lunes, 15 de julio de 2013

Centro de gravedad permanente y recuerdo de sí


... y final.

La Personalidad tiende, de forma espontánea y automática, a incrementar su peso en el conjunto.  La única forma de evitar que esta asuma, controle, se apropie y utilice los contenidos que deseamos incorporar para mejorar nuestra situación de esclavos de los mecanismos, es tratar de incrementar la autoconsciencia del self.  

Mientras no conseguimos este incremento, trabajaremos para que todo lo que signifique progreso o nuevo conocimiento en relación a nuestro posible despertar o nuestra posible evolución hacia un ser menos mecánico, se sitúe en una zona especifica de nuestra personalidad a la que empezaremos a dar protagonismo y denominaremos la personalidad provisional del Trabajo Interno.  

Simultáneamente trabajaremos la forma de incrementar nuestros estados de recuerdo de sí.  Recordemos que estos estados son fugaces momentos en los que percibimos que no estamos identificados con la personalidad ordinaria por la que somos conocidos.

El retorno de la conciencia ordinaria (estado de sueño-vigilia) a la conciencia del recuerdo de sí se facilita, inicialmente, con la creación de hábitos que actúan como “despertadores”.   

Con el progreso de los esfuerzos por atender ese mundo interno y el tiempo, esos llamados recuerdos de sí se hacen cada vez más frecuentes y nos ayudan a resituar a nuestro centro de gravedad real alrededor de la personalidad del Trabajo Interno.  Eso progresivamente nos aleja o distancia de la personalidad ordinaria por la que somos conocidos.   Con el tiempo se adquiere un centro de gravedad permanente.   En ese momento no es que hallamos cambiado de personalidad sino que hemos abandonado lo que quedaba de la antigua personalidad, como el insecto que abandona la crisálida.  

Por el momento nuestros objetivos serían: 
  • llegar a tener un centro de gravedad permanente
  • unos hábitos que nos conduzcan repetidamente a la presencia del self, o sea a entrar en recuerdo de sí  
  • una mejor comprensión psicológica (de mayor calidad) al ser cada vez más capaces de usar la comprensión enfocada desde una personalidad trabajada y hasta cierto punto remodelada por los conocimientos que hemos ido adquiriendo


¿Pero cuáles serán las guías prácticas?  



1- Recordar permanentemente la ética básica como faro que debe iluminar todas nuestras respuestas sociales y familiares.  

Eso nos convertirá poco a poco en un mejor ciudadano, amigo, padre, hermano, trabajador y en general mejor persona.  No hacer a otros lo que a nosotros nos parecería poco humano hacer a los demás.  A este proceso, hecho lo más conscientemente posible, o sea tomado como un verdadero propósito, le llamamos la “conversión” del buen amo/a de su casa.   Hay un gran campo de Trabajo interno tratando de mejorar nuestras cualidades mundanas, y en ese esfuerzo, ya nos vamos preparando para ser más autoconscientes, más atentos y observadores, más comprensivos con la calidad psicológica, que deja de ser próxima a lo sensual para acercarse cada vez más a la comprensión iluminada por los atisbos del recuerdo de sí.   En esos momentos, se captan destellos de verdadera comprensión psicológica, esa comprensión que mueve la emoción y nos hace comprender por un momento que, todavía, no estamos ni haciendo ni siendo aquello que debería ser… para, desgraciadamente, olvidarlo y recaer de nuevo en el sueño-vigilia cotidiano.    

2- Crear momentos específicos para el recuerdo de sí y la atención dirigida. Por ejemplo:
  • Al levantarse repasar lo que nos espera en el nuevo día, repasar mentalmente la agenda, saludar al Sol y agradecer la vida tras la pequeña muerte (el sueño al que nos entregamos para descansar)
  • Agradecer a los alimentos, antes de comerlos, el bien que nos pueden hacer. 
  • Entregarnos a una breve relajación del cuerpo y de la mente  que puede conllevar alguna técnica de meditación si el objetivo es frenar o disminuir el flujo mecánico del pensamiento. La meditación sobre temas concretos, que requiere un flujo atencional dirigido, puede ser útil en alguna etapa, pero no conlleva, bajo mi punto de vista, ninguna ventaja para incrementar la capacidad de retomar al recuerdo de si durante el día y de forma espontánea, sin mediar habito creado voluntariamente.   Es más, en mi opinión, creo que insistir en meditar mucho tiempo o muchas veces es una inversión de energía y tiempo que aplicada a otros hábitos puede dar mejores frutos.   Lo imprescindible es aquietar el giro incesante de nuestro intelecto y como en el símil budista, permitir que el agua se vuelva cristalina por un rato.  Esta relajación de la mente se acompaña indefectiblemente de una respuesta de relajación muscular que elimina la tensión y recupera el estado de isotonicidad que debiera tener nuestro sistema músculo-esquelético.  
  • Al acostarse, repasar el día, examinar los puntos en donde no estuvimos bien, o en donde se perdió la oportunidad de dar una respuesta mejor.   Es el momento de hacer un breve examen de conciencia… algo que nos resuena pero no deja de tener sentido.  Es el momento de sincerarse y decir si el día fue bien o no lo fue.  Y si no lo fue, preguntarse el porque.  Y anotar el porque y la descripción del hecho, con la intención de revisar este material al día siguiente y hacer una completa descripción de la experiencia.  El momento de ir a dormir no es el momento adecuado para ponerse a redactar una experiencia, pero sí al menos para reseñarla y recordar que queda pendiente de desarrollar al día siguiente.
  • Si no diariamente si con la frecuencia que necesitemos, el ejercicio de poner por escrito las experiencias, es muy importante si deseamos progresar en lo mundano.  La repetición de este ejercicio de identificar qué fue lo que no funcionó en el día, crea el habito de la revisión.  Y la revisión atrae atención dirigida, no atraída,  al trabajar con atención dirigida analizando la situación, estamos usando un grado superior de comprensión psicológica.  La repetición, una y otra vez de estas experiencias, que serán distintas en lo anecdótico pero que tendrán factores comunes en sus desencadenantes, crea una retroconciencia (como si se grabara en el subconsciente) que con el tiempo nos alerta (yo le llamo sentir un click interior) antes de que se produzca una situación similar  y se desencadene una reacción automática nuestra que siempre es negativa (pues sino no la habríamos reseñado).   La práctica de “redactar experiencias” es la forma de trabajo que mejor resultado da para atajar los automatismos antes de que se desencadenen.     

miércoles, 12 de junio de 2013

Comprensión (V), Función Global y la parábola de las semillas...


-V-

El ser humano nace dotado de un desarrollado sistema nervioso. El progresivo desarrollo de sus capacidades cognitivas lo llevará a adquirir conciencia de su existencia diferenciada (autoconsciencia) y le llevará a adquirir una capacidad comunicativa en forma de lenguaje complejo.  La progresiva interacción con el medio social, más la carga genética que lleva, le convertirá en un ser social y cultural capaz de tratar tanto con el entorno sensual como con el mundo interno. 

Tenemos una mente.  Tenemos muchas funciones mentales a través de las cuales ponderamos y decidimos actuar.  Pero también tenemos funciones mentales que nos facilitan el ponderar y decidir, de forma que la mayor parte de las tareas estén automatizadas.  Distinguimos entre pensamientos y sentimientos.  Pero en realidad son algoritmos de respuesta, que tienen bases neurofisiológicas y que responden a grabaciones de datos previos, aprendizajes y condicionamientos.   En el estado habitual del ser humano el pensamiento no es original,  siempre es copia, reformulación de ideas acumuladas y procedentes de otros entornos, expresadas con la identidad o personalidad de cada sujeto.  

El pensamiento ordinario es asociativo, por tanto inscrito en algoritmos basados en lecturas o reflexiones previas.  Todo ello nos lleva a cuestionar la originalidad del pensar humano ordinario así como a cuestionar la libertad de sentimiento.  El sentir, como el pensar, es a nuestro nivel, un automatismo, basado en el aprendizaje y las experiencias previas, que se desencadena mayormente como respuesta a determinados estímulos, sean externos como la intervención de terceros o interno como el caso de respuesta a estados neurohormonales o neurobioquímicos, que han desencadenado estímulos ajenos a nuestro control voluntario.  

Tenemos un “sentido” interno de reconocimiento del yo.   Sabemos que “somos” algo que está más allá o más en un plano profundo respecto a la presencia que nos da la personalidad por la que somos reconocidos como individuos.  

Ese “yo mismo”, el self, que en ocasiones sentimos como ajeno a la personalidad que nos condiciona y domina, es el núcleo del Ser que somos.   Pero fruto de la mecanicidad evolutiva que nos protege e incrementa nuestra supervivencia, se han instalado mecanismos mentales, funciones, algoritmos, que controlan la capacidad de “sentirnos yo” y en la vida ordinaria identificamos el pensamiento “yo soy” con “soy la personalidad”, como si la personalidad fuera la totalidad del Ser que somos.   Este mecanismo lo llamamos identificación.  

La identificación se da en muchos mecanismos psicológicos y tiene como objeto mejorar nuestras capacidades para automatizar procesos sin cuya participación tendríamos mayor gasto energético o dicho de otra manera seríamos menos eficaces de cara a los objetivos de la naturaleza, de la que somos parte y consecuencia.  

