos convertirá poco a poco en un mejor ciudadano, amigo, padre, hermano, trabajador y en general mejor persona.  No hacer a otros lo que a nosotros nos parecería poco humano hacer a los demás.  A este proceso, hecho lo más conscientemente posible, o sea tomado como un verdadero propósito, le llamamos la “conversión” del buen amo/a de su casa.   Hay un gran campo de Trabajo interno tratando de mejorar nuestras cualidades mundanas, y en ese esfuerzo, ya nos vamos preparando para ser más autoconscientes, más atentos y observadores, más comprensivos con la calidad psicológica, que deja de ser próxima a lo sensual para acercarse cada vez más a la comprensión iluminada por los atisbos del recuerdo de sí.   En esos momentos, se captan destellos de verdadera comprensión psicológica, esa comprensión que mueve la emoción y nos hace comprender por un momento que, todavía, no estamos ni haciendo ni siendo aquello que debería ser… para, desgraciadamente, olvidarlo y recaer de nuevo en el sueño-vigilia cotidiano.    

2- Crear momentos específicos para el recuerdo de sí y la atención dirigida. Por ejemplo:
  • Al levantarse repasar lo que nos espera en el nuevo día, repasar mentalmente la agenda, saludar al Sol y agradecer la vida tras la pequeña muerte (el sueño al que nos entregamos para descansar)
  • Agradecer a los alimentos, antes de comerlos, el bien que nos pueden hacer. 
  • Entregarnos a una breve relajación del cuerpo y de la mente  que puede conllevar alguna técnica de meditación si el objetivo es frenar o disminuir el flujo mecánico del pensamiento. La meditación sobre temas concretos, que requiere un flujo atencional dirigido, puede ser útil en alguna etapa, pero no conlleva, bajo mi punto de vista, ninguna ventaja para incrementar la capacidad de retomar al recuerdo de si durante el día y de forma espontánea, sin mediar habito creado voluntariamente.   Es más, en mi opinión, creo que insistir en meditar mucho tiempo o muchas veces es una inversión de energía y tiempo que aplicada a otros hábitos puede dar mejores frutos.   Lo imprescindible es aquietar el giro incesante de nuestro intelecto y como en el símil budista, permitir que el agua se vuelva cristalina por un rato.  Esta relajación de la mente se acompaña indefectiblemente de una respuesta de relajación muscular que elimina la tensión y recupera el estado de isotonicidad que debiera tener nuestro sistema músculo-esquelético.  
  • Al acostarse, repasar el día, examinar los puntos en donde no estuvimos bien, o en donde se perdió la oportunidad de dar una respuesta mejor.   Es el momento de hacer un breve examen de conciencia… algo que nos resuena pero no deja de tener sentido.  Es el momento de sincerarse y decir si el día fue bien o no lo fue.  Y si no lo fue, preguntarse el porque.  Y anotar el porque y la descripción del hecho, con la intención de revisar este material al día siguiente y hacer una completa descripción de la experiencia.  El momento de ir a dormir no es el momento adecuado para ponerse a redactar una experiencia, pero sí al menos para reseñarla y recordar que queda pendiente de desarrollar al día siguiente.
  • Si no diariamente si con la frecuencia que necesitemos, el ejercicio de poner por escrito las experiencias, es muy importante si deseamos progresar en lo mundano.  La repetición de este ejercicio de identificar qué fue lo que no funcionó en el día, crea el habito de la revisión.  Y la revisión atrae atención dirigida, no atraída,  al trabajar con atención dirigida analizando la situación, estamos usando un grado superior de comprensión psicológica.  La repetición, una y otra vez de estas experiencias, que serán distintas en lo anecdótico pero que tendrán factores comunes en sus desencadenantes, crea una retroconciencia (como si se grabara en el subconsciente) que con el tiempo nos alerta (yo le llamo sentir un click interior) antes de que se produzca una situación similar  y se desencadene una reacción automática nuestra que siempre es negativa (pues sino no la habríamos reseñado).   La práctica de “redactar experiencias” es la forma de trabajo que mejor resultado da para atajar los automatismos antes de que se desencadenen.     

miércoles, 12 de junio de 2013

Comprensión (V), Función Global y la parábola de las semillas...


-V-

El ser humano nace dotado de un desarrollado sistema nervioso. El progresivo desarrollo de sus capacidades cognitivas lo llevará a adquirir conciencia de su existencia diferenciada (autoconsciencia) y le llevará a adquirir una capacidad comunicativa en forma de lenguaje complejo.  La progresiva interacción con el medio social, más la carga genética que lleva, le convertirá en un ser social y cultural capaz de tratar tanto con el entorno sensual como con el mundo interno. 

Tenemos una mente.  Tenemos muchas funciones mentales a través de las cuales ponderamos y decidimos actuar.  Pero también tenemos funciones mentales que nos facilitan el ponderar y decidir, de forma que la mayor parte de las tareas estén automatizadas.  Distinguimos entre pensamientos y sentimientos.  Pero en realidad son algoritmos de respuesta, que tienen bases neurofisiológicas y que responden a grabaciones de datos previos, aprendizajes y condicionamientos.   En el estado habitual del ser humano el pensamiento no es original,  siempre es copia, reformulación de ideas acumuladas y procedentes de otros entornos, expresadas con la identidad o personalidad de cada sujeto.  