Tenemos un actor, el Ser global que somos, que no tiene materialidad pues es una función de nuestra mente, es La Función Global. 

Tenemos un personaje, la Personalidad que nos da presencia real y que esta dotada de funciones mentales adquiridas, elaboradas y muy desarrolladas, unas funciones entre las que se incluye la de sustraer nuestra atención y evitar que nos percibamos como ser global. Porque,  a efectos prácticos, basta con que nuestro autoreconocimiento como individuo esté ligado al personaje, a la personalidad, a lo que nos da presencia real y palpable.  

El Actor, esa Función Global,  pierde desarrollo y crecimiento a partir de que la Personalidad toma todo el protagonismo y anula en el “yo soy” la percepción del self verdadero.  Este progresivo abandono hace que nuestra percepción de que hay algo por encima del personaje, por encima de la Personalidad, se vaya perdiendo durante el paso de la infancia a la edad adulta.  

Comparado con el gran desarrollo de la Personalidad, el Ser esencial, la Funcion Global tomada como self, es como un niño que no ha podido enriquecerse o crecer, por que, a partir de un punto, la potencia de adquisición de contenidos que exhibe la personalidad, es tan grande que ahoga el posible crecimiento y manifestaciones de la esencia.   

No es anormal que esto ocurra. Está en nuestro diseño y cumple con una finalidad evolutiva que durante miles de años nos ha modelado para mejorar nuestra supervivencia.  

Haremos un símil o una analogía para ilustrar un poco más el Mapa de nuestra situación. 

Toda semilla tiene dos partes, la parte germinativa y la parte nutriente de la que la germinativa se alimentará hasta que la semilla se transforme en un ente vegetal por sí mismo, una fusión entre germinación y nutrición que dará lugar a un individuo nuevo.  

Como veis nada es nuevo, y las parábolas también explican esta situación.   

La función nutritiva debe de alimentarse, crecer, enriquecerse y lo hará buscando con sus raíces el mejor terreno posible.  Una vez enraíce seguirá creciendo hasta que pueda transferir el control del crecimiento verdadero al germen.  Porque el nuevo ser, la nueva planta no puede nacer sólo de la parte nutriente, allí no están las instrucciones genéticas que le darán forma y permitirán el desarrollo de la nueva planta…. Si plantáramos una semilla, sea nuez, grano de trigo o manzana, y le quitáramos el germen del trigo o de la nuez o las pepitas de la manzana… que pasaría?  Que la parte nutriente acabaría podrida sin ninguna posibilidad de desarrollar un nuevo ser…. Pero qué pasaría si arrancado el germen o las pepitas las plantáramos sin la protección de la parte nutriente del fruto, pues que el germen moriría de inanición al ser incapaz de alimentarse  en sus   primeras fases del desarrollo.   

De la misma manera la Personalidad ha de pasar por una etapa de enriquecimiento, de crecimiento y desarrollo que es esencial pues el material acumulado, la experiencia vital con todos los bagajes adquiridos, con la implementación de miles y miles de algoritmos, serán necesarios en el momento en que la parte esencial del Ser despierte a la necesidad de nutrirse de todo este contenido.    

Podríamos dividir el proceso evolutivo en etapas, lo que puede hacer al Mapa más comprensible.


Durante una etapa más o menos larga de la vida, el ser humano vive identificado con la Personalidad, ignorando la mayor parte de las veces la co-existencia de una función mayor, la Función Global, en donde podemos ubicar el self,  el reconocimiento del “yo soy” que no va aparejado al ego o “yo mismo” propios de la Personalidad.  

En esta etapa el individuo adquiere datos, conocimientos y mecanismos que son incorporados al bagaje de la persona mediante la comprensión literal o sensual y en menor grado mediante la comprensión pseudo psicológica.  

En un momento determinado la persona, por las razones que sean, se interroga sobre su existencia.  Se vierte hacia su interior abstracto en lugar de vivir en lo sensual.   Es en este momento cuando se percibe como un ser incapaz de reformar sus conductas o modificar los mecanismos psicológicos por los que repite una y otra vez las mismas equivocaciones o las mismas respuestas inadecuadas.  

Surge la necesidad de buscar ayuda en aquellos que ya han pasado por esta experiencia.

La función crea el órgano, o en este caso la necesidad de unos crea formas variadas de ofrecer formulas de ayuda, desde la literatura (muy extensa) sobre el desarrollo humano hasta las escuelas de desarrollo humanas o espirituales, pasando por todo tipo de gurus especializados y maestros del esoterismo.  
   

domingo, 12 de mayo de 2013

El fenómeno de la Comprensión (IV)


-IV-

Prioridad numero uno

Recordémoslo:
   
Aprender a “situarnos” en la autoconsciencia para dirigir la comprensión psicológica desde el “yo mismo”, desde el self no identificado con la personalidad.    

Como se trabaja esto:  

1) Adquiriendo los conocimientos necesarios para tener una “buena” y “coherente” comprensión psicológica (obvio que será pseudo)  de cómo está estructurado el ser humano ordinario.  No importa que el dibujo sea exacto, ni completo, ni que sea oficialmente aceptado por la psicología oficial o por las diversas tendencias que explican la existencia del ser humano, desde las “creencias” religiosas o esotéricas hasta las que se derivan de la indagación filosófica.   Como asegura la PNL, –con la que estoy de acuerdo en este punto–, lo importante no es el mapa sino el viaje.  Pero Mapa hemos de tener.  Adherimos al que más nos seduzca… pero sí trabajamos en un grupo deberemos de adoptar un Mapa común para no entrar en discusiones semánticas.  

2)  Usando las herramientas personales que se necesitan para trabajar en el aspecto principal:  el retorno del estado de identificación ordinario al estado de autoconsciencia momentánea.  Recordemos que mantener la autoconsciencia del self no es posible más allá de un tiempo muy limitado.  Por tanto el acento en esta fase de trabajo no es mantenerse autoconsciente sino crear mecanismos automáticos que nos saquen del estado de identificación y experimentemos un destello de autoconsciencia momentánea:  lo que en términos técnicos conocemos como tener momentos de recuerdo de sí.  

Segunda prioridad

Establecer un núcleo dentro de la personalidad, que progresivamente fortalezca su carácter diferenciado de la personalidad normal por la que nos conocen los demás, una personalidad, la nuestra que es a veces errática, o cambiante, a veces equilibrada pero con déficits, a veces desequilibrada pero con rasgos muy positivos.  

Se trataría de reunir aspectos positivos de nuestra personalidad alrededor de un nuevo núcleo de personalidad que llamaríamos personalidad del Trabajo Interno, y al mismo tiempo distanciarse (por el mecanismo de desidentificarnos) de aquellos aspectos que no nos interesan o nos parecen negativos de nuestra todavía personalidad ordinaria por la que somos reconocidos.   Este tránsito se debe de afrontar con progresivos avances, no es posible desidentificarnos de golpe de todo lo que no nos gusta.  Los mecanismos y automatismos mentales que nos determinan no lo permiten. 

Esta nueva personalidad del Trabajo Interno,  seguirá siendo una personalidad provisional, pero será la base sobre la que construiremos un personaje mejor, un personaje que se preparará para abandonar la escena cuando el Actor (la esencia, nuestro verdadero self) este preparado para asumir la unificación de esencia y presencia.   Algo que no es nuestro verdadero objetivo hoy por hoy… pero a lo que aspiramos.


viernes, 26 de abril de 2013

El fenómeno de la Comprensión (III)


-III-

Reflexionando un poco más sobre los mecanismos de la comprensión psicológica,  nos damos cuenta de que el diseño (muy inteligente) de la mente es tal que prima la supervivencia del ser animal por encima del ser global.  Cuando la indagación quiere penetrar en los contenidos abstractos, cuando pretende ahondar en los mecanismos íntimos de nuestro obrar, volvemos a encontrarnos con una dificultad insalvable -al parecer- y es que, por mucho que apliquemos la comprensión psicológica, esta no deja de ser una comprensión que se liga, que se relaciona, o que queda enfocada -–querámoslo o no–  a la personalidad desde la que actuamos, pensamos y obramos.  

Una vez comprendida esta dificultad. –con la pseudo comprensión psicológica– se hace necesario considerar el orden de los factores.  


Que hemos de emprender y en que orden?

Para conseguir un nivel mayor de comprensión psicológica la prioridad seria aprender a “situarnos” en la autoconsciencia para dirigir la comprensión desde el “yo mismo”, desde el self no identificado con la personalidad.    

¿Nos sirve adquirir conocimientos o aceptar pautas de trabajo que ayuden a guiar el comportamiento mientras no se consiga mantener o acrecentar la capacidad de autoconsciencia?  

La respuesta es que aparentemente no ha de servir.  

¿Entonces incorporar nuevos conocimientos y nuevas pautas de trabajo debería de hacerse en el máximo grado de permanencia en autoconsciencia?  Idealmente si, pero ese no es el caso de la mayor parte del personal.  