El pensamiento ordinario es asociativo, por tanto inscrito en algoritmos basados en lecturas o reflexiones previas.  Todo ello nos lleva a cuestionar la originalidad del pensar humano ordinario así como a cuestionar la libertad de sentimiento.  El sentir, como el pensar, es a nuestro nivel, un automatismo, basado en el aprendizaje y las experiencias previas, que se desencadena mayormente como respuesta a determinados estímulos, sean externos como la intervención de terceros o interno como el caso de respuesta a estados neurohormonales o neurobioquímicos, que han desencadenado estímulos ajenos a nuestro control voluntario.  

Tenemos un “sentido” interno de reconocimiento del yo.   Sabemos que “somos” algo que está más allá o más en un plano profundo respecto a la presencia que nos da la personalidad por la que somos reconocidos como individuos.  

Ese “yo mismo”, el self, que en ocasiones sentimos como ajeno a la personalidad que nos condiciona y domina, es el núcleo del Ser que somos.   Pero fruto de la mecanicidad evolutiva que nos protege e incrementa nuestra supervivencia, se han instalado mecanismos mentales, funciones, algoritmos, que controlan la capacidad de “sentirnos yo” y en la vida ordinaria identificamos el pensamiento “yo soy” con “soy la personalidad”, como si la personalidad fuera la totalidad del Ser que somos.   Este mecanismo lo llamamos identificación.  

La identificación se da en muchos mecanismos psicológicos y tiene como objeto mejorar nuestras capacidades para automatizar procesos sin cuya participación tendríamos mayor gasto energético o dicho de otra manera seríamos menos eficaces de cara a los objetivos de la naturaleza, de la que somos parte y consecuencia.  

Tenemos un actor, el Ser global que somos, que no tiene materialidad pues es una función de nuestra mente, es La Función Global

Tenemos un personaje, la Personalidad que nos da presencia real y que esta dotada de funciones mentales adquiridas, elaboradas y muy desarrolladas, unas funciones entre las que se incluye la de sustraer nuestra atención y evitar que nos percibamos como ser global. Porque,  a efectos prácticos, basta con que nuestro autoreconocimiento como individuo esté ligado al personaje, a la personalidad, a lo que nos da presencia real y palpable.  

El Actor, esa Función Global,  pierde desarrollo y crecimiento a partir de que la Personalidad toma todo el protagonismo y anula en el “yo soy” la percepción del self verdadero.  Este progresivo abandono hace que nuestra percepción de que hay algo por encima del personaje, por encima de la Personalidad, se vaya perdiendo durante el paso de la infancia a la edad adulta.  

Comparado con el gran desarrollo de la Personalidad, el Ser esencial, la Funcion Global tomada como self, es como un niño que no ha podido enriquecerse o crecer, por que, a partir de un punto, la potencia de adquisición de contenidos que exhibe la personalidad, es tan grande que ahoga el posible crecimiento y manifestaciones de la esencia.   

No es anormal que esto ocurra. Está en nuestro diseño y cumple con una finalidad evolutiva que durante miles de años nos ha modelado para mejorar nuestra supervivencia.  

Haremos un símil o una analogía para ilustrar un poco más el Mapa de nuestra situación. 

Toda semilla tiene dos partes, la parte germinativa y la parte nutriente de la que la germinativa se alimentará hasta que la semilla se transforme en un ente vegetal por sí mismo, una fusión entre germinación y nutrición que dará lugar a un individuo nuevo.  

Como veis nada es nuevo, y las parábolas también explican esta situación.   

La función nutritiva debe de alimentarse, crecer, enriquecerse y lo hará buscando con sus raíces el mejor terreno posible.  Una vez enraíce seguirá creciendo hasta que pueda transferir el control del crecimiento verdadero al germen.  Porque el nuevo ser, la nueva planta no puede nacer sólo de la parte nutriente, allí no están las instrucciones genéticas que le darán forma y permitirán el desarrollo de la nueva planta…. Si plantáramos una semilla, sea nuez, grano de trigo o manzana, y le quitáramos el germen del trigo o de la nuez o las pepitas de la manzana… que pasaría?  Que la parte nutriente acabaría podrida sin ninguna posibilidad de desarrollar un nuevo ser…. Pero qué pasaría si arrancado el germen o las pepitas las plantáramos sin la protección de la parte nutriente del fruto, pues que el germen moriría de inanición al ser incapaz de alimentarse  en sus   primeras fases del desarrollo.   

De la misma manera la Personalidad ha de pasar por una etapa de enriquecimiento, de crecimiento y desarrollo que es esencial pues el material acumulado, la experiencia vital con todos los bagajes adquiridos, con la implementación de miles y miles de algoritmos, serán necesarios en el momento en que la parte esencial del Ser despierte a la necesidad de nutrirse de todo este contenido.    

Podríamos dividir el proceso evolutivo en etapas, lo que puede hacer al Mapa más comprensible.


Durante una etapa más o menos larga de la vida, el ser humano vive identificado con la Personalidad, ignorando la mayor parte de las veces la co-existencia de una función mayor, la Función Global, en donde podemos ubicar el self,  el reconocimiento del “yo soy” que no va aparejado al ego o “yo mismo” propios de la Personalidad.  

En esta etapa el individuo adquiere datos, conocimientos y mecanismos que son incorporados al bagaje de la persona mediante la comprensión literal o sensual y en menor grado mediante la comprensión pseudo psicológica.  

En un momento determinado la persona, por las razones que sean, se interroga sobre su existencia.  Se vierte hacia su interior abstracto en lugar de vivir en lo sensual.   Es en este momento cuando se percibe como un ser incapaz de reformar sus conductas o modificar los mecanismos psicológicos por los que repite una y otra vez las mismas equivocaciones o las mismas respuestas inadecuadas.  

Surge la necesidad de buscar ayuda en aquellos que ya han pasado por esta experiencia.

La función crea el órgano, o en este caso la necesidad de unos crea formas variadas de ofrecer formulas de ayuda, desde la literatura (muy extensa) sobre el desarrollo humano hasta las escuelas de desarrollo humanas o espirituales, pasando por todo tipo de gurus especializados y maestros del esoterismo.  
   

domingo, 12 de mayo de 2013

El fenómeno de la Comprensión (IV)


-IV-

Prioridad numero uno

Recordémoslo:
   
Aprender a “situarnos” en la autoconsciencia para dirigir la comprensión psicológica desde el “yo mismo”, desde el self no identificado con la personalidad.    

Como se trabaja esto:  

1) Adquiriendo los conocimientos necesarios para tener una “buena” y “coherente” comprensión psicológica (obvio que será pseudo)  de cómo está estructurado el ser humano ordinario.  No importa que el dibujo sea exacto, ni completo, ni que sea oficialmente aceptado por la psicología oficial o por las diversas tendencias que explican la existencia del ser humano, desde las “creencias” religiosas o esotéricas hasta las que se derivan de la indagación filosófica.   Como asegura la PNL, –con la que estoy de acuerdo en este punto–, lo importante no es el mapa sino el viaje.  Pero Mapa hemos de tener.  Adherimos al que más nos seduzca… pero sí trabajamos en un grupo deberemos de adoptar un Mapa común para no entrar en discusiones semánticas.  

2)  Usando las herramientas personales que se necesitan para trabajar en el aspecto principal:  el retorno del estado de identificación ordinario al estado de autoconsciencia momentánea.  Recordemos que mantener la autoconsciencia del self no es posible más allá de un tiempo muy limitado.  Por tanto el acento en esta fase de trabajo no es mantenerse autoconsciente sino crear mecanismos automáticos que nos saquen del estado de identificación y experimentemos un destello de autoconsciencia momentánea:  lo que en términos técnicos conocemos como tener momentos de recuerdo de sí.  

Segunda prioridad

Establecer un núcleo dentro de la personalidad, que progresivamente fortalezca su carácter diferenciado de la personalidad normal por la que nos conocen los demás, una personalidad, la nuestra que es a veces errática, o cambiante, a veces equilibrada pero con déficits, a veces desequilibrada pero con rasgos muy positivos.  

Se trataría de reunir aspectos positivos de nuestra personalidad alrededor de un nuevo núcleo de personalidad que llamaríamos personalidad del Trabajo Interno, y al mismo tiempo distanciarse (por el mecanismo de desidentificarnos) de aquellos aspectos que no nos interesan o nos parecen negativos de nuestra todavía personalidad ordinaria por la que somos reconocidos.   Este tránsito se debe de afrontar con progresivos avances, no es posible desidentificarnos de golpe de todo lo que no nos gusta.  Los mecanismos y automatismos mentales que nos determinan no lo permiten. 

Esta nueva personalidad del Trabajo Interno,  seguirá siendo una personalidad provisional, pero será la base sobre la que construiremos un personaje mejor, un personaje que se preparará para abandonar la escena cuando el Actor (la esencia, nuestro verdadero self) este preparado para asumir la unificación de esencia y presencia.   Algo que no es nuestro verdadero objetivo hoy por hoy… pero a lo que aspiramos.


viernes, 26 de abril de 2013

El fenómeno de la Comprensión (III)


-III-

Reflexionando un poco más sobre los mecanismos de la comprensión psicológica,  nos damos cuenta de que el diseño (muy inteligente) de la mente es tal que prima la supervivencia del ser animal por encima del ser global.  Cuando la indagación quiere penetrar en los contenidos abstractos, cuando pretende ahondar en los mecanismos íntimos de nuestro obrar, volvemos a encontrarnos con una dificultad insalvable -al parecer- y es que, por mucho que apliquemos la comprensión psicológica, esta no deja de ser una comprensión que se liga, que se relaciona, o que queda enfocada -–querámoslo o no–  a la personalidad desde la que actuamos, pensamos y obramos.  

Una vez comprendida esta dificultad. –con la pseudo comprensión psicológica– se hace necesario considerar el orden de los factores.  


Que hemos de emprender y en que orden?

Para conseguir un nivel mayor de comprensión psicológica la prioridad seria aprender a “situarnos” en la autoconsciencia para dirigir la comprensión desde el “yo mismo”, desde el self no identificado con la personalidad.    

¿Nos sirve adquirir conocimientos o aceptar pautas de trabajo que ayuden a guiar el comportamiento mientras no se consiga mantener o acrecentar la capacidad de autoconsciencia?  