¿Entonces que hacemos?  Si estamos en este punto de la lectura y no hemos tirado el texto a la papelera quiere decir que hemos llegado a ser capaces de “adquirir” conocimientos que nos interesan para mejorar nuestras vida o que hemos “aceptado” doctrinas o pautas que nos han parecido adecuadas para progresar y que todo este bagaje lo hemos depositado mediante nuestra pseudo-comprensión psicológica en la parte más noble o interior de nuestras personalidad, al mismo tiempo también somos capaces de darnos cuenta de lo poco o nada que todo este “bagaje” ha cambiado verdaderamente nuestra vida.   

Pero veámoslo en positivo, sino hubiéramos hecho el esfuerzo de incorporar “dichos contenidos” con el esfuerzo de la pseudo-comprensión seguiríamos indagando y dando vueltas a nuestro obrar sin percibir que las influencias recibidas tan solo modificarán de forma mecánica, sensual y externa nuestro obrar.    

Ahora ya lo sabemos.  Sabemos que no vamos a cambiar sustancialmente nada sino ordenamos el proceso.  

A la gente le preocupa hacer.  

Qué tengo que hacer?
Como lo hago?
Cuando lo hago?  

Pero previamente han de tener un plano de situación.  Han de saber dónde están.  

Lo de comenzar a hacer cosas por respirar mejor o recordar que existes, de esforzarse en pensar positivamente, de revisar propósitos, de tomar conciencia del actuar o no actuar, de cuidar del cuerpo y la mente, de meditar o hacer ejercicio, de tener buenos hábitos o de aprender a vivir sin tensión, son todos ellos objetivos secundarios que  pueden tener, o no, sentido más tarde.  


viernes, 15 de marzo de 2013

El fenómeno de la Comprensión (II)


-II-

Si nos proponemos una observación sobre nosotros mismos para tratar de ver como opera la comprensión psicológica, y a esa observación le añadimos una reflexión deductiva, que tiene en cuenta (vistas nuestras experiencias previas) que somos incapaces de ser autoconscientes de forma permanente…  podemos llegar a la conclusión de que hay un nivel más alto de comprensión psicológica al que ordinariamente no accedemos. Suponemos que accederíamos a él solo si fuera permanente la autoconsciencia.  

Vamos a trabajar de momento con esta suposición, dándole el carácter de hipótesis. 

Si esto fuera así, podríamos decir que ese nivel superior de comprensión psicológica seria la verdadera comprensión psicológica y que, la que habitualmente tenemos en nuestro estado de “autoconsciencia no permanente¨, podríamos diferenciarla llamándola pseudo comprensión psicológica. 


Aceptemos el hecho habitual de que vivimos identificando la conciencia del self (yo mismo) con la personalidad. Para dar una explicación más simple diríamos que nos llamamos y reconocemos  a nosotros mismos como la manifestación de nuestra personalidad.   Quizás debería extenderme más sobre lo que significa el self o yo mismo, el ser en si, la esencia del ser y la personalidad, pero seria muy largo así que obviaré más explicaciones asumiendo que el lector ya sabe bastante sobre ello y lo que no le cuadre lo acabará de incorporar fruto del contexto en el que lo lee.  

Cuando proyectamos la luz de nuestra comprensión psicológica sobre un significado, y esta luz se proyecta desde la personalidad, los efectos positivos de esa comprensión son limitados y no repercuten directamente sobre el ser verdadero   Habremos aumentado el  grado de conocimiento de la personalidad, pero no el de la esencia.  Esta sigue sin crecer en conocimiento, con las consecuencias que ello tiene y que más adelante desgranaremos. 

Podemos deducir que es la unión de conocimientos y ser -ser no identificado- la que daría lugar a la verdadera comprensión psicológica.    

Fijaros que este hecho coincide con algo tan conocido como la parábola del vino nuevo en odres viejos….pues si echas conocimientos nuevos en la vieja personalidad, no conseguirás que el ser aumente un ápice su estatura.   


Dicho de otra manera, cuando “comprendemos” desde el ser, cuando “consideramos” los “significados” estando situados (nuestro self) en nuestra verdadera autoconsciencia es entonces, y solo entonces, cuando comprendemos como nos afectan de verdad los contenidos que valoramos, contemplamos o estudiamos.   

Todo lo que no sea este último tipo elevado de comprensión psicológica, del cual solo tenemos atisbos,  es simplemente un enriquecimiento de la parte elevada, digna y noble de la personalidad, pero no hace crecer el ser.   

Es como si un velo mantuviera separado de nuestro ser, lo adquirido. y esto no nos afectara más que como adorno de nuestro comportamiento habitual.  

Operando así, no se cambia nada, porque lo incorporado o aprendido, no se convierte en un nuevo comportamiento real nacido de la comprensión total que permite el proceso de comprensión, cuando el conocimiento es conducido (cuando la luz que se proyecta) por el self (yo mismo) no identificado con la personalidad.  

El velo que impide que incorporemos al ser global “lo adquirido” (aquello que ponderamos y creímos comprender), es justamente la inconsciencia de ese ser en el que transitamos, pues nuestra sensación de “yo soy” es atrapada y manejada por la personalidad.  

Si habitualmente no conseguimos descubrir que esto pasa, es gracias al poderoso mecanismo mental (automatismo mental) que la mente posee (adquirido a lo largo de la evolución de la especie para mejorar su supervivencia) para identificarse con partes de sí misma y tomarse a sí misma, desde la parte, como el todo.    

Hay cosas previas antes de soñar con tener una comprensión psicológica real.  Es evidente que si no incrementamos nuestro nivel de recuerdo de sí (un incremento que lo mediremos por la creciente capacidad para permanecer más tiempo fuera del marco mecánico de la vida) no podemos afrontar casi ningún trabajo productivo sobre el desarrollo armónico del ser.  Claro que podemos entretenernos leyendo a los grandes maestros, o dejar volar la imaginación sobre las escuelas esotericas, o creer que por que practicamos  el canto de los yogasutras de Patanjali, nuestra situación mejorará.  Pero nos estaremos engañando.  


viernes, 22 de febrero de 2013

El fenómeno de la Comprensión (I)


-I-

Hay dos clases de comprensión que se diferencian por el lugar desde el cual surgen.  La comprensión literal o lógica, que emana de la mente sensual y la comprensión psicológica que emana de la mente abstracta o mente psicológica.  

La comprensión no es algo que se tenga o no se tenga, sino que se tiene en grado variable.  En el desarrollo habitual del hombre predomina la comprensión lógica o literal dado que habitualmente el ser humano ‘funciona’ bajo el influjo de la mente sensual.    

Algunos se preguntarán si es que tenemos dos cerebros o dos mentes.  Pues no, es una forma de hablar.  Mente solo hay una. Las que llamamos mente sensual o mente abstracta (psicológica) no son mas que funciones de esa mente única.  Y no son, por cierto, las únicas funciones que tiene la mente y que, por simplificar, les acabamos llamando mentes a secas y no funciones mentales.  

Cuando el hombre se interroga sobre los contenidos del mundo abstracto, el ámbito de lo eideíco (las ideas), o sea cuando vierte su atención sobre cuestiones propias de su mente psicológica, se enfrenta al problema de ‘entender’ situaciones o ‘significados’ que van más allá de las realidades comprobables por los sentidos y debe usar la facultad que llamamos comprensión psicológica.  

La mayor parte de los humanos tienen un cierto grado de comprensión psicológica desarrollada al tener mas o menos contacto con el mundo abstracto de lo ‘eideico’.  Pero a diferencia de la comprensión literal, la psicológica requiere un entrenamiento esforzado para poder desarrollarse. Un entrenamiento -digamos- a contracorriente.   

Evolutivamente el ser humano nunca ha necesitado entrenar la capacidad de ser autoconsciente, o sea de percibirse él distinto de lo que percibe o tomar consciencia de que quien percibe es el self (yo mismo) y que al percibir que percibe se diferencia de lo percibido.   La vida esta regida por la mente sensual, -como no puede ser de otra manera después de centenares de miles de años de evolución animal-, y tiene el privilegio de ser automática e identificada, lo cual lejos de ser un inconveniente evolutivo es una gran ventaja.  

Es así como entenderemos que al ser humano, dominado principalmente por la inercia de lo sensual, le cuesta apartarse de ese nivel y solo con un esfuerzo dirigido y mantenido conseguirá incrementar el desarrollo de esa función o facultad que llamamos comprensión psicológica.  

Sabemos que la acumulación de datos aumenta nuestro conocimiento. Y el conocimiento es el bagaje de datos que, relacionados, nos aportan comprensión.  Cuando los datos adquiridos pertenecen al mundo exterior, al mundo sensual, tenemos un gran conocimiento de las cosas.  Por el contrario cuando los datos proceden del mundo interior o de los productos elaborados por la mente humana, construcciones ‘eidéicas’ o de ideas y conceptos abstractos, manifestadas a través de ideologías, filosofía, arte, etc. podemos decir que se entrena la comprensión psicológica.   

La mayor parte del tiempo destinado a acumular datos que el humano usa se emplea en aumentar el conocimiento sensual.  Así, la preparación para vivir la vida autónoma, desarrollar una profesión o dedicación, el aprendizaje de cualquier técnica manual o no, la adquisición de habilidades para sobrevivir como cocinar, pintar, cultivar, cantar o tratar con animales, etc, todo ello cae dentro de las cosas que incrementan nuestra comprensión sensual, lógica o literal.  

Pero el ser humano no siempre usa la comprensión psicológica para tratar con el mundo interior o con los significados profundos ocultos en la vida ordinaria.  A menudo aplica su comprensión literal o sensual a dichos contenidos y el conocimiento que alcanza de la posible aportación de datos queda así limitado.   Un ejemplo básico es el de aquel que viendo una película solo alcanza a valorar lo inmediato, lo que se narra y no el contenido profundo, no visible, que subyace a la historia que nos han ofrecido.  Es por eso que aumentar nuestro conocimiento del mundo de lo abstracto nos facilitará comprender psicológicamente aquellos ‘significados’ ocultos en el arte o en la literatura que van más allá de lo meramente dicho u observado.   Estamos por tanto delante de una facultad entrenable.  

Tener mucha cultura no debiera ser una frase que indique que lo que se posee son muchos ‘datos’ culturales, sino debiera significar que lo que se tiene es una buena comprensión psicológica de los hechos profundos que subyacen al hecho físico de la cultura.  Es por eso que las obras de arte o el mismo arte tienen lecturas diferentes para un mismo hecho observable.  

Dentro de la comprensión sensual, literal o lógica hay diferentes niveles, por ejemplo, en el caso de la danza, no será lo mismo la observación de un espectáculo si tenemos datos previos: información sobre la técnica, conocimientos de coreografía, etc. que si observamos la danza sin ninguna información.  Seguramente obtendremos mucho más rendimiento de la visión de una danza si nuestro nivel de conocimientos sobre la danza es más alto.  

Lo mismo sucede con la comprensión psicológica.  Los niveles de penetración en la comprensión psicológica serán más altos en tanto tengamos más datos o ‘formación’ en la valoración del mundo interno.    

Cuando se adquieren datos ‘culturales’ y su adquisición o visionado se hace recaer, de manera mecánica (solo con atención atraída o sea sin atención dirigida) en la mente sensual –la que opera con los sentidos externos–, podemos decir que se tiene una cultura superficial por que solo atiende a los contenidos externos, emocionales, técnicos o estéticos, aunque puedan resonar por asociación otros valores del mundo interno.  

Cuando el mismo proceso de adquisición o visionado se hace con atención dirigida (no simplemente atraída como en el caso anterior) el esfuerzo hace que relacionemos los aspectos visibles con los contenidos propios de nuestro mundo interno, con lo abstracto, lo no palpable, las ideas, los juicios, las valoraciones, el recuerdo, etc.  Es obvio que   actuando así estaremos aplicando la facultad de la comprensión psicológica. 

En la vida es fácil que se den las dos comprensiones simultáneamente y depende del grado o capacidad para dirigir la atención predominara una u otra facultad.   


Todos los productos elaborados por la mente humana pueden contener —aunque no siempre es así— ‘significados’ psicológicos dirigidos a los diferentes niveles de comprensión, desde la comprensión psicológica más cercana a ‘lo literal’,  hasta la comprensión psicológica más elevada.   

Precisamente es la atención dirigida —no la simplemente atraída— hacia lo observable  lo que permite la comprensión psicológica de los significados que subyacen a la expresión:  sea filosofía, psicología, sociología, política o cualquier otra materia de las humanidades; sea literatura, teatro, danza, música, cine o cualquier otra forma de expresión artística.

miércoles, 9 de enero de 2013

Espontaneidad... la excusa del débil.

A menudo en nuestras relaciones humanas surge la cuestión de si fulanito/a es muy espontáneo/a o si mengano/a lo es menos. Implícito en ello va la asociación de espontaneidad con naturalidad, ingenuidad, simplicidad o franqueza como valores más cotizados que sus contrarios: la deliberación, el calculo, la premeditación, el artificio o la afectación. Por eso no es infrecuente que sin darnos cuenta transmitamos a nuestros hijos, con el ejemplo, con la forma o con la conversación, elementos que analizados a fondo considero controvertidos. Esta controversia es la que hoy traigo a colación en la tertulia.
Hay un marco general y otro particular que quiero delimitar como cuestión previa. Estos marcos hacen referencia a la cuestión histórico-social por la que me explico a mí mismo el valor que en nuestros días se le da esta expresión y otro es el marco especifico del significado de las palabras. A efectos prácticos empezaré por este ultimo. Una vez descritos y estructurados estos dos marcos pasaré a la controversia en si misma.

Usando el 'Diccionario de Sinónimos, Ideas afines y Contrarios' de Pey Ruiz, encontramos las siguientes relaciones:

-Espontáneo es igual a indeliberado, natural, instintivo, automático y maquinal. Su antónimo más común es deliberado. En segunda generación de sinonimia espontáneo se asimila con llano, franco y natural y se contrapone a afectado.

Mientras que consultando el 'Diccionario de Sinónimos' de Gili Gaya, hallamos las siguientes explicaciones:

-Espontáneo -a. adj. En ocasiones puede coincidir con indeliberado, automático y voluntario, pero estos, a su vez no implican necesariamente idea de espontaneidad. Así indeliberado significa que se da sin participación del entendimiento o del raciocinio: "su contestación fue espontánea..." Automático o maquinal da idea de proceso que se desarrolla de forma mecánica, sin intervención de la voluntad, pensamiento o deseo humanos: "hizo un movimiento espontáneo...". Voluntario en sentido de espontáneo, denota que se produce sin coacción: "su voto fue espontáneo...".

Después de este breve repaso podemos decir que cuando el término espontáneo se aplica al comportamiento humano, a su forma o a su fondo, a su expresión verbal o a su conducta, estamos usando un calificativo que precisa que aquello que se está produciendo o se ha producido es algo desinhibido, algo no modulado o condicionado por otras instancias, algo que tiene la calidad de ser directo, no mediado o intervenido por algún instrumento mental, herramienta analítica, conducta acordada, código o ley. Es algo que nos habla de las motivaciones y pulsiones internas, y más íntimas, del ser humano sin que estas pretendan ocultarse, transformarse o revestirse. En definitiva habla de una calidad de lo emitido que no se preocupa por amoldar su proyección a norma o convención alguna.

Pero veamos que razones hay que expliquen el alza de valor que experimentó en el tercio final del siglo pasado (nuestro siglo para la mayor parte de adultos), y en nuestro mundo occidental, la espontaneidad.

El siglo XX nace con la revolución industrial, grandes cambios en la forma externa de vida que no se acompañan con la misma rapidez en la forma interna. La educación, el primer y más importante filtro a la espontaneidad, es un valor que hasta bien entrado el siglo XX se refugiaba en las llamadas clases privilegiadas: nobleza, intelectuales y clérigos. La progresiva popularización de la educación es consecuencia de la revolución industrial, y como resultado de su extensión la que llamare humanidad global crece en las siguientes capacidades: de comprensión, de autocrítica y de generar respuestas no amoldadas a la corriente imperante. Veamos cómo y porqué. Usando el modelo analógico podemos asimilar la humanidad global a un ser humano. El primer tercio del siglo XX es la etapa todavía prepuberal de este ser, el tercio central de nuestro siglo occidental representa el despertar definitivo a su etapa adolescente en la que todavía nos encontramos; y de la que apenas se esboza en el final de siglo el parcial advenimiento de una etapa más adulta, más autoconsciente de la ruinosa realidad planetaria y social que hemos ido dejando. El despertar de una conciencia ecológica en el seno del primer mundo o también llamado mundo occidental, es la muestra evidente de esta naciente madurez de la que llamo nuestra humanidad global.

Los adultos que vivieron, decidieron y participaron las dos guerras mundiales del primer tercio de nuestro siglo, transmitieron una falsa moral justificadora de tanta muerte y devastación. Los miserables negocios de la guerra que esta falsa moral encubrió fueron quedando al descubierto por las generaciones subsiguientes que, al alcanzar sus mayorías de edad, se encontraron con un mundo educado pero falso al cual o ponían en evidencia, con la consiguiente perdida de privilegios, o aceptaban seguir encubriendo. La posguerra se extiende durante casi 20 años y aparece en escena una nueva generación: los que nacieron ya en plena recuperación económica. Una generación que llegaría al 68 con veinte años. Es el momento de la generación de la huida, de la psicodelia, de los hippies, de las comunas, del libertarismo y de la ruptura con el mundo heredado de unos adultos que habían crecido en la educación de la forma, sin que el decurso de sus propias vidas fuera ejemplo de lo que sus palabras proponían. Eran los hijos de unos padres demasiado ocupados en la reconstrucción del mundo de la postguerra para darse cuenta de que los valores que la educación transmitía no se decían con la forma de vivir que ellos mismos practicaban. Así fue como todo lo que procedía del mundo previo fue defenestrado en el 68. La imposición, los códigos, el corsé de la educación, las formas religiosas, las fórmulas de convivencia social. Todo. 