La respuesta es que aparentemente no ha de servir.  

¿Entonces incorporar nuevos conocimientos y nuevas pautas de trabajo debería de hacerse en el máximo grado de permanencia en autoconsciencia?  Idealmente si, pero ese no es el caso de la mayor parte del personal.  

¿Entonces que hacemos?  Si estamos en este punto de la lectura y no hemos tirado el texto a la papelera quiere decir que hemos llegado a ser capaces de “adquirir” conocimientos que nos interesan para mejorar nuestras vida o que hemos “aceptado” doctrinas o pautas que nos han parecido adecuadas para progresar y que todo este bagaje lo hemos depositado mediante nuestra pseudo-comprensión psicológica en la parte más noble o interior de nuestras personalidad, al mismo tiempo también somos capaces de darnos cuenta de lo poco o nada que todo este “bagaje” ha cambiado verdaderamente nuestra vida.   

Pero veámoslo en positivo, sino hubiéramos hecho el esfuerzo de incorporar “dichos contenidos” con el esfuerzo de la pseudo-comprensión seguiríamos indagando y dando vueltas a nuestro obrar sin percibir que las influencias recibidas tan solo modificarán de forma mecánica, sensual y externa nuestro obrar.    

Ahora ya lo sabemos.  Sabemos que no vamos a cambiar sustancialmente nada sino ordenamos el proceso.  

A la gente le preocupa hacer.  

Qué tengo que hacer?
Como lo hago?
Cuando lo hago?  

Pero previamente han de tener un plano de situación.  Han de saber dónde están.  

Lo de comenzar a hacer cosas por respirar mejor o recordar que existes, de esforzarse en pensar positivamente, de revisar propósitos, de tomar conciencia del actuar o no actuar, de cuidar del cuerpo y la mente, de meditar o hacer ejercicio, de tener buenos hábitos o de aprender a vivir sin tensión, son todos ellos objetivos secundarios que  pueden tener, o no, sentido más tarde.  


viernes, 15 de marzo de 2013

El fenómeno de la Comprensión (II)


-II-

Si nos proponemos una observación sobre nosotros mismos para tratar de ver como opera la comprensión psicológica, y a esa observación le añadimos una reflexión deductiva, que tiene en cuenta (vistas nuestras experiencias previas) que somos incapaces de ser autoconscientes de forma permanente…  podemos llegar a la conclusión de que hay un nivel más alto de comprensión psicológica al que ordinariamente no accedemos. Suponemos que accederíamos a él solo si fuera permanente la autoconsciencia.  

Vamos a trabajar de momento con esta suposición, dándole el carácter de hipótesis. 

Si esto fuera así, podríamos decir que ese nivel superior de comprensión psicológica seria la verdadera comprensión psicológica y que, la que habitualmente tenemos en nuestro estado de “autoconsciencia no permanente¨, podríamos diferenciarla llamándola pseudo comprensión psicológica. 


Aceptemos el hecho habitual de que vivimos identificando la conciencia del self (yo mismo) con la personalidad. Para dar una explicación más simple diríamos que nos llamamos y reconocemos  a nosotros mismos como la manifestación de nuestra personalidad.   Quizás debería extenderme más sobre lo que significa el self o yo mismo, el ser en si, la esencia del ser y la personalidad, pero seria muy largo así que obviaré más explicaciones asumiendo que el lector ya sabe bastante sobre ello y lo que no le cuadre lo acabará de incorporar fruto del contexto en el que lo lee.  

Cuando proyectamos la luz de nuestra comprensión psicológica sobre un significado, y esta luz se proyecta desde la personalidad, los efectos positivos de esa comprensión son limitados y no repercuten directamente sobre el ser verdadero   Habremos aumentado el  grado de conocimiento de la personalidad, pero no el de la esencia.  Esta sigue sin crecer en conocimiento, con las consecuencias que ello tiene y que más adelante desgranaremos. 

Podemos deducir que es la unión de conocimientos y ser -ser no identificado- la que daría lugar a la verdadera comprensión psicológica.    

Fijaros que este hecho coincide con algo tan conocido como la parábola del vino nuevo en odres viejos….pues si echas conocimientos nuevos en la vieja personalidad, no conseguirás que el ser aumente un ápice su estatura.   


Dicho de otra manera, cuando “comprendemos” desde el ser, cuando “consideramos” los “significados” estando situados (nuestro self) en nuestra verdadera autoconsciencia es entonces, y solo entonces, cuando comprendemos como nos afectan de verdad los contenidos que valoramos, contemplamos o estudiamos.   

Todo lo que no sea este último tipo elevado de comprensión psicológica, del cual solo tenemos atisbos,  es simplemente un enriquecimiento de la parte elevada, digna y noble de la personalidad, pero no hace crecer el ser.   

Es como si un velo mantuviera separado de nuestro ser, lo adquirido. y esto no nos afectara más que como adorno de nuestro comportamiento habitual.  

Operando así, no se cambia nada, porque lo incorporado o aprendido, no se convierte en un nuevo comportamiento real nacido de la comprensión total que permite el proceso de comprensión, cuando el conocimiento es conducido (cuando la luz que se proyecta) por el self (yo mismo) no identificado con la personalidad.  