El libertarismo reactivo echó abajo las convenciones aceptadas. Se podía hacer todo, se podía enseñar todo. Todo era natural, por tanto todo era posible. La familia se fragmentó y se ensayaron fórmulas tribales y comunas colectivas. Los jóvenes se iban tempranamente de su casa. La estructura religiosa, puesta en duda por los intelectuales de más prestigio, tuvo que buscar apoyo en lo popular. En el 62, seis años antes de la eclosión de la crisis espiritual del sistema, el Vaticano II se volcó hacia el pueblo no instruido, si educado, el pueblo que no podía huir de las convenciones porque si no no comía. El rito se acercó al oficiante y su público, en lengua vernácula, para soslayar el desenganche de los intelectuales que habían estudiado latín y griego en las universidades paganas. Ni se podía, ni se intentó explicar que había hecho la Iglesia todo el tiempo previo a su acercamiento al pueblo. Para muchos esos 16 siglos de lapsus entre la Iglesia de los Primeros Cristianos, que se cierra con la secularización o mundanización de Constantino (s. IV) y el Vaticano II, era demasiado tiempo para hacer creíble, no el mensaje cristiano, sino a los que instrumentándolo habían vivido siglos a costa de él. Y es que todo acaba pasando factura, más tarde o más temprano.

En la década del 70 se consolida la creencia en la superioridad de la falta de tapujos, en la falta de freno a lo que se ha de decir, en el soltarse la melena, en el subirse las faldas y sacarse de encima los corsés impuestos, los sujetadores también. Es el momento en que el mass media se da cuenta de que lo que ha de vender en la generación que sube, los que en los 70 apenas empezaban a ser adolescentes, es la fabricación del ideal espontáneo. Un individuo que por su falta de autocontrol podrá ser víctima de los mensajes que interesen. Es la preparación para la primera generación nacida ya en plena era del consumismo. Con el valor en alza de la espontaneidad no habrá peligro en que los jóvenes puedan hacer caso de los cantos de sirena de quien les advierta de los peligros del adolescere (de la falta de algo). La no adquisición de ese algo en los momentos claves del despertar al mundo hace morir el interés por la autotransformación y predispone a una vida de mecánico discurrir, que aceptará sin deliberación, sin introspección, sin análisis, aquellos mensajes que el mass media diseñe para que sean tragados, aceptados o incorporados, solo mediatizados por la ensalzada espontaneidad. (Obviamente es mucho más fácil fabricar mensajes interesados que tan sólo deban de contar con el factor espontaneidad para pasar la barrera de la incorporación al individuo). Esos adolescentes se hacen adultos sólo por que adquieren la condición de ser independientes económicamente. Eso es lo que progresivamente cambia. Pero desde mi óptica el individuo así obtenido sigue siendo un adolescere, por que le falta algo, el algo que le permite distinguirse de lo natural, esa parte que cultivada (proceso plenamente humano que requiere de un "artificio" que nos contrapone a "lo natural") nos hace plenamente hombres y nos distingue de la inmediatez animal de las pulsiones, del sometimiento a los deseos del cuerpo, a los instintos y a las emociones que nos dominan.

En definitiva, pues, la espontaneidad nos habla de alguien que no experimenta vergüenza al permitir que surja de sí el acto, la conducta, la emoción, la palabra, la idea, sin filtro ni matiz, ya que de lo contrario, de experimentar vergüenza de sus pulsiones, intenciones, motivaciones, trataría de controlar o matizar las emanaciones de sí (o imagen de sí) que alcanza o se proyecta hacia los demás. Esto es así, y no admite ambigüedad, veamos si no la conocida expresión de 'tu espontaneidad te ha traicionado', tratando de ilustrar el hecho de que la indeliberación ha permitido que el individuo enseñara el plumero, quedaran en evidencia sus intenciones, o mostrara una parte de él que ordinariamente estaría a cubierto de la indiscreción ajena.

A estas alturas: ¿podemos seguir considerando a la espontaneidad una virtud? Yo creo que NO, en la acepción explicada. Pero la trampa esta servida ya que el término, como muchos, es polisémico, y, atendiendo a un rango de significación más elevado, en según que contextos se puede oponer a ficticio, artificioso o falso, por lo que aparentemente puede valorarse como algo engañosamente positivo. Esa es la excusa del débil. 

Acabo con algunas consideraciones sobre la educación.

Entre los muchos códigos que el hombre usa para relacionarse, el de la educación es el de más importante rendimiento. Las reglas de la educación son fundamentales para que se cumpla con éxito el proceso de adquisición de aquello que le falta al individuo para llegar a la etapa de adulto. El adolescente ha de dejar de adolescere en primer lugar gracias a la herramienta que le proporciona la educación. Esta primera herramienta no actúa transformando nada tan sólo le da tiempo para insertarse sin conflicto en un mundo con cuyo roce o contacto descubrirá sus propias limitaciones, sus inconcreciones, sus inconsecuencias y sus miserias personales, en fin empezará su autoconocimiento. Una vez en este punto, consciente de su fealdad (de otra forma no se llega nunca a percibir) interna o espiritual, podrá forjar las herramientas personales que le lleven al intento de ser. En esta etapa deberá, si la espontaneidad no se lo impide, de percibir que para SER diferente se ha de trabajar sobre el ser, y que para conseguir las cosas se han de diseñar estrategias de trabajo interno, difíciles, arduas, largas y en constante lucha con las pulsiones que afloran de la animalidad continuamente latente en cualquiera de nuestras proyecciones, sean palabras, actos, conductas o deseos. Si las concesiones a la espontaneidad no lo han impedido, con la repetición de los intentos se llega a la autopercepción de uno mismo, una visión las más de las veces angustiosa de la íntima realidad, lío y pobreza del ser, que no cabe remediar con el TENER, fuga que frecuentemente nos monta la espontaneidad para no enfrentarse con la difícil tarea de HACERSE HOMBRE. De forjarse a si mismo, de dar temple a la animalidad, que dejada a su espontánea evolución/maduración nos ha de llevar a una vida esclava de los deseos, de los instintos y en definitiva de las partes menos elevadas del ser humano.

Y acabo, esta vez definitivamente, diciendo que la educación en sí misma no es lo que importa, no es el tipo o clase de educación, o si las normas son o no son las adecuadas. Es, más allá del contenido, la excusa de la educación lo que interesa. Es precisamente la excelencia en el cumplimiento de una norma que nos encontramos delante, que aceptamos aunque pudiéramos -en nuestra pequeña/gran soberbia- considerar obsoleta. Es en definitiva lo de siempre. Aquello a lo que siempre me acabo remitiendo (los que me conocen saben que es un elemento que no podía estar ausente en esta reflexión). Se trata de aceptar las cosas con las que nos topamos en la Vida para que ciñéndonos a ellas nos transformen. Esa es mi personal lectura del "dejar que se haga Su Voluntad en mi". El esfuerzo por la excelencia de su cumplimiento es lo que transformara nuestro ser. De ahí la importancia del asumir la historia personal, de aceptar los papeles que la vida azarosamente nos va asignando. De ahí la consideración de campo de trabajo, campo de forja, que le doy a la existencia, a la Vida.

Espero que a partir de hoy la espontaneidad entre nosotros ocupe el lugar que merece. Y dejemos que la educación más exquisita presida nuestras relaciones humanas.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Educar en el caos? Una reflexion


Hay algo mas difícil que coger a un psicólogo con el paso cambiado?
Durante meses me repetía la pregunta solicitando una respuesta a la inspiración.   Un buen día, mientras subía en el ascensor, se abrió hasta mi la respuesta como si toda la vida hubiera estado ahí.  Era como llegar al 4º piso cuando lo habitual era bajar en el 3º donde tengo el despacho...
Si había algo más difícil que cogerles con el paso cambiado  era intentar convencerles de ello.   Efectivamente.  Psiquiatras, psicólogos y en general los trabajadores de la mente como yo les llamo coloquialmente, despiertan entre el resto de mortales ciertos ecos o reminiscencias que nos retrotraen a la imagen del brujo-adivino o chaman de la tribu ancestral.   Cierto temor reverencial ante sus explicaciones, advertencias agoristicas o sus, a menudo, inquietantes deducciones es el sentir que preside su contacto.  Quien  se encontrará libre de culpa edípica, de celos no reconocidos, de afán de venganza sublimado o de amor compulsivo por una frustración vivida en la escuela primaria? Ante estas posibilidades siempre nos cabe discutir, con nuestro propio verbo,  la supremacía del criterio seguido para llegar a esas proyecciones... pero al hacerlo nos arriesgamos a ser señalados como el peor de los afectados.  Resistirse es, lo sabemos, provocar sus iras, convocar al conjunto de males con el que ampliamente han pintado y descrito, pormenorizado y justificado, las razones ocultas que han movido nuestras vidas hasta el día en que los conocimos... O doblamos el espinazo, y aceptamos esa superioridad que nos infligen sin desearlo personalmente ninguno... o nos arriesgamos a caer en el caos...

De esto vamos.  De educación fractal y caótica, del efecto mariposa y del vórtice, de las escalas dentro de escalas… en fin de una compleja y nueva dimensión que escapa a la racionalización analítica, a la psicoanalítica, a la empiría, al conductismo, a la metodológica, a las reglas … siempre que no sean las que imperan en el caos.  Se trata, en definitiva, de aplicar la teoría del caos a la educación y acabar asi con una visión del desarrollo psicológico demasiado limitada por la consabida ley de la causa-efecto y presidida por los análisis de todo tipo a los que tan aficionada se ha vuelto nuestra sociedad humana en los últimos decenios.