El velo que impide que incorporemos al ser global “lo adquirido” (aquello que ponderamos y creímos comprender), es justamente la inconsciencia de ese ser en el que transitamos, pues nuestra sensación de “yo soy” es atrapada y manejada por la personalidad.  

Si habitualmente no conseguimos descubrir que esto pasa, es gracias al poderoso mecanismo mental (automatismo mental) que la mente posee (adquirido a lo largo de la evolución de la especie para mejorar su supervivencia) para identificarse con partes de sí misma y tomarse a sí misma, desde la parte, como el todo.    

Hay cosas previas antes de soñar con tener una comprensión psicológica real.  Es evidente que si no incrementamos nuestro nivel de recuerdo de sí (un incremento que lo mediremos por la creciente capacidad para permanecer más tiempo fuera del marco mecánico de la vida) no podemos afrontar casi ningún trabajo productivo sobre el desarrollo armónico del ser.  Claro que podemos entretenernos leyendo a los grandes maestros, o dejar volar la imaginación sobre las escuelas esotericas, o creer que por que practicamos  el canto de los yogasutras de Patanjali, nuestra situación mejorará.  Pero nos estaremos engañando.  


viernes, 22 de febrero de 2013

El fenómeno de la Comprensión (I)


-I-

Hay dos clases de comprensión que se diferencian por el lugar desde el cual surgen.  La comprensión literal o lógica, que emana de la mente sensual y la comprensión psicológica que emana de la mente abstracta o mente psicológica.  

La comprensión no es algo que se tenga o no se tenga, sino que se tiene en grado variable.  En el desarrollo habitual del hombre predomina la comprensión lógica o literal dado que habitualmente el ser humano ‘funciona’ bajo el influjo de la mente sensual.    

Algunos se preguntarán si es que tenemos dos cerebros o dos mentes.  Pues no, es una forma de hablar.  Mente solo hay una. Las que llamamos mente sensual o mente abstracta (psicológica) no son mas que funciones de esa mente única.  Y no son, por cierto, las únicas funciones que tiene la mente y que, por simplificar, les acabamos llamando mentes a secas y no funciones mentales.  

Cuando el hombre se interroga sobre los contenidos del mundo abstracto, el ámbito de lo eideíco (las ideas), o sea cuando vierte su atención sobre cuestiones propias de su mente psicológica, se enfrenta al problema de ‘entender’ situaciones o ‘significados’ que van más allá de las realidades comprobables por los sentidos y debe usar la facultad que llamamos comprensión psicológica.  

La mayor parte de los humanos tienen un cierto grado de comprensión psicológica desarrollada al tener mas o menos contacto con el mundo abstracto de lo ‘eideico’.  Pero a diferencia de la comprensión literal, la psicológica requiere un entrenamiento esforzado para poder desarrollarse. Un entrenamiento -digamos- a contracorriente.   

Evolutivamente el ser humano nunca ha necesitado entrenar la capacidad de ser autoconsciente, o sea de percibirse él distinto de lo que percibe o tomar consciencia de que quien percibe es el self (yo mismo) y que al percibir que percibe se diferencia de lo percibido.   La vida esta regida por la mente sensual, -como no puede ser de otra manera después de centenares de miles de años de evolución animal-, y tiene el privilegio de ser automática e identificada, lo cual lejos de ser un inconveniente evolutivo es una gran ventaja.  

Es así como entenderemos que al ser humano, dominado principalmente por la inercia de lo sensual, le cuesta apartarse de ese nivel y solo con un esfuerzo dirigido y mantenido conseguirá incrementar el desarrollo de esa función o facultad que llamamos comprensión psicológica.  

Sabemos que la acumulación de datos aumenta nuestro conocimiento. Y el conocimiento es el bagaje de datos que, relacionados, nos aportan comprensión.  Cuando los datos adquiridos pertenecen al mundo exterior, al mundo sensual, tenemos un gran conocimiento de las cosas.  Por el contrario cuando los datos proceden del mundo interior o de los productos elaborados por la mente humana, construcciones ‘eidéicas’ o de ideas y conceptos abstractos, manifestadas a través de ideologías, filosofía, arte, etc. podemos decir que se entrena la comprensión psicológica.   

La mayor parte del tiempo destinado a acumular datos que el humano usa se emplea en aumentar el conocimiento sensual.  Así, la preparación para vivir la vida autónoma, desarrollar una profesión o dedicación, el aprendizaje de cualquier técnica manual o no, la adquisición de habilidades para sobrevivir como cocinar, pintar, cultivar, cantar o tratar con animales, etc, todo ello cae dentro de las cosas que incrementan nuestra comprensión sensual, lógica o literal.  

Pero el ser humano no siempre usa la comprensión psicológica para tratar con el mundo interior o con los significados profundos ocultos en la vida ordinaria.  A menudo aplica su comprensión literal o sensual a dichos contenidos y el conocimiento que alcanza de la posible aportación de datos queda así limitado.   Un ejemplo básico es el de aquel que viendo una película solo alcanza a valorar lo inmediato, lo que se narra y no el contenido profundo, no visible, que subyace a la historia que nos han ofrecido.  Es por eso que aumentar nuestro conocimiento del mundo de lo abstracto nos facilitará comprender psicológicamente aquellos ‘significados’ ocultos en el arte o en la literatura que van más allá de lo meramente dicho u observado.   Estamos por tanto delante de una facultad entrenable.  