Es cierto que uno no puede escapar a lo que es. Pero...cuando empieza a ser uno lo que dice que es?
Si uno de nosotros elige pareja y decide iniciar una vida en común todavía no es padre, aunque proyecte serlo.  Es cuando decide tener descendencia cuando inicia el camino de ser padre. Pero el ser del padre no nos permea de inmediato, no somos padres de la noche a la mañana con la llegada del primer hijo.  Seremos progresivamente padres como somos progresivamente personas y no acabaremos nunca de ser totalmente ni una cosa ni la otra hasta que la parca se nos lleve por delante.  Ser persona, como ser padre, no es un estado definitivo, es algo que fluye y evoluciona.  El agua de un río no es el río.  Ni lo es la surgencia que le da lugar, ni los arroyuelos que traerán el agua de mil lugares para juntarse en una torrentera, ni lo son los torrentes que se transformarán en riachuelos, ni lo serán los rápidos por los que descenderá veloz el agua por las gargantas.  El río será río cuando lo veamos morir en el mar. Solo adquiere esencia definitiva perdiéndola en otra dimensión mayor.  Es río en su conjunto pero sobre todo en su desarrollo.  No podemos tomar una parte por el todo ni perder de vista que ‘el río’ será aquello que determine el discurrir desde que este nace hasta que acaba. 

Una vez  la madre de un niño me preguntó en la consulta si  era una buena madre y le contesté que eso se lo tenia que preguntar a sus nietos.  Su rol de madre solo acababa de empezar y ya quería un juicio de valor sobre su capacidad.  Es como preguntarle al arroyo que superficie de regadío alimentará el río poco antes de llegar a su desembocadura.  No es posible saberlo.  La bondad del río se conocerá cuando su esencia se complete.  Por eso los que prejuzgan la conducta ajena basándose en la descripción de lo sucedido,  y con ello anticipando el valor de la esencia del ser padre,  cometen un error de apreciación que, introducido en la corriente de la vida, puede tener efectos impredecibles y responsabilidades que a largo plazo nadie se prestará a reconocer como propias.  En aquella ocasión se trataba de una madre separada, atormentada por la culpa y la carga que sobre sus hombros había depositado quizás algún psicólogo infantil que tomaba las partes por el todo...

Cuando llevas muchos años al otro lado de la mesa empiezas a vislumbrar certezas que no se analizan por mucha teoría que nos enseñen.   No es tan importante el consejo en sí que damos a quien nos  lo pide.  Si lo es aquello en lo que lo envolvemos cuando lo proyectamos desde nuestra mente hacia la comprensión del otro.  A la gente no la ayudamos aunque a menudo creamos lo contrario.  Lo que hacemos, cuando somos de ayuda, es escuchar y dejar que se nos acerquen.  Si comunicamos bien no importa demasiado lo que dices.  Cualquier banalidad es buena para apagar la tremenda sed de ser escuchado que a menudo tienen todos ellos.  Abandonarse al caos de la relación verbal es lo que hacen las comadres, los amigos que charlan por charlar,  los cotilleos entre compañeros del trabajo, los novios cuando devanean.  Todas estas formas de relación verbal  tienen en común una ausencia de guión establecido: es el azar quien encadena discursos y palabrería.  En todas esas relaciones verbales caóticas puede o no vincularse afecto, pasión, desamor, egoísmo, vanidad,  desprecio o interés.  Esa es la materia que contará.  No el contenido de las palabras.   Aquella madre recordará el interés que pusimos al escuchar su relato.  Seguramente olvidará todo lo que no puede hacer y nosotros sugerimos que hiciera.  Al final cada uno de nosotros acaba haciendo solo aquello que podía hacer.  No lo que se había, o le habían, propuesto que hiciera.  Saber ceder, en un momento dado,  a nuestra pulsión intelectualizadora (la que nos llevaría a los análisis) y  abandonarse con arte al caos de la relación verbal es un ejercicio  útil.

Con la edad y la experiencia podría aumentar nuestra capacidad para ser cariñosamente caóticos en nuestra relación verbal con los pacientes.  Para ello precisamos una experiencia del tiempo que sea gratificante.  Cuando vivimos en un cierto grado de apremio permanente no es posible.  La vivencia gratificante del tiempo es como el abono que precisa nuestra tierra para que florezca un trato presidido por el caos.  Un caos que, como el caos del universo, tiene sus propias leyes, su dinámica de arrastre y que siempre, siempre que lo respetemos, nos acaba sorprendiendo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Las 5 cosas que nos vampirizan...


Nos vampiriza todo aquello que nos roba la energía que necesitamos para evolucionar... 

1. Las personalidades que necesitan quejarse constantemente, que a menudo te necesitan para volcar sobre ti sus problemas, sus cuitas y sobre todo los juicios sobre los demás para asegurarse de que compartes su punto de vista… aléjate de ellas.  Aunque sean buenas personas y bienintencionadas también son tóxicas.  No puedes hacer nada por ellas.

2. No aceptar que ciertas cosas no se pueden cambiar.  Si no aceptas, si resistes, entras en discusión, en lucha y pierdes mucha energía.  Aceptar no es resignarse,  aceptar es entender que cuando algo no está en nuestra mano cambiarlo es mejor cambiar nuestro punto de vista para no perder ni tiempo ni energía intentando un cambio imposible.

3. El desorden y la acumulación.  A todos nos gusta el orden, pero no siempre conseguimos tenerlo de una forma eficaz.  Cuando acumulamos más de lo necesario cada vez se hace más difícil controlar el orden, y el desorden, (aunque no sea visible estéticamente) nos desgasta y nos hace perder tiempo.  Cuando el desorden lo escondemos en la apariencia de una estética determinada o en el guardar recuerdos para el futuro, creamos un problema añadido:  engañarnos a nosotros mismos, además de perder energía cuando necesitamos encontrar algo en la enormidad de lo acaparado...

4. El no perdonar y el rencor.   Perdonar es dejar ir la culpa que tú atribuyes al otro. El rencor es la consecuencia del perdón aplazado, no asumido.   Sino juzgáramos a los demás no tendríamos necesidad de perdonar por que no trataríamos con una culpa de nadie.  De la misma manera que aceptamos el accidente y no juzgamos a la naturaleza si inunda nuestro jardín, deberíamos aceptar sin juicio los daños que otros nos infligen.  Si no les juzgamos no necesitamos perdonar, cómo no necesitamos perdonar a las nubes por descargar un aguacero.   Pero es humano reaccionar primariamente contra el que nos perjudica. Después, cuando nos serenamos, podemos dar paso al perdón.  Así liberamos la tensión y ahorramos la energía que nos consumiría a través  del rencor.  

5. La charla innecesaria y los Cosos.  Ser dueño de mis silencios y no esclavo de mis palabras es un dicho difícil de cumplir.  A menudo hablamos más de la cuenta y eso nos crea problemas. La charla inconsistente y banal es difícil que respete las reglas del “no hablar de otros aquello que no podríamos decir si estuvieran presentes”.  Al no respetar esta norma mostramos en primer lugar que no cumplimos con no juzgar a los demás, y en segundo lugar creamos un rol mental que se delatará cuando estemos en presencia de aquel de quien hablamos.  Por otro lado los Cosos (comentarios sobrantes), son fuente de conflicto que no añaden valor a la conversación y que a menudo negativizan el proceso de comunicación con el otro.   Si un comentario no tiene que aportar algo positivo a la conversación, es mejor obviarlo, no hacerlo, guardarlo para sí.  A menudo los Cosos son quejas, criticas y valoraciones parciales o subjetivas que pretendemos sean validas, objetivas y universales cuando en realidad solo parten de nuestra propia subjetividad.  Al no hacerlos ahorramos la energía que supone la discusión o incidente que puede causar en el receptor.  Los Cosos también pueden ser en origen verdades objetivas, pero adquieren calidad de sobrantes cuando la causa-efecto ya no tiene vuelta atrás.  Por ejemplo:  alguien se deja la luz encendida inadvertidamente (por que no lo ha hecho a propósito) comentar algo negativo al respecto, aunque objetivamente sea real la apreciación, no evitará el gasto de luz ni evitará que pueda ocurrir en otra ocasión,  Por contra si el comentario no es negativo, deja de ser un Coso, y puede servir para que el receptor del comentario preste más atención en otra ocasión.

sábado, 13 de octubre de 2012

Educar es aprender a poner limites a quien se educa...

                         



















Aunque pueda resultar más fácil o cómodo decir Sí a todo aquello que piden los hijos, el NO es conveniente y necesario para enseñarles a incorporar la obediencia a unas normas y para aprender, nosotros como padres, a transmitir una disciplina que nuestros hijos deben experimentar a dosis progresivas desde pequeños para que aprendan a ser responsables de sus actos el día de mañana.  

Durante los primeros meses de la vida el NO es un modo de protegerlos y darles seguridad, ya que los bebés, llevados por su curiosidad, comienzan muy pronto a explorar su entorno y ese afán aventurero suele llevarles, a menudo, a situaciones peligrosas: tocar un enchufe, asomarse a unas escaleras, tocar una estufa... En este momento no entienden las consecuencias de sus acciones y se olvidan de nuestras advertencias.  Por eso no podemos hacer otra cosa que repetir nuestras prohibiciones con paciencia y firmeza.  Estos primeros meses también nos ayudan a ver nuestra propia capacidad, el tamaño de nuestra paciencia, nuestro mucho o poco aguante,  como afecta esta cuestión a nuestra relación de pareja y como esas pequeñas trifulcas afectan a la convivencia familiar.  La carrera de obstáculos apenas acaba de comenzar y hemos de evaluar nuestra realidad enfrentada al problema.  Ahora ya no es lo que imaginábamos o lo que nos contaban. Ahora es nuestro problema concreto como padres que tratan de asumir su papel.  

Entre los 2 y 3 años los niños ya son capaces de diferenciar entre lo que es posible y lo que está prohibido. Y con la adquisición del lenguaje comprensivo, entre los 3 y 4 años, están preparados para entender los motivos de los riesgos y los peligros, por eso hay que explicarles de forma simple las razones de nuestras prohibiciones.  De esta edad en adelante el modelo se irá repitiendo en una escala progresiva.  Básicamente seguirá el mismo principio de marcar limites pero con razonamientos cada vez más complejos. 
Aunque a veces sea difícil encontrar el término medio entre dejarles hacer y prohibir, lo más importante es ser coherente y mantener la decisión con los razonamientos más convenientes para cada ocasión. Hay que tener en cuenta que:

Ser responsable es ser capaz de dar respuestas correctas a la labor, papel o rol que decidimos asumir.  Si no nos vemos capacitados podemos tomar dos caminos:  prepararnos con esfuerzo para ello o renunciar a nuestro papel si todavía estamos a tiempo.  

Educar no es una ciencia exacta y tiene mucho de arte.  Como todo arte tiene una parte de técnica que es posible aprender, practicar y mejorar, pero también tiene unos aspectos que escapan a la racionalización y dependen de la intuición, de la mano izquierda, de la empatía personal y de ciertas destrezas que no se aprenden.  Por ello la capacidad para educar es entrenable en algunas personas e innata en otras. 

En general los padres no se preparan para educar, y si lo hacen es peligroso que confundan el papel de padre con el papel de educador.  Un padre/madre cuando educa no puede olvidar que fundamentalmente es padre/madre y no un pedagogo o maestro más en la vida del niño.  
Educar siempre es limitar.   A diferencia de un maestro, cuando un padre pone límites a su hijo también por lo general se limita a sí mismo, a su familia o a una parte de ambos.  El autocontrol necesario para educar es la autolimitación que nos exigimos para ser buenos padres. 
Imponer límites es una tarea difícil y lenta, pero importantísima para conseguir que los niños lleguen a ser personas responsables. Si dentro de la vida familiar todo vale y todo está permitido, los pequeños tendrán más dificultades para asumir las normas que van a encontrarse en la escuela (y en la vida) a medida que crezcan.

Muchos problemas de disciplina se pueden evitar si desde pequeños escuchan un NO en el momento necesario.  Cuando la ira, el enfado o la contrariedad dictan nuestro NO es que la situación ha superado nuestra capacidad para manejarla con afecto.  El NO útil ha de ir acompañado de un mensaje no verbal de comprensión de la molestia o disgusto que causa en la terquedad infantil o en los deseos contrariados del niño.  Es un NO acompañado mentalmente de un LO SIENTO (realmente sentido)... PERO ES POR TU BIEN. 

Es preferible que el establecimiento de estas normas se haga desde el respeto, el razonamiento y la tolerancia que desde la fuerza, explicando siempre los motivos que tenemos para tomar una decisión.  Si, a pesar de intentarlo, los razonamientos no convencen siempre nos queda la posibilidad de tomar decisiones basándonos simplemente en nuestra autoridad de padres.  Este procedimiento siempre debe de ser una excepción.  Cuando se convierte en norma estamos delante de un abuso.
Los niños aprenden observando nuestras actitudes, valores y comportamientos y, por lo tanto, éstos deben estar en consonancia con nuestras palabras y explicaciones.  Hay que asumir que es lógico cometer algunos errores ya que muchas veces un NO responde más al estado de ánimo de los padres o a sus propios temores más que a la situación concreta que se está sancionando. En estos casos, los niños pueden darse cuenta del error y cuestionar esta decisión. Conviene hablar con ellos y enseñarles que los padres también pueden equivocarse y, si es necesario, disculparse asumiendo la equivocación.    Cuando esta situación es excepcional es también una forma de enseñarles, con nuestro ejemplo, a rectificar.  Cuando la falta de autocontrol de los adultos es habitual estamos delante de padres y/o educadores  irresponsables. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Benvingut/da a una casa nova







PUNTS CARDINALS PER UNA NOVA CASA

EL NORD:  LA TOLERANCIA
EL SUR:     L’ORDRE
L’ EST:      LA GENEROSITAT
L’ OEST:    EL PERDÓ







BENVINGUDA SIGA LA TOLERANCIA
Si ets tolerant els altres ho seran amb tu.  Si no es aixi, la convivencia es torna un “toma I daca”, un:  ara esperaré que tu fallis per tornar-te-la...
A certa edat no es possible canviar la manera de fer... no pots educar sempre a tots el que no fan exactament el que tu voldries... i de la manerta que tu voldries.
Posa normes (si creus que certes coses ho necessityen), si,  i confia en que els altres intentaran respectar-les, pero quan no ho facin, no els hi tinguis en compte, no ho fan per que no vulguin si no per que no en savem més o no han tingut prou atenció en aquell moment... segur que no ho amb fet amb la intenció de fastigaixar-te.   Em de ser com la nit, que tot ho tapa,  quan advertim un error o una flaquesa en els altres...

BENVINGUT SIGUI L’ORDRE
Quan les coses son al seu lloc es més facil trobar-les i perdem menys energia en recuperar-les quan fan falta.
L’ordre a l’habitatge no es arbitrari ni cosa de més de una persona.  Ha de haber un lideratge en la forma de establir un ordre.    Sino cada qual tindria una forma diferent de establir-ho. 
Els efectes personals son altre cosa.  Cada qual l’estableix el seu i es posa fites per crear uns habits que el facin facil recordar on deixa les coses o guarda les coses.
Quan un ordre domestic es establert cal respectar-lo i posar interés en fer-te’l teu.

BENVINGUDA SIGUI LA GENEROSITAT
Sempre es pot ser més generós.  La generositat és a la base de totes les accions positives que ens representen.  Som el que fem, no el que només mostrem o diem.  I si les accions que emprenem son generoses els nostres actes seran positius i mereixerant respecte.   Quan mes generos siguis mes rebrás el reconeixement dels altres en forma de generositat reciproca.  Como diu Rumi, el poeta sufí, quan siguis generos, sigues com un riu desbordat...

BENVINGUT SIGUI EL PERDO
Perdonar es deixar que la culpa passi de llarg.  Perdonar es no creure que hi ha un culpable del perjudici que has sofert.   De la mateixa manera que no cal perdonar a la pluja excesiva quan et fa malbé un jardi, per que no la culpes, no cal CULPAR a qui et crea un problema o et perjudica.    El causant del mal que tu pateixes pot estar influit per moltes raons que no el fan responsable.


Venim de la tolerancia dels nostres avantpassats que varen fer possible succesivament la existencia de una genealogia, som fruit del ordre que varen establir les nostres families cada qual a la seva manera, som el resultat de la generositat dels nostres pares i caminem cap a l’experiencia del perdó amb els nostres fills.

lunes, 27 de agosto de 2012

La función de la personalidad: el desarrollo del Individuo


La personalidad es la cáscara que protege la esencia del Ser.  La máscara tras la cual se esconde el ser que somos.  La parte del ser que solo aparentamos, nuestra personalidad, puede estar más o menos estructurada, organizada alrededor de un reconocimiento egoico, y la fortaleza de esta construcción yoica depende del desarrollo que ha tenido en los primeros años de vida.  En algún momento de nuestra biografía aparece en la conciencia del “yo soy” la duda de quien o qué somos.  Ese puede ser el inicio de un despertar que, si somos capaces de hacerlo, nos conduzca al  desarrollo del Ser que somos y no al que aparentamos. Al Ser que hemos olvidado que somos. 

Pero empecemos por el principio.

Al nacer no tomamos conciencia de nuestra existencia hasta que no podemos tener la noción de “quien soy”.  El nacimiento es un trauma por el que todos pasamos necesariamente.  

De pronto nuestra imprecisa existencia, sin conciencia exacta de qué o quien somos, se ve perturbada por un cambio brutal del medio de vida.  Nos hemos de asfixiar, dejando de respirar el líquido amniótico, para abruptamente pasar al medio aéreo y aspirar la primera bocanada de aire que oxigenará nuestro sistema pulmonar.  El trauma del paso por el canal vaginal, una enorme presión a la que somos sometidos, escurre todo el líquido pulmonar que hasta ahora inundaba los pulmones.  Los alveolos pulmonares se desplegarán unos instantes más tarde con la primera aspiración y descubrirán que están diseñados para usar el medio aéreo en la obtención de oxigeno.  Durante la gestación la sangre no pasaba por los pulmones, estos simplemente estaban llenos de líquido amniótico, el líquido en el que flotamos durante nueve meses.  La oxigenación de nuestro organismo la recibíamos del torrente sanguíneo materno que, a través de la placenta, nos cedía el oxigeno y los nutrientes que necesitamos durante el embarazo para crecer y desarrollarnos.  En el momento del nacimiento, la circulación sanguínea sufre un colapso a nivel umbilical para desencadenar la circulación a través de los pulmones. El corazón y los grandes vasos sanguíneos sufren cambios, cierre del conducto arterioso y del foramen oval, que permiten el inicio de la circulación sanguínea pulmonar. A partir de este momento recibimos la oxigenación del intercambio aéreo alveolar pulmonar y dejamos de depender de la circulación placentaria materna.   