Tener mucha cultura no debiera ser una frase que indique que lo que se posee son muchos ‘datos’ culturales, sino debiera significar que lo que se tiene es una buena comprensión psicológica de los hechos profundos que subyacen al hecho físico de la cultura.  Es por eso que las obras de arte o el mismo arte tienen lecturas diferentes para un mismo hecho observable.  

Dentro de la comprensión sensual, literal o lógica hay diferentes niveles, por ejemplo, en el caso de la danza, no será lo mismo la observación de un espectáculo si tenemos datos previos: información sobre la técnica, conocimientos de coreografía, etc. que si observamos la danza sin ninguna información.  Seguramente obtendremos mucho más rendimiento de la visión de una danza si nuestro nivel de conocimientos sobre la danza es más alto.  

Lo mismo sucede con la comprensión psicológica.  Los niveles de penetración en la comprensión psicológica serán más altos en tanto tengamos más datos o ‘formación’ en la valoración del mundo interno.    

Cuando se adquieren datos ‘culturales’ y su adquisición o visionado se hace recaer, de manera mecánica (solo con atención atraída o sea sin atención dirigida) en la mente sensual –la que opera con los sentidos externos–, podemos decir que se tiene una cultura superficial por que solo atiende a los contenidos externos, emocionales, técnicos o estéticos, aunque puedan resonar por asociación otros valores del mundo interno.  

Cuando el mismo proceso de adquisición o visionado se hace con atención dirigida (no simplemente atraída como en el caso anterior) el esfuerzo hace que relacionemos los aspectos visibles con los contenidos propios de nuestro mundo interno, con lo abstracto, lo no palpable, las ideas, los juicios, las valoraciones, el recuerdo, etc.  Es obvio que   actuando así estaremos aplicando la facultad de la comprensión psicológica. 

En la vida es fácil que se den las dos comprensiones simultáneamente y depende del grado o capacidad para dirigir la atención predominara una u otra facultad.   


Todos los productos elaborados por la mente humana pueden contener —aunque no siempre es así— ‘significados’ psicológicos dirigidos a los diferentes niveles de comprensión, desde la comprensión psicológica más cercana a ‘lo literal’,  hasta la comprensión psicológica más elevada.   

Precisamente es la atención dirigida —no la simplemente atraída— hacia lo observable  lo que permite la comprensión psicológica de los significados que subyacen a la expresión:  sea filosofía, psicología, sociología, política o cualquier otra materia de las humanidades; sea literatura, teatro, danza, música, cine o cualquier otra forma de expresión artística.

miércoles, 9 de enero de 2013

Espontaneidad... la excusa del débil.

A menudo en nuestras relaciones humanas surge la cuestión de si fulanito/a es muy espontáneo/a o si mengano/a lo es menos. Implícito en ello va la asociación de espontaneidad con naturalidad, ingenuidad, simplicidad o franqueza como valores más cotizados que sus contrarios: la deliberación, el calculo, la premeditación, el artificio o la afectación. Por eso no es infrecuente que sin darnos cuenta transmitamos a nuestros hijos, con el ejemplo, con la forma o con la conversación, elementos que analizados a fondo considero controvertidos. Esta controversia es la que hoy traigo a colación en la tertulia.
Hay un marco general y otro particular que quiero delimitar como cuestión previa. Estos marcos hacen referencia a la cuestión histórico-social por la que me explico a mí mismo el valor que en nuestros días se le da esta expresión y otro es el marco especifico del significado de las palabras. A efectos prácticos empezaré por este ultimo. Una vez descritos y estructurados estos dos marcos pasaré a la controversia en si misma.

Usando el 'Diccionario de Sinónimos, Ideas afines y Contrarios' de Pey Ruiz, encontramos las siguientes relaciones:

-Espontáneo es igual a indeliberado, natural, instintivo, automático y maquinal. Su antónimo más común es deliberado. En segunda generación de sinonimia espontáneo se asimila con llano, franco y natural y se contrapone a afectado.

Mientras que consultando el 'Diccionario de Sinónimos' de Gili Gaya, hallamos las siguientes explicaciones:

-Espontáneo -a. adj. En ocasiones puede coincidir con indeliberado, automático y voluntario, pero estos, a su vez no implican necesariamente idea de espontaneidad. Así indeliberado significa que se da sin participación del entendimiento o del raciocinio: "su contestación fue espontánea..." Automático o maquinal da idea de proceso que se desarrolla de forma mecánica, sin intervención de la voluntad, pensamiento o deseo humanos: "hizo un movimiento espontáneo...". Voluntario en sentido de espontáneo, denota que se produce sin coacción: "su voto fue espontáneo...".

Después de este breve repaso podemos decir que cuando el término espontáneo se aplica al comportamiento humano, a su forma o a su fondo, a su expresión verbal o a su conducta, estamos usando un calificativo que precisa que aquello que se está produciendo o se ha producido es algo desinhibido, algo no modulado o condicionado por otras instancias, algo que tiene la calidad de ser directo, no mediado o intervenido por algún instrumento mental, herramienta analítica, conducta acordada, código o ley. Es algo que nos habla de las motivaciones y pulsiones internas, y más íntimas, del ser humano sin que estas pretendan ocultarse, transformarse o revestirse. En definitiva habla de una calidad de lo emitido que no se preocupa por amoldar su proyección a norma o convención alguna.