Todos estos grandes y traumáticos cambios suceden en pocos minutos.  Hemos visto la luz. Nos han alumbrado.  El receptáculo del Ser, el cuerpo físico del recién nacido, deberá sobrevivir al trauma del parto.  Lo normal es que así sea.  Seguirán tiempos difíciles para el cuerpo físico, un aprendizaje lento de adaptación al nuevo medio. El Ser, sin saber todavía que es, adquiere tempranamente conciencia de su vulnerabilidad y encarga al cuerpo físico su defensa.  El recién nacido manifiesta pronto su temperamento innato, algo que la herencia genética ha incrustado en el individuo como si fueran los instrumentos mínimos para sobrevivir, como un equipaje de emergencia que viene de serie.   Ese temperamento marcará sus primeros intercambios con el medio, con el mundo, con los otros individuos.  Descubrirá que para reclamar sus necesidades ha de expresarse.  Y se expresará según le dicte su temperamento.  Su temperamento marcará los intercambios con sus cuidadores y descubrirá que puede acercarse o alejarse de las condiciones ideales en las que creció en el seno materno: confort, abrazo, arrullo, caricia, sonidos dulces… e intentará que se mantengan o reproduzcan y se quejará cuando se le nieguen.  El medio no le dejará buscar siempre ese confort y aprenderá a conformarse con más o menos tolerancia según sea su temperamento.  

En esta primera fase de su infancia todavía no está claro quien es.  Necesita que la madre le separe del todo, que sea posible reconocerse como aislado, como individuo único y no como parte de algo.  El parto físico no siempre va acompañado de un parto psicológico, lo normal es que haya un retraso en el parto psicológico y que este se produzca pasado un tiempo del nacimiento físico.  Depende de la personalidad materna que este retraso sea más o menos largo. 
Pero más tarde o más temprano será posible reconocerse como individuo y nominarse.  El ambiente, el entorno, le nominará tan repetidamente que acabará reconociéndose como algo separado de su madre. Ese es su nacimiento psicológico.  Por fin es alguien.  Sin embargo su esencia sabe eso desde siempre, pero no existe manifestación real de su esencia pues primero  necesita crecer y desarrollarse, ahora solo esta en fase embrionaria y no puede actuar per se, es por ello que el ser indefenso que ha nacido fisicamente primero y psicológicamente después, necesita proteger al ser que lleva consigo.  Esa es la razón de ser de la máscara, de la personalidad que trata de preservar, ocultar, a la esencia.  

Durante el resto de su vida, la personalidad ira enriqueciéndose, formándose primero un carácter sobre la base del temperamento y en función de la suma de normas, reglas e imposiciones culturales gravadas sobre las experiencias que se van sucediendo y modelando conductas, creando mecanismos de respuesta automatizados que crearan un patrón por el que seremos conocidos.  Todo ello conformará finalmente una personalidad más o menos rica, más o menos estructurada y mas o menos cristalizada e invariable.  

Aunque el mecanismo esté diseñado inicialmente como una forma de protección del “yo soy” esencial, del sentimiento egoico, con el paso del tiempo el “yo soy” se identifica con la personalidad olvidando que se es un personaje, que somos provisionalmente una dualidad, confundiendo personaje y actor, y en consecuencia haciendo que las posibilidades de que la máscara creada, la personalidad que oculta al ser, acabe cayendo y desvelando a la esencia, sean mínimas.  Lo habitual es que la máscara acapare el protagonismo del ser y la esencia quede olvidada, como una semilla que no llega nunca a germinar.  Ese es el destino habitual del ser humano.  Convertirse en un individuo.  Un actor que acaba identificado con su personaje.    

Diccionario General Etimológico de Roque Barcia (edición 1883). “Dícese del adjetivo Individuo: aquello que no se puede separar ni dividir, en cuya acepción es sinónimo de indiviso.”  

Cuando por las razones que sean nos replanteamos nuestra existencia y aparece la duda de “quien soy” se abre una puerta a un camino que, de recorrerlo, nos llevará de vuelta a la dualidad, si éramos indivisos, ya no lo volveremos a ser.  Dejaremos el estado de individuo para iniciar un camino difícil hacia el crecimiento del Ser.   Pero esta es otra historia. 


lunes, 23 de julio de 2012

Personalidad: definiendo términos y aclarando conceptos



A menudo, tanto en el lenguaje coloquial como en el lenguaje profundo en el seno de diálogos o discusiones, usamos términos o conceptos como el de personalidad, temperamento, carácter, rasgo, conductas… y no siempre nos estamos refiriendo correctamente a sus contenidos.   No es extraño, pues son conceptos muy debatidos que incluso el academicismo psicológico no aclara, o simplemente deja que las diferentes corrientes de interpretación de la psique humana muestren sus diferencias en la conceptuación terminológica y semántica.   

Como seguidor de la cosmo-visión Gurdjieffiana me he visto en la necesidad de precisar estos términos para poder debatir con otros interesados en el Desarrollo Humano sobre una base conceptual común.  Fruto de este esfuerzo es el presente trabajo. 

Dice el Diccionario General Etimológico de Roque Barcia (edición 1883) que Persona:  “en su origen latino es una voz compuesta del prefijo Per, en su connotación superlativa, y sonus, son o sonido.  Personus, a, um, significó lo que suena mucho o retumba.  Facies persona o persona solo, sustantivo, significó máscara o cara que mete mucho ruido, enseguida derivó y significó al individuo que portaba la mascara; y por ultimo se extendió a significar a todo individuo en general, llevase o no la máscara.  Este es el significado único que se ha transmitido a las lenguas neolatinas”.   

Nos interesa destacar esta definición pues así se comprende mejor el significado profundo de esa relación especial entre Ser y Persona.  La mascara de la persona, la personalidad, es lo que oculta al verdadero Ser.  

La personalidad es el conjunto de características  que permite a los individuos apreciarse como distintos unos de otros.  Esas “ características ” son el conjunto de emociones, pensamientos y conductas que conforman el patrón de comportamiento propio de una persona.   

El carácter y el temperamento son dimensiones de la personalidad.

El temperamento es la base constitucional biológica, es aquella parte innata de nuestra personalidad determinada por nuestra herencia genética.  Es el factor de nuestra personalidad que antes se pone de manifiesto y nos caracteriza.  En los bebes ya es posible distinguir diferentes tipos de temperamento.  Al ser de origen genético el temperamento es difícilmente modificable, o manipulable.  Es una tendencia que existirá siempre aun cuando se puedan desarrollar recursos que inhiban o potencien la manifestación básica anclada en lo genético.  

El carácter es de origen cultural y acabará siendo el reflejo de nuestras experiencias, de como las hemos procesado y enfrentado desde la niñez.  Es el componente de la personalidad que se desarrolla sobre el temperamento y el conjunto de hábitos educativos y de relación que han sido aprendidos por la persona.  El carácter es fundamentalmente adaptativo, es la manera como nuestro self, nuestro yo, ha evolucionado para adaptarse al medio con las condiciones innatas con las que cuenta o sea con la base temperamental que ha heredado.  Es por ello que a pesar de tener los mismos patrones educativos los individuos tienen caracteres diferentes.  El carácter, tiene origen cultural pero no hemos de olvidar que se desarrolla sobre una base constitucional genéticamente diferente en cada individuo. 

Nacemos siendo objetos.  Debemos aprender a ser sujetos y adquirimos esa conciencia de separación cuando nuestra madre nos suelta.  La forma como enfrentaremos el mundo determinará nuestro carácter, nuestro estilo de vida.  Cuando la lucha entre los impulsos instintivos y la presión de la realidad no se resuelve favorablemente construyendo mecanismos que pongan a salvo al yo (respuestas adaptativas positivas)  la integración de la personalidad no se produce y aparece la neurosis.  En estos casos las diferentes partes de la personalidad no han resuelto sus conflictos y no hay una autoimagen de “yo soy” correcta.  Para algunos estudiosos el propio carácter seria un síntoma de neurosis, pero de una neurosis integrada en la personalidad.  La mayor parte de las escuelas psicológicas prefieren no considerarlo así y reservar el término neurosis para un estado más extremo de incomodidad frente al mundo.  

Por tanto sabemos que durante una parte de la vida se produce un estado de incapacidad para que nuestro yo se adapte al medio, es en ese momento que creamos, buscamos y resolvemos las estrategias  adaptativas que de ser exitosas constituirían un determinado carácter:  el que mejor se puede obtener en cada caso y con el terreno constitucional concreto con el que estamos dotados.  Cuando este proceso fracasa se acaba produciendo lo que conocemos generalmente como neurosis, en grado variable.