Pero veamos que razones hay que expliquen el alza de valor que experimentó en el tercio final del siglo pasado (nuestro siglo para la mayor parte de adultos), y en nuestro mundo occidental, la espontaneidad.

El siglo XX nace con la revolución industrial, grandes cambios en la forma externa de vida que no se acompañan con la misma rapidez en la forma interna. La educación, el primer y más importante filtro a la espontaneidad, es un valor que hasta bien entrado el siglo XX se refugiaba en las llamadas clases privilegiadas: nobleza, intelectuales y clérigos. La progresiva popularización de la educación es consecuencia de la revolución industrial, y como resultado de su extensión la que llamare humanidad global crece en las siguientes capacidades: de comprensión, de autocrítica y de generar respuestas no amoldadas a la corriente imperante. Veamos cómo y porqué. Usando el modelo analógico podemos asimilar la humanidad global a un ser humano. El primer tercio del siglo XX es la etapa todavía prepuberal de este ser, el tercio central de nuestro siglo occidental representa el despertar definitivo a su etapa adolescente en la que todavía nos encontramos; y de la que apenas se esboza en el final de siglo el parcial advenimiento de una etapa más adulta, más autoconsciente de la ruinosa realidad planetaria y social que hemos ido dejando. El despertar de una conciencia ecológica en el seno del primer mundo o también llamado mundo occidental, es la muestra evidente de esta naciente madurez de la que llamo nuestra humanidad global.

Los adultos que vivieron, decidieron y participaron las dos guerras mundiales del primer tercio de nuestro siglo, transmitieron una falsa moral justificadora de tanta muerte y devastación. Los miserables negocios de la guerra que esta falsa moral encubrió fueron quedando al descubierto por las generaciones subsiguientes que, al alcanzar sus mayorías de edad, se encontraron con un mundo educado pero falso al cual o ponían en evidencia, con la consiguiente perdida de privilegios, o aceptaban seguir encubriendo. La posguerra se extiende durante casi 20 años y aparece en escena una nueva generación: los que nacieron ya en plena recuperación económica. Una generación que llegaría al 68 con veinte años. Es el momento de la generación de la huida, de la psicodelia, de los hippies, de las comunas, del libertarismo y de la ruptura con el mundo heredado de unos adultos que habían crecido en la educación de la forma, sin que el decurso de sus propias vidas fuera ejemplo de lo que sus palabras proponían. Eran los hijos de unos padres demasiado ocupados en la reconstrucción del mundo de la postguerra para darse cuenta de que los valores que la educación transmitía no se decían con la forma de vivir que ellos mismos practicaban. Así fue como todo lo que procedía del mundo previo fue defenestrado en el 68. La imposición, los códigos, el corsé de la educación, las formas religiosas, las fórmulas de convivencia social. Todo. 

El libertarismo reactivo echó abajo las convenciones aceptadas. Se podía hacer todo, se podía enseñar todo. Todo era natural, por tanto todo era posible. La familia se fragmentó y se ensayaron fórmulas tribales y comunas colectivas. Los jóvenes se iban tempranamente de su casa. La estructura religiosa, puesta en duda por los intelectuales de más prestigio, tuvo que buscar apoyo en lo popular. En el 62, seis años antes de la eclosión de la crisis espiritual del sistema, el Vaticano II se volcó hacia el pueblo no instruido, si educado, el pueblo que no podía huir de las convenciones porque si no no comía. El rito se acercó al oficiante y su público, en lengua vernácula, para soslayar el desenganche de los intelectuales que habían estudiado latín y griego en las universidades paganas. Ni se podía, ni se intentó explicar que había hecho la Iglesia todo el tiempo previo a su acercamiento al pueblo. Para muchos esos 16 siglos de lapsus entre la Iglesia de los Primeros Cristianos, que se cierra con la secularización o mundanización de Constantino (s. IV) y el Vaticano II, era demasiado tiempo para hacer creíble, no el mensaje cristiano, sino a los que instrumentándolo habían vivido siglos a costa de él. Y es que todo acaba pasando factura, más tarde o más temprano.

En la década del 70 se consolida la creencia en la superioridad de la falta de tapujos, en la falta de freno a lo que se ha de decir, en el soltarse la melena, en el subirse las faldas y sacarse de encima los corsés impuestos, los sujetadores también. Es el momento en que el mass media se da cuenta de que lo que ha de vender en la generación que sube, los que en los 70 apenas empezaban a ser adolescentes, es la fabricación del ideal espontáneo. Un individuo que por su falta de autocontrol podrá ser víctima de los mensajes que interesen. Es la preparación para la primera generación nacida ya en plena era del consumismo. Con el valor en alza de la espontaneidad no habrá peligro en que los jóvenes puedan hacer caso de los cantos de sirena de quien les advierta de los peligros del adolescere (de la falta de algo). La no adquisición de ese algo en los momentos claves del despertar al mundo hace morir el interés por la autotransformación y predispone a una vida de mecánico discurrir, que aceptará sin deliberación, sin introspección, sin análisis, aquellos mensajes que el mass media diseñe para que sean tragados, aceptados o incorporados, solo mediatizados por la ensalzada espontaneidad. (Obviamente es mucho más fácil fabricar mensajes interesados que tan sólo deban de contar con el factor espontaneidad para pasar la barrera de la incorporación al individuo). Esos adolescentes se hacen adultos sólo por que adquieren la condición de ser independientes económicamente. Eso es lo que progresivamente cambia. Pero desde mi óptica el individuo así obtenido sigue siendo un adolescere, por que le falta algo, el algo que le permite distinguirse de lo natural, esa parte que cultivada (proceso plenamente humano que requiere de un "artificio" que nos contrapone a "lo natural") nos hace plenamente hombres y nos distingue de la inmediatez animal de las pulsiones, del sometimiento a los deseos del cuerpo, a los instintos y a las emociones que nos dominan.

En definitiva, pues, la espontaneidad nos habla de alguien que no experimenta vergüenza al permitir que surja de sí el acto, la conducta, la emoción, la palabra, la idea, sin filtro ni matiz, ya que de lo contrario, de experimentar vergüenza de sus pulsiones, intenciones, motivaciones, trataría de controlar o matizar las emanaciones de sí (o imagen de sí) que alcanza o se proyecta hacia los demás. Esto es así, y no admite ambigüedad, veamos si no la conocida expresión de 'tu espontaneidad te ha traicionado', tratando de ilustrar el hecho de que la indeliberación ha permitido que el individuo enseñara el plumero, quedaran en evidencia sus intenciones, o mostrara una parte de él que ordinariamente estaría a cubierto de la indiscreción ajena.

A estas alturas: ¿podemos seguir considerando a la espontaneidad una virtud? Yo creo que NO, en la acepción explicada. Pero la trampa esta servida ya que el término, como muchos, es polisémico, y, atendiendo a un rango de significación más elevado, en según que contextos se puede oponer a ficticio, artificioso o falso, por lo que aparentemente puede valorarse como algo engañosamente positivo. Esa es la excusa del débil. 

Acabo con algunas consideraciones sobre la educación.

Entre los muchos códigos que el hombre usa para relacionarse, el de la educación es el de más importante rendimiento. Las reglas de la educación son fundamentales para que se cumpla con éxito el proceso de adquisición de aquello que le falta al individuo para llegar a la etapa de adulto. El adolescente ha de dejar de adolescere en primer lugar gracias a la herramienta que le proporciona la educación. Esta primera herramienta no actúa transformando nada tan sólo le da tiempo para insertarse sin conflicto en un mundo con cuyo roce o contacto descubrirá sus propias limitaciones, sus inconcreciones, sus inconsecuencias y sus miserias personales, en fin empezará su autoconocimiento. Una vez en este punto, consciente de su fealdad (de otra forma no se llega nunca a percibir) interna o espiritual, podrá forjar las herramientas personales que le lleven al intento de ser. En esta etapa deberá, si la espontaneidad no se lo impide, de percibir que para SER diferente se ha de trabajar sobre el ser, y que para conseguir las cosas se han de diseñar estrategias de trabajo interno, difíciles, arduas, largas y en constante lucha con las pulsiones que afloran de la animalidad continuamente latente en cualquiera de nuestras proyecciones, sean palabras, actos, conductas o deseos. Si las concesiones a la espontaneidad no lo han impedido, con la repetición de los intentos se llega a la autopercepción de uno mismo, una visión las más de las veces angustiosa de la íntima realidad, lío y pobreza del ser, que no cabe remediar con el TENER, fuga que frecuentemente nos monta la espontaneidad para no enfrentarse con la difícil tarea de HACERSE HOMBRE. De forjarse a si mismo, de dar temple a la animalidad, que dejada a su espontánea evolución/maduración nos ha de llevar a una vida esclava de los deseos, de los instintos y en definitiva de las partes menos elevadas del ser humano.

Y acabo, esta vez definitivamente, diciendo que la educación en sí misma no es lo que importa, no es el tipo o clase de educación, o si las normas son o no son las adecuadas. Es, más allá del contenido, la excusa de la educación lo que interesa. Es precisamente la excelencia en el cumplimiento de una norma que nos encontramos delante, que aceptamos aunque pudiéramos -en nuestra pequeña/gran soberbia- considerar obsoleta. Es en definitiva lo de siempre. Aquello a lo que siempre me acabo remitiendo (los que me conocen saben que es un elemento que no podía estar ausente en esta reflexión). Se trata de aceptar las cosas con las que nos topamos en la Vida para que ciñéndonos a ellas nos transformen. Esa es mi personal lectura del "dejar que se haga Su Voluntad en mi". El esfuerzo por la excelencia de su cumplimiento es lo que transformara nuestro ser. De ahí la importancia del asumir la historia personal, de aceptar los papeles que la vida azarosamente nos va asignando. De ahí la consideración de campo de trabajo, campo de forja, que le doy a la existencia, a la Vida.

Espero que a partir de hoy la espontaneidad entre nosotros ocupe el lugar que merece. Y dejemos que la educación más exquisita presida nuestras relaciones humanas.